Un armario que SOStiene el planeta

Silvia Robert Rubio//

Un armario. Como la mayoría, está repleto de prendas diferentes, compradas en la misma tienda o en varias. A pesar de ello, todas tienen algo en común: su fabricación. En este armario hay una camiseta. Según su etiqueta está compuesta de algodón, en concreto, algodón de té chino. La presidenta de la Asociación de Moda Sostenible de España (AMSE), Marina López, afirma que este es el más utilizado actualmente: “Está manipulado genéticamente y para que crezca se utilizan muchos pesticidas y productos químicos”. En China, donde fue cultivado, comienza la vida de esta camiseta.

Una vez recogido el algodón, viaja hasta la India y con él se elabora el tejido. Los tintes utilizados en el proceso contienen metales pesados y, de nuevo, productos químicos, “que con el calor del cuerpo se activan, pasan a la piel, y van a la corriente sanguínea”, advierte Marina. Una vez terminado, el tejido se envía a Bangladesh, donde se fabricará la prenda. Según indica la presidenta de AMSE: “Eso tiene una huella de carbono impresionante”. La siguiente parada es la tienda -en cualquier parte del mundo- la penúltima, el armario. La última, nuestra piel.

Algunos de los certificados que se pueden encontrar en el mercado

El viaje de esta camiseta ha sido largo. En el mercado hay diferentes sellos o certificados de distintos organismos que hacen referencia a la sostenibilidad del viaje -Ecolabel.eu, Global Organic Textile Standard, Fair Traide Certified, Textiles de confianza Oeko-Tex-, sin embargo, la mayor parte de ellos no cubre todas las fases de la producción. Es decir, pueden aseguran el tratamiento del tejido o que los químicos de los tintes no sean tóxicos, pero no todas las paradas. Marina López reclama que no existe una ley referente al etiquetado de la prenda: “Puede poner Made In Spain tranquilamente, pero si es mentira nadie le va a decir nada”. La Unión Europea tampoco tiene una ley muy clara al respecto. No exige poner en la etiqueta su composición entera: “Debería aparecer porque te vas a comprar hoy en día una camiseta de algodón 100%, que te pone en la etiqueta, y no es algodón 100%”, reclama la presidenta de AMSE. De hecho, pueden contener hasta un diez o un quince por ciento de otro tipo de fibra.

Esta camiseta abandonará el armario algunas veces, para visitar la lavadora. A su paso dejará microplásticos tan pequeños que atravesarán los filtros de las depuradoras. “Eso va a parar al mar y se lo comen los peces, y después nosotros nos comemos a los peces”, recalca Marina López. Y así sucederá hasta que la camiseta termine en la basura. Sin embargo, esta no desaparece: “La ropa no se pude quemar porque todos esos químicos utilizados salen al aire. Va a parar a los vertederos”. Muchos de ellos están al máximo, el 80% de los residuos de los vertederos, por ejemplo en Madrid, es ropa.

La conclusión de la presidenta de AMSE es muy clara: “Lo mires por donde lo mires es contaminante”. En concreto, la industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta.

Nueva moda, nuevos conceptos

Con cada movimiento llegan nuevos conceptos. El “fast fashion” -es decir, la moda rápida- lleva entre diez y quince años instaurado en todo el mundo. Llegó gracias al fenómeno de la globalización por externalizar la producción de ropa a Asia. Su antónimo es el “slow fashion”, basado en tejidos orgánicos o reciclados, de kilómetro cero -se diseña y produce en el mismo lugar-, de pequeña producción, y respetuoso con el medio ambiente. Otro concepto importante es el “greenwashing”, un lavado de imagen verde. Algunas empresas realizan grandes campañas de marketing engañosas. Dicen tener unos objetivos respetuosos con el medio ambiente que en realidad no cumplen.

La creciente aceptación del “slow fashion” está provocando este fenómeno. “Saben que se tienen que apuntar al carro de la sostenibilidad”, apunta Marina López. Desde AMSE colaboran con el movimiento Fashion Revolution, que cada año realiza un índice de transparencia donde analizan grandes marcas de moda y minoristas. “En España salen muy mal paradas nuestras marcas más conocidas, tanto en el tema de contaminación como de trabajadores”. En el último informe (2019), la peor parada es Desigual, con un siete por ciento de transparencia, seguida de Mango con un 18%. Inditex destaca en el “ranking” ya que sus marcas Bershka, Massimo Dutti, Pull & Bear, Stradivariusy Zara consiguen el puesto más alto con un 46% de transparencia. La presidenta de AMSE resalta que “queda mucho por hacer, pero se hará, muy lentamente, pero sí, no queda otra”.

“Hay muchas alternativas”

Marina López considera que “hay muchas alternativas” a la moda convencional. Dentro del “slow fashion” se engloban diferentes prácticas, por ejemplo, el uso de materiales reciclados. Este es el caso de Flamingo’s Life, que se define por la fabricación de zapatillas sostenibles, con materiales, orgánicos y naturales, y sin explotación animal. En concreto, sus zapatillas están hechas de caucho natural para las suelas, plásticos reciclados de la industria del calzado, plásticos de botella para los cortes, y el algodón orgánico como forro.

