Siete viajes a la infancia

Paula Muñoz//

Alegría, rabia, lágrimas, risa, miedo, valentía, ilusión. Las siete emociones del séptimo arte. Y Chaplin, de la mano de una niña pequeña, invitándonos a entrar. ‘Cine y emociones. Un viaje a la infancia’ es el nombre de la exposición que, desde el pasado 15 de febrero y hasta el próximo 13 de mayo, se ubica en el CaixaForum de Zaragoza. Obra Social “la Caixa” y La Cinémathèque française pretendían una muestra concebida como un viaje a la niñez. Un viaje para todos los públicos. Un viaje emocional que nos invita a ser testigos de cómo el cine ha recogido la infancia a lo largo de sus más de cien años de historia y que, además, nos lleva a experimentar sentimientos tal y como lo hacemos durante nuestros primeros momentos de vida.

Mirar, callar y sentir. Es la lección que todos deberíamos llevar aprendida antes de entrar en una sala de cine. Los niños son los que más rápido lo entienden. Durante el tiempo que nos sentamos ante la pantalla, consideramos “real” todo lo que vemos. Inmersos en una película, nos identificamos con personajes cuya alegría, tristeza o rabia hacemos nuestra. Lo que aparece en esa gran pantalla se vuelve verdad e invade toda una sala, convirtiendo también en realidad nuestros sentimientos.

La exposición se divide en siete secciones o emociones. Cada una gira en torno a un vídeo con fragmentos de películas, que representan una determinada emoción. Se ayudan también de otros materiales de creación cinematográfica: dibujos, story-boards, fotografías de rodaje, carteles, maquetas, vestuario y varios objetos de las colecciones de La Cinémathèque française.

Al entrar, ver a Mowgli y Baloo bailando en un plasma grande rodeado de pequeñas butacas hace que te entren ganas de sentarte en una de ellas y quedarte ahí toda la tarde. Imágenes míticas de películas, como la de Charlie con su abuelito Joe visitando la enigmática fábrica de chocolate de Willy Wonka o la del entrañable Manolito Gafotas haciendo de peluquero para su hermano pequeño rodean la sección de la alegría. Las películas de esta sección muestran el afán de los niños de aprender y de vivir, la capacidad de disfrutar del aquí y del ahora. Una virtud que con el paso del tiempo olvidamos: es entonces cuando confiamos en el cine para que la alegría infantil nos contagie y nos empuje.

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Pero en la infancia no todo es felicidad. Cuando somos niños, muchas veces nos rebelamos ante los mayores que –para cuidarnos- ponen ciertos límites a nuestra alegría y a nuestra libertad. Límites que concebimos como verdaderas injusticias, con mucha más intensidad que en cualquier época de la vida. El cartel de la película ‘La lengua de las mariposas’, con su protagonista muy enfadado y a punto de lanzar una piedra, acompaña al texto que presenta esta sección: la rabia.

La siguiente sala es la de la tristeza. En el cartel que invita a su entrada aparece la palabra “Lágrimas”. Aquí las pantallas son individuales, cada una con sus propios auriculares. La tristeza parece requerir un acto de soledad. Al fondo, la fotografía de ‘El ladrón de bicicletas’ decora toda una pared y nos sirve de escenario, haciéndonos sentir dentro de la propia imagen. No podía faltar el enorme cartel de la película ‘El bola’, galardonada con cuatro Premios Goya, con la tristeza del rostro de un niño maltratado por su padre en primer plano.

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Para salir de este universo de dolor, basta con cruzar unas cortinas rojas, que van a parar a otro gran plasma con pequeñas sillitas alrededor. En él, Mike, Sulley y Boo, correteando por la fábrica de Monstruos S.A., abren el siguiente espacio y consiguen sacarnos una sonrisa. Se trata de la sección de la risa. Risa que, por unos instantes, te impide ver lo que te espera detrás: un King Kong gigante que puede pegarte un buen susto.

Es el momento de adentrarnos en el miedo. El miedo en la infancia es difícil de sobrellevar. Cuando somos niños, tenemos la sensación de que puede ocurrirnos lo peor, incluso con la amenaza más insignificante. Carteles de escenas terroríficas y una sucesión de fragmentos de películas nos esperan en esta parte del viaje. Desde el primer encuentro de Harry y Voldemort hasta el último de Connor con el Monstruo que iba a verle. Películas que de niño te espantabanahora te atrapan y no te dejan salir de esta sección.

Frente al miedo, el valor. Crecemos y, aunque muchas veces seguimos sintiendo temor, la inocencia de nuestra niñez se va convirtiendo poco a poco en valentía. La misma valentía que el joven Potter derrochaba y demostraba conforme se iba haciendo mayor. La Nimbus 2000, la mítica escoba de este mítico mago, es probablemente uno de los objetos más sorprendentes de la exposición. Y, en frente de esta, se encuentra otro de ellos: el mismísimo vestido de ‘Piel de asno’.Imagen 4

Entre las salas de la valentía y la ilusión se encuentra otro espacio, dedicado exclusivamente a las visitas grupales de familias. Hoy permanece silencioso, pero los próximos sábados se llenará de gritos y risas. Juegos, una ruleta de los sentimientos y una mini sala de cine para niños forman este pequeño cuartito que reúne las siete emociones de toda la exposición en un solo lugar.

Para acabar este viaje a la infancia damos paso a la sección de la ‘Ilusión’. La ilusión de Cenicienta al probarse su zapato de cristal, la de Peter Pan por seguir siendo un niño, la de entrar al cine a ver una película que puede -o no- acabar convirtiéndose en tu favorita. Después de esta visita al Caixaforum, todas estas emociones se han transformado en nostalgia, en unas ganas locas de regresar a la infancia, aunque solo sea para pasar un rato en una sala de esas que hacen magia.

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