La unión como la mejor arma en la lucha por el aborto
“A las mujeres, por no conformarse, resistir y guerrear”. Paula Boira con esta dedicación en el ensayo Un aborto, 8.000 pesetas (2025) presenta la importancia que tuvieron todas ellas en la lucha por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en España. La escritora y periodista llega a la Universidad de Zaragoza para desvelar los entresijos de su investigación en la tercera jornada del Seminario Permanente Transficción 2026.
Ainhoa Montero Tolosa//
Paula Boira explica que comenzó esta investigación “un poco por casualidad”. Todo empezó después de ver una entrevista en Twitter de Consuelo Catalá, activista por los derechos sexuales, en la que hablaba sobre los abortos clandestinos en la Valencia de los años 70. La periodista lo desconocía completamente y tras contactar con Catalá se dio cuenta de que “había toda una historia que realmente no se había contado, que no solo era eso que había pasado en Valencia, sino que había muchas otras cosas que se habían quedado en el limbo y que nadie había puesto todas en común”. Así que coincidiendo con que se iban a cumplir 40 años de la despenalización del aborto, desvela que le pareció buena idea relatar a través de diferentes testimonios la lucha por su legalización, pero aportando un contexto político, económico y judicial de esos años.
Ingerir infusiones de hierbas o introducirse agujas de punto eran algunas de las técnicas que se veían obligadas a hacer las mujeres que no se podían permitir salir del país para interrumpir su embarazo. Las que tenían capacidad económica “planeaban como un viaje de verano” ir a Londres a abortar a una clínica. Esta desigualdad hizo que se creara un entramado en la capital del Levante para hacer este trámite de una forma más segura por el método Karman. Solo necesitaban varias cánulas de plástico, una caja de desinfección, una bomba de bicicleta, un vacuómetro, un bote de Nescafé y una mesa grande de comedor para utilizarla de camilla.

La sororidad, la columna vertebral en esta lucha
No había una organización de mujeres formal, sino que eran pequeños grupos aislados. “Las mujeres accedían a la que tuvieran más cerca por el boca a boca, había una conciencia de que eso era un problema que tenían las mujeres y que todas sabían más o menos cómo se podía solucionar”, señala Boira. La sororidad en esta lucha fue esencial en el proceso. Mujeres que sin casi conocerse fueron apoyo a la hora de facilitar la información y en los nervios de los momentos previos a hacerse la intervención.
La periodista desmitifica que exista “ese perfil que se nos machaca siempre con que son mujeres jóvenes que tienen muchas relaciones sexuales y que utilizan el aborto como método anticonceptivo”. Tal y como queda evidenciado en el libro Alma, Sonia, Carolina, Paca, Tania, Carmen… Lo único que tenían en común era que eran mujeres en edad fértil, que se habían quedado embarazadas y que querían abortar.
La conciencia de la colectividad toma un gran protagonismo y es que, así como lo expresa la autora: “estas mujeres realmente no tienen un interés económico en dedicarse a hacer abortos ni ganan absolutamente nada, es más, se ponen en un severo riesgo; el peso importante de asociarse es la consecución de un derecho”. Precisamente, con la cuestión económica Boira nos desvela que tuvieron algún desacuerdo, ya que un sector pensaba que no se debía cobrar nada, pero otro era partidario de que esas 8.000 pesetas eran necesarias para poder dedicar más tiempo a hacer abortos. Finalmente, acordaron cobrar ese precio para poder sufragar los gastos.
Nos revela que la ayuda de otros sectores también fue fundamental: “A mí me sorprendió bastante que realmente en ese momento sí que había grupos de la Iglesia preocupados principalmente porque las mujeres no tuvieran tantos hijos”. La autora puntualiza que estos se situaban en los barrios más pobres y que, por tanto, eran conscientes de que esos hijos iban a estar en situaciones de insalubridad, así que mostraron cierta empatía.