Uno de los principales reclamos de esta marca es que por cada par de zapatillas compradas -de su colección Oslo Recycled- se reciclan 2 botellas. Su fundador, Carlos García Sánchez, defiende apostar por “una transparencia radical donde todo el mundo sepa exactamente cómo y quién ha hecho las zapatillas”.

Entonces, ¿cómo se hacen estas zapatillas? En primer lugar, una empresa ajena se encarga de recoger los plásticos del contenedor amarillo y los lleva a una planta de residuos. Allí se separan -porque no todos se pueden reciclar-, después se trituran y se forma el material puro: unas pequeñas bolas blancas milimétricas. “Una vez están las bolitas, mediante un proceso se forman los hilos y por último se tejen los hilos para crear grandes telares de botellas de plástico”, explica Carlos García Sánchez. Una vez está hecho, Flamingo’s Life compra el tejido. El segundo paso es la elaboración de la propia zapatilla. En este proceso intervienen muchos agentes: “Desde el diseño, pasa por el patronista, cortado, aparado, figurado y finalmente el montado o vulcanizado -mediante un proceso químico la goma se adhiere al corte-”.

¿Cómo decide alguien montar una empresa de este tipo? Su fundador admite estar muy comprometido ecológicamente: “Hace un año nos dimos cuenta que no nos servía vender por vender, queríamos tener un propósito concreto y con significado”. Cada zapatilla forma parte de una colección, y cada una de ellas está asociada a un problema medioambiental: “Por cada compra de zapatillas donamos 50 céntimos para plantar árboles y reforestar áreas deforestadas del planeta, y generar trabajo -Eden Reforestation Projects- o limpiamos el océano -Waste Free Oceans-”. El resultado es más de 100.000 árboles plantados, “con el beneficio que eso conlleva, como evitar la desertificación y generar trabajo entre las poblaciones locales donde trabajamos, y construimos reservas para animales en peligro de extinción”, afirma Carlos García Sánchez.

Economía circular

Proyectos como Flamingo’s Life promueven una economía circular, es decir, “un modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido”. Así la define el Parlamento Europeo. De “reciclar” a “reutilizar”. Esta segunda forma de economía circular es la elegida en MAS X MENOS, una tienda de ropa de segunda mano de Zaragoza.

Entrar en esta tienda es como hacerlo a cualquier otra de una marca de ropa convencional, no existe ninguna diferencia aparente entre una y otra. Su dueña, Karolina Lenska, reconoce que ha hecho reformas con este fin, ya que “no estamos acostumbrados a comprar en este tipo de establecimientos, y cuando vemos una tienda de segunda mano no nos atrevemos a entrar”. Aproximadamente el 80% de los clientes que acuden a su tienda son extranjeros. Personas que en su país de origen visitaban este tipo de tiendas. No obstante, Karolina observa un aumento de jóvenes españoles entre sus clientes. Jóvenes como Julia, consumidora habitual de este tipo de ropa. Ha podido comprobar en primera persona que en otros países como Bélgica, Francia o Inglaterra hay más tiendas de ropa de segunda mano. Incluso en otras ciudades españolas más grandes como Madrid o Barcelona.

¿Por qué se produce este rechazo aquí? La respuesta salta de la boca de Karolina Lenska como un resorte: “Prejuicios”. Una clienta y su amiga entraron a MAS X MENOS. Tras comprobar que era ropa de segunda mano, ambas se fueron. Más tarde, la dueña se sorprendió al ver entrar de nuevo a la mujer, sola. Esta vez salió de la tienda con una prenda entre manos. Este no es el caso de Julia, al contrario, defiende su consumo: “Llevar ropa de segunda mano no es como ir de pordiosera, no tiene por qué. Esa hipocresía tal vez viene un poco de ahí”. El prejuicio se reproduce cuando a algunas de las clientas de MAS X MENOS les preguntan dónde han comprado la prenda que visten. En ocasiones mienten y dicen que son de la tienda que indica la etiqueta.

Resulta un argumento convincente porque las prendas de Karolina Lenska son “ropa moderna que se podría encontrar en cualquiera de las tiendas de Inditex”. De hecho, en algún momento salió de una de sus fábricas. La diferencia es que esta es “ropa reutilizada, no de mayoristas”, explica su dueña. Así funciona esta tienda, se basan en la reutilización: “Es como una casa de empeños, pero con ropa”. Cualquiera puede llevar la suya y luego alguien la compra. El beneficio de la venta se reparte. Otra opción es donarlo a Oxfam Intermón a través de la propia tienda.

Influencia sostenible

Paula Aznar es una joven zaragozana que compra tres prendas de ropa al mes y su principal criterio a la hora de elegirlas es, como cualquiera, verse bien con ellas: “Mis gustos, las tendencias, colores que me favorecen y patrones de ropa que me quedan mejor que otros”. Escoge tiendas que cumplan estos requisitos y reconoce que las de ropa sostenible -ecológica, de segunda mano, vegana, etc.- no están entre sus habituales. No obstante, podrían estarlo en un futuro: “Como últimamente se está llevando ropa de los 80, igual sí. No lo descarto, pero prefiero comprar ropa más similar a mis gustos”.

