Un año de confinamiento, pastillas y Whoopi Goldberg

Martín Cantalapiedra//

La escritora estadounidense Ottessa Moshfegh saltó a la fama en 2014 con su relato McGlue, que ya le vaticinaba como una de las grandes voces de su generación. En 2015 publicó su primera novela, Mi nombre era Eileen, ganadora del Premio PEN/Hemingway al mejor debut literario en 2016.

En 2018 publica su segunda novela, Mi año de descanso y relajación, que fue un auténtico éxito de ventas y de crítica en Estado Unidos. Fue traducida y publicada en España por la editorial Alfaguara en 2019. Un año después, la novela sobre una joven que decide hibernar durante un año adopta una nueva perspectiva debido a las circunstancias actuales provocadas por el coronavirus.

La novela nos presenta a una protagonista y narradora sin nombre. Se trata de una joven de veintiséis años, recientemente huérfana y con una herencia considerable. Vive en un piso del acomodado barrio del Upper East Side, en Manhattan. Nos encontramos en el año 2000, en el que nuestra protagonista, sumida en una profunda depresión, decide hibernar durante un año con el objetivo de superar aquellos traumas del pasado, descansar y, finalmente, renacer. Con una gran variedad de narcóticos para dormir y de cintas VHS de películas de Whoopi Goldberg, su ídola, la joven se embarca en su enclaustramiento autoimpuesto, el cual se verá desafiado por diversas situaciones y recuerdos tortuosos.

La autora demuestra una gran maestría en la construcción de personajes. La protagonista y anti-heroína de la novela se muestra como una figura compleja, a la cual es imposible resistirse. Es rubia, delgada y guapa. Tiene todo lo que una joven necesita para triunfar en el Manhattan más pijo de principio de siglo. Sin embargo, esta Carrie Bradshaw oscura, esta Kate Moss empastillada (aún más que la original), es incapaz de alcanzar un mínimo de felicidad en su vida, ni en su trabajo, ni en sus relaciones. Su antipatía y desdén absoluto por el mundo se ven complementados por el sarcasmo y ritmo de la narración de Moshfegh, creando una obra con cierto tono humorístico pero sin ser alegre.

The New York Times
Fuente: The New York Times 

Pese al protagonismo absoluto de esta joven sin nombre, encontramos personajes igual de fascinantes a lo largo de la obra. Reva, su mejor amiga, es una joven obsesionada con su apariencia, un tanto ignorante y envidiosa de su amiga, a la que visita en numerosas ocasiones, importunando la particular “cuarentena” de esta. Otro personaje femenino magistralmente construido es el de la hilarante psiquiatra Tuttle que, ajena al curioso proyecto de la protagonista y olvidando en cada sesión la muerte de los padres de esta, le receta sin ningún tipo de pudor una ingente multitud de barbitúricos para curar su insomnio. Entre pastilla y pastilla, la protagonista recuerda y se obsesiona con su exnovio, un joven empresario de Wall Street igual de cínico que ella, pero al que no se puede resistir.

A pesar de ser una novela donde el escenario principal es el apartamento de la protagonista, los numerosos flashbacks y situaciones adversas al descanso de ella abren el decorado a un Nueva York pre-11S, rebosante de un optimismo y narcisismo que pronto se verían amenazados por aquel terrible evento. Moshfegh retrata una ciudad llena de vida y actividad como telón de fondo y a un personaje impasible ante todo ello. “Pasaban cosas en la ciudad de Nueva York –siempre pasan–, pero ninguna me afectaba”, dice en un momento de la novela. Y confiesa que el encanto de dormir era que le “desconectaba de la realidad” hasta que le recordaba “tan por casualidad como una película o un sueño”.

La crítica de una sociedad pretenciosa e individualista en la ciudad que nunca duerme (excepto por nuestra protagonista) también aparece en el arte contemporáneo que inundaba los museos y la vida cultural de la época. La protagonista rememora sus vivencias en la galería de arte en la que trabajaba antes de iniciar su año de descanso y en la que el “snobismo” está a la orden del día. Allí exponía Ping Xi, un joven artista que busca provocar con sus perros disecados más que crear obras significativas. La cultura pop de la época está también presente a lo largo de la novela. Se mencionan decenas de películas, muchas de las cuales ve la joven en su reproductor de cintas VHS entre sueño y sueño. Tantas que cualquier interesado en la filmografía de Whoopi Goldberg o Harrison Ford debería tener a mano libreta y boli al leer este libro. Mediante las alusiones a estas películas, revistas de moda leídas por Reva o celebridades como Kate Moss u Oprah, Moshfegh consigue construir un lienzo de una cultura y una sociedad de consumo obsesionada con la belleza.

Aunque en un primer momento sus personajes pueden parecer vacuos e incluso caricaturescos, la autora les va dotando a lo largo de la obra de una humanidad y profundidad que hace de esta un magnífico estudio de personajes. Detrás de estos, encontramos una profunda crítica al individualismo que impide conexiones trascendentales entre ellos.

Una premisa curiosa va desarrollándose hasta acabar convirtiéndose en una sátira existencialista sobre una sociedad nihilista y sobre un personaje incapaz de afrontarse a sus propios fantasmas, que le llevan a un sueño profundo. El humor se mezcla con la tristeza, los narcóticos con los cafés que tan frecuentemente bebe la protagonista y las películas de Whoopi con los perros disecados de Ping Xi. Todo esto da como resultado una novela fascinante que demuestra las dotes narrativas de Ottesa Moshfegh y que supera las altas expectativas creadas por el aclamo entusiasta que ha recibido desde su lanzamiento. Como dice la expresión inglesa: don’t sleep on it. No se la pierdan.

FICHA TÉCNICA

Título: Mi año de descanso y relajación

Título original: My Year of Rest and Relaxation

Autora: Ottesa Moshfegh

Fecha publicación (España): enero de 2019

Páginas: 256

Editorial (España): Alfaguara

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