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Raúl Asencio y la maravillosa materialidad de un oficio que no tiene nada de místico

Hay personas que hablan de libros como quien describe una reliquia sagrada, con una voz engolada y un respeto casi paralizante. Y luego está Raúl E. Asencio. Para Raúl, el libro es, por supuesto, un objeto de placer, pero es también materia, oficio, dinero y horas de caseta bajo el sol. En un mundo editorial que a menudo prefiere mirarse el ombligo a través de una lente empañada de nostalgia, Raúl se dedica a limpiar el cristal.

Jonathan Barranquero// @jonabg__

Nos encontramos en ese ecosistema que él conoce tan bien: el de la gestión cultural que no teme mancharse las manos. Raúl es el motor detrás de proyectos como Epicanto, editor en La Caja Books y un dinamizador nato en la escena zaragozana. Pero, por encima de los títulos, es alguien que entiende que la lectura, aunque se haga a solas, necesita desesperadamente de la comunidad para no morir de frío.

El duelo de la Feria y el nacimiento de un podcast

Todo gran proyecto suele nacer de una carencia o de una despedida. Para Raúl y su compañera María Trapero (editora de Andana Gráfica), el germen fue el «duelo» post-feria.

«Fue justo el año pasado, en la Feria del Libro», me cuenta con la naturalidad de quien recuerda una charla de café. «María y yo compartíamos muchas horas en la caseta. Por allí van pasando amigos, compañeros, editores… es un momento de mucho trabajo, pero también de mucho diálogo«.

Cuando los bártulos se recogen y las casetas se cierran, queda un vacío. Ese intercambio de sabiduría gremial, de quejas compartidas y de descubrimientos literarios corría el riesgo de evaporarse. «Teníamos cierto duelo de que esas conversaciones no fueran a poder continuar, y se nos ocurrió la idea del podcast sencillamente para darle continuidad a ese espacio«.

Raul Asencio junto a María Trapero en la Feria del Libro de Madrid
Raul Asencio junto a María Trapero en la Feria del Libro de Madrid

Así nació la idea de un podcast que no busca ser una clase magistral, sino una ventana abierta a lo que ocurre detrás del telón. Raúl tiene una cruzada personal contra la opacidad del sector: «Creo que la industria editorial no ha sido históricamente la más transparente. Es interesante poder hablar con naturalidad del dinero, de las rutinas, de la materialidad de un oficio que ha estado revestido de cierto misticismo que no lo tiene».

La Montonera: el refugio de la no ficción

Si el podcast es su forma de proyectar voz hacia afuera, el club de lectura en la librería La Montonera de Zaragoza es su toma de tierra. Aquí, Raúl rompe otra lanza: la de la no ficción. Mientras la mayoría de los clubes de lectura se pierden en los laberintos de la novela, él propone el ensayo, el texto experimental, el pensamiento bruto.

«La idea es siempre la misma: leerlo el mes anterior y reunirnos para comentarlo», explica. Pero no es una tertulia de bar al uso. Raúl ejerce de guía, pero no de censor. «Intento hacer una introducción, explicar quién es el autor, cuáles son los procedimientos formales… dar un poco de contexto para sentar un marco para la discusión«.

Fachada de la librería “La Montonera”
Fachada de la librería “La Montonera”

Lo más gratificante para él no es confirmar lo que ya sabe, sino ver cómo el ensayo rompe prejuicios. Me cuenta, con una chispa de orgullo, que lo más bonito ha sido ver aparecer a gente que jamás había tocado un ensayo o un texto experimental y descubrir, de repente, que «hay un territorio inexplorado y fascinante al que ni siquiera pensaban que podían acceder«.

Entre tiktokers y el regreso a la hoguera

Hablamos sobre el elefante en la habitación: la hiperdigitalización. ¿Qué pinta un libro de papel en un mundo de vídeos de quince segundos? Raúl no se muestra apocalíptico, sino analítico. Observa la pérdida de hegemonía de los suplementos culturales de toda la vida y la irrupción de bookstagrammers y tiktokers, pero detecta un movimiento pendular interesante.

«Hay también un regreso a la comunidad», afirma. Los clubes de lectura, según su visión, podrían ser una reacción o un «refugio» frente a la frialdad de la pantalla. «Es la búsqueda de espacios comunes, de la lectura en común, de la conversación… el libro compartido y puesto en común».

El misterio de lo transformador

Al final de nuestra charla, le lanzo la pregunta del millón, esa que suele invitar a la grandilocuencia: ¿Sigue teniendo la lectura un papel transformador en la sociedad?

Raúl guarda silencio un segundo. No hay rastro de la respuesta ensayada que daría un gurú de la cultura. «Honestamente… no tengo ni idea«, confiesa con una humildad que desarma. Se niega a fabular o a soltar lugares comunes. Reconoce que la lectura es un pilar fundamental de la escolarización, pero se muestra cauto sobre su peso transformador en la hegemonía actual del pensamiento. «Tendría que estudiarlo. Es una buena pregunta».

Esa honestidad es, quizá, la mejor definición de Raúl E. Asencio. No está aquí para venderte el misticismo del «escritor maldito» ni la «magia de los libros». Está aquí para recordarte que los libros los hacen personas que pagan facturas, que los procesos son complejos y que, aunque la lectura sea un acto solitario, leer con otros es la única forma de que ese territorio fascinante no se quede vacío.

Nos despedimos y me quedo con la sensación de que, mientras haya gente como él empeñada en crear «espacios de socialización maravillosos», el papel del libro, sea transformador o no, está al menos a salvo de la indiferencia.

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