Future Nostalgia
Laura Carramiñana // @neovaquera
Me dirijo a un pequeño mueble situado en un rincón de mi habitación. En él se encuentra el tocadiscos que me regalaron mis padres por Navidad y, a su lado, un montón de álbumes de vinilo. No sé cómo comenzó mi afición por coleccionarlos. Puede que las redes sociales hayan influido en ello. Selecciono uno, lo saco de la funda de papel, abro el tocadiscos y coloco la aguja en el borde del vinilo. Este reproductor musical analógico, pero de última generación, dispone de Bluetooth y de una ranura para insertar un USB. Un tocadiscos digital que emite la música orgánica propia del vinilo a través de sus pequeños altavoces incorporados. No solo ha cambiado la forma de escuchar la música, sino los propios objetos para disfrutar de ella.
Disco 1. Cara A – Nostalgia en el presente.
En la última década de este siglo XXI, las nuevas generaciones se han visto atraídas por la cultura retro o lo vintage, propia de los años noventa. Una cultura basada en la nostalgia, donde se romantiza el pasado, se ignora el presente y se teme al futuro. Pese a que el significado de la palabra nostalgia encarna, en gran parte, un sentimiento de tristeza, a su vez, supone felicidad, ya que es señal de que todo evoluciona.
En la actualidad, la sociedad se muestra nostálgica. De acuerdo con Eduardo Maura en su Crítica de la Cultura y Nostalgia de los Noventa Españoles, esta nostalgia no es un fenómeno generacional específico de quienes vivieron aquella época, sino un aspecto común de la cultura contemporánea que afecta por igual a todos los grupos de edad, género y cuestiones socioeconómicas. Sin embargo, lo curioso es que la Generación Z sea también nostálgica.
El retorno de los vinilos, de las cámaras Polaroid, de los videojuegos clásicos y de los pantalones campana ha supuesto un cambio en los gustos de los jóvenes. Un grupo generacional que apenas ha convivido con esta tecnología, pero que se unen a esta cultura neonostálgica. Se trata de una reinvención de aquellos años, puesto que ninguno de los seguidores del movimiento ha vivido en esos momentos del pasado.
¿Por qué los jóvenes nos sentimos atraídos por esta tendencia si no hemos vivido en los años noventa?
Como respuesta: todos vivimos bajo la anemoia, un sentimiento que nos permite echar de menos un pasado que nunca hemos experimentado. Todos sentimos nostalgia por los acontecimientos ocurridos en las últimas décadas del siglo veinte como la llegada a la luna e incluso de años anteriores, como la invención del automóvil. Daniel Molina, psicólogo y especialista en Gestión Emocional, confirma que esta anemoia puede estar agravada por el fácil acceso a los medios de comunicación globales. Mediante series, películas, música y libros podemos trasladarnos a épocas o lugares que nunca hemos visitado, generando así una conexión profunda y emotiva.
En este momento ocurre algo similar. Las nuevas generaciones ven lo analógico como algo novedoso, al igual que, hace varios años, los vinilos fueron sustituidos por los CDS. El mundo tiende a evolucionar, pero no a olvidar. Una evidencia de ello es el auge de la compra de vinilos en los últimos años. De acuerdo con el estudio de Promusicae, este soporte analógico supone el 62,8% de las ventas en formatos físicos.
Hoy en día, los artistas optan por lanzar su último álbum en formato vinilo. Su demanda es creciente por su doble función: la parte musical y la parte estética. Muchos lo compran para escuchar su sonido original, otros por el diseño de portada, e incluso por el póster de edición limitada que se incluye. No obstante, el interés por estas antigüedades no supone el abandono de las nuevas tecnologías, ya que nadie deja de utilizar Spotify en su móvil por escuchar a sus artistas favoritos en un MP3.
¿Todo es pospandémico y culpa de las redes sociales?
Algunas de las hipótesis sobre la cultura de la nostalgia en las nuevas generaciones constatan que uno de los responsables son la cuarentena por COVID-19 junto a la ayuda de las redes sociales. Durante los tres meses de confinamiento, muchos nos refugiamos en el pasado. Desempolvamos el baúl de los recuerdos y recuperamos reliquias de nuestra infancia como películas de Disney Channel en DVD o consolas de videojuegos como la WII. Un estudio estadounidense (Pandemic Nostalgia) confirma su culpabilidad a través de encuestas individuales, donde se refleja que las personas compensaron el aislamiento social al interactuar con productos y experiencias que evocaban nostalgia.
De nuevo, reconectamos con nuestras raíces y la cantidad de tiempo libre nos impulsó a estar constantemente conectados a Internet y a las redes sociales. En ese momento, TikTok daba sus primeros pasos y fue una de las mayores compañías para los jóvenes en la cuarentena. De hecho, un artículo de Infobae en 2020 revela que fue descargada 315 millones de veces en App Store y Google Play. Esta aplicación, capaz de crear cualquier tipo de contenido, hurgó en el pasado y trajo de vuelta las tendencias de los noventa. Al mismo tiempo, Pinterest o Instagram, ambas destinadas a la difusión de imágenes y estilos de vida, siguieron el camino de TikTok e influyeron cada una a su manera en la vida de las personas.