La periodista subraya la valentía que tuvieron algunos periódicos con la inclusión de artículos sobre el aborto en su agenda para dar visibilidad a este tema en un momento en el que estas prácticas eran ilegales. En esta colaboración el papel de la policía fue fundamental, ya que a pesar de que tenía conocimiento de lo que se estaba haciendo, hasta que no hubo denuncias, no intervinieron. Paula Boira resalta que “aunque fuera un grito a voces, no podías ir diciendo que habías abortado” para poder evitar las denuncias firmes de la ultraderecha o de organizaciones católicas que provocarían el cierre de los centros.
El único paso que quedaba era hacerlo legal. “La movilización feminista fue fundamental, sin esas mujeres no tendríamos hoy en día la ley que tenemos”, recalca Boira. Y es que el PSOE de Felipe González prometió en elecciones la legalidad del aborto, pero durante su primera legislatura no se terminó efectuando. La autora detalla que como reacción las calles se llenaron y el panorama social se movilizó de tal forma que no podían seguir negando este derecho. Además, enfatiza que esto fue propiciado por la referencia de los avances de otros países europeos como Francia o Italia.
“Ellas no eran tan conscientes de que lo que ellas habían hecho había abierto camino, lo contaban de una manera que era como normalizarlo, como si fuera una cosa muy cotidiana, y en este sentido ahí es donde ves todo el trabajo de clandestinaje que había detrás”, destaca la autora. A la hora de recapitular todas las historias, explica que detectó que todas las mujeres con las que habló se mostraban contentas con la decisión que tomaron y señala que “lo que todas decían no era que había sido traumático por el hecho, sino por cómo lo tenían que haber hecho”.
Y es que, a pesar de que muchas habían tenido que guardar este secreto y de que todas se excusaban al recordarlo, la sensación general que percibía era de alivio. Aún así, Boira aclara que para otras muchas sí que fue traumático por las condiciones en las que lo tuvieron que hacer, pero que muchas de estas historias han fallecido con ellas.
El tabú persiste en la actualidad
En la actualidad sigue habiendo estigma con el aborto. “Lo único que ha cambiado es simplemente que es legal y que se puede acceder fácilmente. Seguimos escondiendo que hemos interrumpido un embarazo, seguimos teniendo miedo a decirlo, sigue siendo tabú, seguimos pensando que todo el mundo nos va a juzgar, y eso da muchísima pena”, confiesa Boira. Al comenzar la investigación cuenta que se esperaba que las únicas que no le quisieran dar su testimonio fueran las mujeres que habían pasado por este proceso, pero la realidad es que se encontró que los profesionales que se encargaron de facilitar el aborto cuando era ilegal no querían hablar o preferían esconderse bajo un pseudónimo.
La periodista recuerda que para que estas mujeres encontraran sus vivencias en el libro acordaban juntas un nombre que tuviera la misma inicial al suyo real. Así como para que el relato fuera fiel a cómo lo vivieron, Boira nos cuenta que trató de hacer las mínimas preguntas para dejarles hablar y que cuando ya había elaborado el texto se lo pasaba para cerciorarse de que esas líneas eran fieles a las vivencias de esas mujeres.
Las declaraciones de políticos tanto panorama nacional como internacional cuestionando el aborto y el paso de Estados Unidos de terminar con la protección constitucional a este derecho incentivaron a que algunas que al principio no querían hablar recapacitaran y lo hicieran. La autora nos indica que se animaron para que la gente supiera hasta dónde podían llegar y para evitar que se vuelva a lo que tuvieron que pasar.

Boira denuncia la falta de compromiso en el movimiento: “Es muy fácil pensar que ya no pasa nada, eso ya lo hemos conseguido y ya nadie nos lo va a quitar, pero la realidad es que sí”. Incide en que no hablamos apenas de la interrupción voluntaria del embarazo y demanda la implicación física de las más jóvenes: “Estas mujeres en las universidades tenían grupos de discusión que se enseñaban entre ellas lo que no les había enseñado nadie. Hoy en día creo que se ha perdido mucho toda esa cultura de crear un movimiento físico en el sentido más estricto de la palabra, de estar presentes y de entre todas poner un poco de cuerpo en la lucha”.
Para Boira reactivar la movilización es muy relevante para evitar que se den pasos hacia atrás. Por ello, insiste en que hay que eliminar los estigmas y el tabú que envuelve el tema del aborto: “Cuando te lo callas parece que sea un derecho que no haga falta porque nadie lo usa, pero luego los datos dicen lo contrario. Es más fácil recortar las cosas que no se nombran o que no se ven porque parece que no le sirvan a nadie”.
Si te interesa el Seminario Permanente Transficción 2026, descubre la primera jornada: Investigar la violencia sexual: método, dudas y revictimización.

