Sembrar el futuro en secano: Agromonegros
Texto: Alicia Hidalgo García y Marcos Jimenez Orcajo //
Una empresa dedicada a la producción de semillas de cereal: así es como Agromonegros define su labor. Pero esta descripción, aunque correcta, se queda corta. Su trabajo implica un proceso mucho más complejo que lo que la gente de ciudad imagina. Sin empresas como esta, los agricultores no podrían sembrar sus campos. Las semillas que producen son clave en la cadena alimentaria, tanto para personas como para animales. Representan el primer eslabón del sector primario. Todo este proceso podría parecer propio de una gran multinacional, pero Agromonegros es, en realidad, una empresa familiar con apenas 21 personas en plantilla.
A solo 35 kilómetros de la capital aragonesa, en el pequeño pueblo de Leciñena —de poco más de mil habitantes y situado en la comarca de Los Monegros— nació Agromonegros. Todo comenzó con Jaime Bagüés, quien vendía semillas y abono, quién más tarde, junto a su padre agricultor, formaron la empresa en 1980. Así lo cuenta Elisa Bagüés, sobrina y nieta de ambos, quien es ahora la responsable de comunicación y marketing de Agromonegros. “Primero nos dedicamos como productores y a partir del año 2000 sí que fuimos obtentores desarrollando nuestras propias variedades… Hoy tenemos más de 40 años de trayectoria”, asegura.
Las semillas de Agromonegros se convierten en pan, harina, pasta, alimentación animal, cebada de cerveza… o se resiembran el año siguiente. No solo obtienen variedades de semillas, también las producen. Esto quiere decir que, en varias ocasiones, participan desde cero en la obtención. La empresa ha desarrollado variedades propias adaptadas a las condiciones agroclimáticas de la Península Ibérica, como las cebadas Icaria, Forcada, Baliner, Pirene y Magallón, y los trigos duros Iberus y Aneto. “Tenemos semillas que hemos creado desde el minuto uno con nuestras redes de ensayo, nuestro equipo, nuestro laboratorio para el agricultor…” cuenta Bagüés. Estas semillas se denominan “certificadas”, esto asegura pureza varietal porque es una semilla probada y testada como de primera calidad. Además de la resistencia climática, asegura que la plantas crezcan sin enfermedades y necesitan menos dosis de siembra (dan más con menos semillas).

Luchando contra el clima y la guerra
Este proceso no es barato ni sencillo, menos cuando en el ámbito de la agricultura se depende de muchos factores para que el negocio pueda subsistir. “Si un año no ha llovido, no hay buena cosecha…sabes que va a ser un año duro porque tú tienes menos producción para vender y tus clientes, como no han tenido un buen año, no van a tener la misma disponibilidad de gasto”, Bagüés lamenta.
La sequía golpea fuerte en Leciñena todo el año, un terreno árido, seco y muy difícil, pero Agromonegros no quiere abandonar el pueblo que le vio nacer. “Hemos luchado por estar y quedarnos en un pueblo de Zaragoza que no es muy grande y que no es muy conocido”, expresa Elisa Bagüés con orgullo. Se necesita una gran inversión en la infraestructura y para almacenar de manera correcta las semillas, esto supone un importante riesgo inicial para una empresa familiar. Aun así, han sabido convertir su ubicación en ventaja: “Si nuestras semillas funcionan en una zona de secano, pueden funcionar en cualquier parte”. Este tipo de empresas suelen estar en el ámbito rural, aunque poco a poco están dejando de ser pequeñas, afirma Bagüés. “Cada vez hay menos empresas de semillas, y las que hay son cada vez más grandes”.

Las principales desarrolladoras de variedades suelen ser multinacionales francesas. Una pyme de 21 trabajadores capaz de producir variedades propias de semillas de cereal y leguminosa es un hito, no solo para ellos, sino también a nivel nacional. “Para sacar una variedad de semilla necesitas 10 años de investigación, durante ese tiempo tienes que seguir con tu labor económica para que el proyecto sea viable… requiere mucho tiempo, planificación y esfuerzo”, advierte Bagüés. Por este motivo se llaman así mismos “innovadores”. Son una de las pocas excepciones en España que pueden alardear de su logro.
La mejor calidad para los clientes
Agromonegros tiene una ventaja frente a las grandes empresas multinacionales. Ellos tienen la oportunidad de ensayar todas las variedades que sacan al mercado en cuatro zonas climáticamente distintas en la península ibérica. “Al final creemos que el conocimiento que tiene una persona que ha enseñado sus variedades en su país en diferentes zonas va a ser mejor…yo creo que ese es el valor que aportamos”.
Más allá de esto, también presumen de la cercanía y confianza que ofrecen. Si bien no pueden competir en muchos aspectos con los recursos de una gran empresa, decidieron apostar por potenciar la relación con sus clientes. De esta manera, transmiten la imágen de un pequeño negocio amistoso del cual no desconfiar. “Desde el minuto uno somos nosotros quienes atendemos al agricultor, lo acompañamos e intentamos darle el mejor servicio posible para que quiera repetir independientemente del precio u otros factores” Bagüés aclara que es su punto diferenciador.
La existencia de empresas como Agromonegros ayuda a que los agricultores puedan seguir con su labor en su pueblo y con su familia. Esto refleja un compromiso con su comunidad al generar empleo local y fomentar el arraigo de la población en Leciñena. Se puede confirmar este compromiso al ver que el 90% de su plantilla de empleados es del pueblo. No solo generan empleo directo, sino que también colaboran con agricultores locales en la producción de semilla certificada, lo que fortalece la economía rural. Este compromiso va más allá de la producción, la empresa ha colaborado con instituciones públicas y privadas para la conservación y desarrollo de variedades autóctonas.
Bagüés me revela con orgullo que fueron de las empresas pioneras en llegar a las redes sociales. Agromonegros fue de las primeras en tener página web, Facebook, X, e incluso un blog propio. Crearon comunidad, sinergias, colaboraciones con medios como Heraldo de Aragón y darse visibilidad. “Las empresas del sector han tardado muchísimo tiempo en darse cuenta de que tienen que abrirse al mundo, de que tienen que explicar lo que hacen”. Bagüés menciona que, en el pasado, la industria agroalimentaria no sentía la necesidad de hacer llegar al resto de la sociedad sus labores.
Se trata de un nicho de mercado muy específico pero ignorado, que sustenta el desarrollo territorial sostenible, y contribuye al progreso económico y social de su entorno. “Hacer algo complejo, como crear una variedad de cero con un equipo de confianza y en un entorno familiar es muy satisfactorio”, Bagüés confiesa. Agromonegros apunta a ser a futuro un referente del sector, ampliar su catálogo de especies y a seguir colaborando en proyectos de investigación nacionales e internacionales. Demuestran que, lejos de quedarse atrás, el sector primario sigue siendo un terreno fértil para la innovación. La agricultura y el bienestar de las zonas rurales continúan siendo asuntos de vital importancia.
Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_2 Consolidados), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Cuarta edición) con “Ellas son campo”.

