SER ‘VERDE’ ESTÁ DE MODA

Carlota Martínez//

Cada día me sorprende más el alto nivel de concienciación que tenemos los jóvenes en cuanto al cuidado del medio ambiente. Parece que, a diferencia de otras generaciones, incluso las más próximas, hayamos nacido con la lección aprendida. Nuestra lucha contra la destrucción del planeta hace pensar a muchos que han hecho un buen trabajo, que la educación recibida de los libros ha sido fructífera y que el estudio del reciclaje ha conseguido crear una generación que vale la pena.

Para darse cuenta de ello, tan solo hay que ver nuestras publicaciones de Instagram, la red en la que intentamos plasmar nuestra personalidad. Muchos acuden a manifestaciones, realizan pancartas verdes reivindicando la salvación del planeta y gritan siguiendo la voz de su coetánea, Greta Thunberg.

Aquello que ni nuestros abuelos ni padres han hecho, lo estamos haciendo nosotros. Somos la generación que se reivindica, por primera vez en la historia, para devolver los árboles al Amazonas y arrasar con el plástico de los océanos. También somos los que queremos poner punto final al deshielo de los glaciares y esperamos no haber alcanzado el temido punto de no retorno de la ONU.

Parece que todos tenemos la lección aprendida. Que todos sabemos que es importante reciclar, reducir al máximo el consumo de plástico, que tenemos que intentar ahorrar en basura, que debemos utilizar medios de transporte sostenibles y un sinfín de hábitos más que la mayoría de los jóvenes nos sabemos de memoria.

Sin embargo, ¿estamos seguros de que todo lo que reivindicamos, lo ponemos en práctica? En redes sociales es habitual ver publicaciones con pequeños hábitos que debemos adoptar si queremos ayudar a salvar el planeta. Todos hemos visto como amigos lo compartían con la supuesta esperanza de que los demás también lo hagamos, pero ¿en algún momento hemos reflexionado si ellos mismos cumplen con lo que piden?

Los últimos meses me he parado a mirar a mi alrededor. A los jóvenes. A todos aquellos que me rodean. La sorpresa que me he ido llevando era cada día mayor y es que, muchos reivindican, pero pocos son los que de verdad se comprometen a cambiar sus hábitos y se lanzan a lo más cómodo.

Para comprobarlo, no hay más que entrar a una clase universitaria o de cualquier colegio y observar. ¿Cuántos de ellos utilizan una botella reutilizable y cuántos continúan comprando las de plástico? Sin duda, la gran mayoría utiliza las de plástico. Y de todos los que hay, ¿cuántos consideran estar comprometidos con el medio ambiente? Sin duda, también la gran mayoría. Algo falla.

Pero no solo eso. No nos tenemos que ir tan lejos. Si preguntamos a los que nos rodean si reciclan los residuos que generan en casa, nos sorprenderíamos aun más. Parece mentira que un hábito que todos hemos tenido que estudiar en las aulas, todavía no haya calado en las mentes de algunos. ¿Tan difícil supone tener tres bolsas diferentes en la cocina donde tirar los residuos que generamos? ¿De verdad cuesta tanto distribuir las bolsas en los contenedores de las calles? Algunos aseguran que es pereza. Otros afirman haber visto cómo los camiones de residuos mezclan todo en su interior. Todo son excusas para no hacerlo; pero, por supuesto, sí sentirse parte del movimiento contra el cambio climático.

Aunque peor es la actitud “ejemplar” de aquellos que van a las manifestaciones y, después, entran al bazar más cercano a por productos elaborados en lugares como China, uno de los países que más emisiones de CO2 lanza a la atmósfera. ¿De verdad están tan comprometidos? No lo creo.

Los ‘Fridays for future’ están empezando a convertirse en una moda. Sí, ser ‘verde’ significa tener un compromiso, formar parte de un movimiento que beneficia a todos. También significa dejar comodidades a un lado y hacer todo lo que esté en nuestras manos para ayudar. Sin embargo, en muchos casos, parece que se queda en eso. En una moda.

Entiendo que, en ocasiones, formar parte de este movimiento es caro. Comprar productos ‘bio’ no está al alcance del bolsillo de todos. Tampoco podemos comparar los precios de cualquier producto de plástico con otros elaborados a base de bambú. No obstante, existen otros miles de hábitos con los que podemos ayudar y que no suponen un gran esfuerzo económico. Por ejemplo, dejando de coger bolsas de plástico gratuitas de la fruta y comprando una ecológica de varios usos por dos euros. O, también, usando el transporte público y dejando de utilizar el coche para trayectos urbanos. Pero, claro, nunca está de más llegar a la universidad en coche y que me vean.

Otro de los puntos que más me sorprende es que muchas veces pensamos que somos los jóvenes los más comprometidos o, al menos, eso es lo que solemos ver en los medios de comunicación. Sin embargo, el Barómetro Social de IPSOS dice todo lo contrario y asegura que son las mujeres de entre 55 y 64 las más comprometidas. ¿Cuándo acabaremos con el ‘postureo’? Dejemos de engañarnos.

Como dijo Albert Einstein, “dar ejemplo no es la mejor forma de influir sobre los demás; es la única manera”. ¿Por qué no todos los jóvenes damos este ejemplo? Si tan comprometidos estamos, ¿por qué no nos adaptamos?

Está claro que las manifestaciones de ‘Fridays for future’ son imprescindibles para ejercer presión en los gobiernos; ya que, al fin y al cabo, son ellos los que deben actuar a gran escala. Pero, dentro de las posibilidades de los ciudadanos, debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos por evitar los riesgos medioambientales. Y esto significa cambiar nuestros hábitos con un pequeño esfuerzo que, más tarde, se convertirá en algo cotidiano.

Ser ‘verde’ está de moda. Y, mostrarlo en las redes, aun más. Dejemos de formar parte de una moda y comencemos a serlo de un movimiento. Comprometidos y con pequeños esfuerzos podemos conseguirlo y, así, convertirnos en ciudadanos ecológicos. De los de verdad.

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