Como si se tratara de una visión del futuro, El dilema de las redes sociales es un documental producido por Netflix y publicado en septiembre del año pandémico. Este incluye el análisis de expertos tecnológicos de Silicon Valley e incluso, de los propios creadores de las herramientas utilizadas para manipular a la sociedad.
Disco 1. Cara B – EXPLOTACIÓN DE LAS INDUSTRIAS
Los principales responsables de la cultura nostálgica son los ciudadanos. Sin embargo, son los grandes empresarios de los medios de comunicación quienes se están aprovechando de esta oleada retro o vintage. La industria cinematográfica, la musical o la textil reflejan esta fiebre neonostálgica que sacude la sociedad actual.
La vuelta de los clásicos como Star Trek o Dune, la grabación de Live Action de las princesas originales o la producción de secuelas de series ya terminadas como House of the Dragon o Dexter: Original Sin son algunas de las estrategias de control que ejercen los líderes de las cadenas cinematográficas. La apuesta por la recreación o el seguimiento de franquicias desencadena uno de los debates actuales más importantes para la industria: ¿Van a lo seguro o son cortos de originalidad? De acuerdo con un artículo de Newtral, las compañías apuestan por la continuación de sus famosas sagas para atraer de nuevo al público y generar ingresos sustanciales. Ya conocen la fórmula del éxito y todos desean explotarla al máximo a través de nuevas versiones de historias conocidas, que evoquen nostalgia a los consumidores. Esto les permite expandir sus franquicias y mantener el interés del público a lo largo del tiempo.
El lanzamiento de estos productos audiovisuales incrementa ese sentimiento nostálgico en el público que se potencia desde las plataformas streaming como Netflix o Amazon Prime. Los líderes del futuro audiovisual incluyen en sus catálogos películas clásicas o series que terminaron, al menos, hace diez años. Friends, How I Met Your Mother e incluso, Aquí no hay quien viva, en el panorama nacional, son algunas de las series más vistas del año. Su estética, su humor y su cotidianidad enganchan a los jóvenes, no por nostalgia, sino porque se identifican con los personajes, sus problemas e incluso, coinciden en su forma de pensar. De acuerdo con BH Psicología, algunas series o películas provocan una especie de identificación que logra que nos sintamos unidos al personaje e incluso, generemos un lazo con él. Un fenómeno extraño, puesto que el mundo ha cambiado de forma considerable desde el fin de emisión.
En lo musical ocurre lo mismo. Algunos teóricos musicales como Simon Reynolds en Retromania afirman que la innovación musical revolucionaria tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX con la aparición del pop-rock o incluso el rap. Los artistas actuales mantienen una conexión estrecha con el pasado, puesto que, al igual que la moda, la música basa su historia en la repetición y la variación de los mismos acordes y melodías.
Cada vez son más los artistas que incluyen partes de canciones ya existentes como Nunca Estoy de C. Tangana o crean su obra musical a partir de hits históricos. A esto se le denomina sample, un recurso creativo en auge que combina ritmos retro con beats actuales. Se tratan de temas musicales que nos trasladan a épocas pasadas, como es el caso de LAS BABYS de Aitana, que con un sample de la canción Saturday Night nos transporta a plena discoteca de los años noventa. Esta fusión musical es otro de los portales mágicos que logra conectar a personas de diferentes generaciones. Sirve de investigación para los más jóvenes sobre la canción “sampleada” y de descubrimiento de los nuevos artistas para los mayores.
Estas dos industrias están respaldadas por la industria textil. Bien se sabe que, en la moda, todo vuelve. Prendas de ropa que llevaban los jóvenes de los 80 o 90, ahora lo llevan los jóvenes del 2010. Calentadores, botas de cowboy o chupas de cuero pesadas vuelven a primera línea de los escaparates. A menudo, tiendas como Pull & Bear, H & M o Bershka lanzan colecciones de ropa relacionadas con la cultura pop, esto es, series o películas de finales del siglo XX como Kill Bill e, incluso, de grandes hitos musicales como Britney Spears.
El fenómeno Stranger Things y su colaboración en el panorama textil supuso una transformación de la moda en el siglo XXI. El regreso del estilo ochentero con ropa oversized y estampados vintage animó a grandes marcas como Nike o Levi’s a reforzar la moda retro o vintage.
Con un leve chasquido, la música finaliza y la aguja se levanta del vinilo. Repito el proceso a la inversa, retiro el vinilo del tocadiscos, lo guardo con cuidado y cierro el aparato analógico hasta su próximo uso. Como en la teoría filosófica del eterno retorno de Nietzsche, la moda, el cine y la música siguen girando en un bucle infinito. Una constante reiteración de acordes familiares para nuevas audiencias, que prefieren refugiarse en esta melodía del pasado y que temen el silencio propio del futuro.