La tendencia, la influencia. Este es un camino para concienciar sobre el consumo de la moda sostenible, algo que Marina López y Karolina Lenska consideran “necesario”. En ello está Elena Herráiz Gómez, también conocida en YouTube como Elena HG. Se define como emprendedora digital y creadora de contenido. Su eslogan es: “Mejorando el mundo a través de un armario inteligente, práctico y sostenible”. Esta filosofía impregna sus vídeos. El primero tiene dos años y se titula “Dónde comprar ropa ecológica | solución fácil y asequible en marcas habituales”. El contenido de Elena no difiere demasiado del de cualquier otra youtuber de moda. En su canal tiene “hauls”, unos vídeos muy populares basados en críticas a prendas compradas o enviadas por una marca. Por ejemplo, uno titulado: “Nueva temporada y rebajas try-on: zara, asos, dutti, pull, bershka, etam…”. Pero también otros como “#Haulternative | Haul Ropa de Segunda Mano Try-On | Fashion Revolution”. Crea contenidos como el anual “Outfits para Navidad & Nochevieja” y le añade “Consumo Responsable” al título. Elena también realiza una divulgación más informativa con una serie llamada “Qué ropa es sostenible? | 10 Indicadores de Sostenibilidad”, y reflexiona sobre los mencionados “Fast Fashion” y el movimiento “Fashion Revolution Week”.

“Menos y de calidad”

Julia es una joven zaragozana que se cerciora de que todas las prendas de ropa que compra tengan una calidad ecológica y sostenible. Consume este tipo de ropa desde que tiene un sueldo propio, pero admite que antes también lo hacía -al menos indirectamente-. La influencia de su madre ha sido decisiva: “Si recibes unas pautas, unos valores, luego te resulta más fácil reproducirlos que si no has oído nada. Y entonces solo ves cinco euros o tres. Pues te vas al de tres”. Admite que las ofertas de las grandes superficies son atractivas, mucha ropa por poco dinero. En detrimento de la oferta sostenible, menos prendas a un precio mayor. Sin embargo, ella apunta que por esta vía compra “menos y de calidad”.

Marina López, presidenta de la Asociación de Moda Sostenible de España (AMSE), apoya esta tesis: “Lo que se está consumiendo ahora mismo en España son ropas de muy baja calidad, que son las que las grandes marcas están vendiendo a un precio muy bajo también”. No obstante, Julia cree que el precio se está ajustando, al haber más posibilidad de elegir. Hasta hace poco iba solo a dos tiendas en Zaragoza: “Si tú apuestas por la ropa sostenible y solo tienes un sitio; este tiene el monopolio de decirte que si la chaqueta te vale 30 euros -y no las diez que crees que vale- pues le pagas los 30 euros porque apuestas por ello, ¿no?”. Con el creciente fenómeno del “slow fashion” crece también la oferta, “entonces entre ellos también empiezan a tener competitividad y ya empiezan a ajustar los precios, y ya parece menos sablada (sinc.), menos abuso con ciertos precios”.

Retroceder para avanzar

Virginia Navarro viste un anorak naranja, un jersey muy ancho y unos pantalones vaqueros. Toda su ropa parece sacada de otra época, de los años 80 o 90. Y, efectivamente, de allí proviene. El anorak y los vaqueros eran de su madre, y el jersey de su padre. Esto es cosa de familia, su madre también tiene prendas de su abuela, “un abrigo de pelo, y un bolso. Y de su suegra también tiene alguna cosa: una falda, un jersey, y una pulsera”. Marina López recuerda que antes a las mujeres un “vestido les duraba muchos años y cuando lo necesitaban se lo compraban, sino, no”. Propone volver atrás, como antiguamente: “retroceder para avanzar”.

Virginia Navarro lleva varios años reutilizando ropa: “Empecé a moldear mi estilo propio en primero de universidad; que no sabría muy bien cómo definirlo, pero un poco vintage sí que es”. Le gusta lo que este estilo representa. Para ella significa originalidad y desprenderse de las cosas materiales: “No es algo que lleva todo el mundo y yo me siento a gusto y cómoda llevándolo”. Aunque admite que no toda su ropa sigue esta filosofía: “Me he comprado también prendas de estilo vintage recientemente, por lo que sería hacer trampas”.

Virginia Navarro vistiendo el anorak naranja de su madre

Los recuerdos que encierra esta ropa también son muy importantes para ella: “Tenemos por casa algunas fotos de los 90, cuando yo era muy pequeña, y mi madre sale con esa ropa que ahora es la que me pongo yo”. Virginia muestra una foto de su madre y su prima, y comenta “aquí todavía (yo) ni había nacido y esos pantalones son fabulosos”.

Hay varias razones por las que decidir tener un armario sostenible: salud, conciencia medioambiental o gusto por el estilo vintage. No obstante, todas parten de la misma idea: la ropa nos define. ¿Qué dicen de ti las prendas que llevas puestas?

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