Alemania se suma a la huelga feminista

Patricia Alcusón//

A raíz del éxito de la huelga de mujeres del año pasado en países como España y Argentina, los colectivos feministas alemanes decidieron dar un paso adelante y organizarse para trasladar esta lucha a su propia región. Todo comenzó con un email que envió una integrante del Comité de Huelga de Berlín al resto de colectivos invitándoles a sumarse a la causa. De esta forma, más de 300 mujeres participaron en el primer Encuentro Estatal de Mujeres el fin de semana del 10 y 11 de noviembre en Göttingen, donde decidieron convocar una huelga a nivel nacional el 8 de marzo.

Alemania se despertaba un poco más feminista. Las mujeres preparaban entusiasmadas sus pancartas para la manifestación que tendría lugar por la tarde. Se respiraba ilusión, pero también nerviosismo. Nadie sabía la acogida que tendría esta primera huelga. A mi derecha, cinco hombres preparaban el desayuno para las presentes. Café, té, pan y distintos bizcochos veganos decoraban la mesa principal.

Por fin había llegado el día que llevaban esperando tantos meses. Cientos de mujeres vestidas con distintas prendas moradas marchaban en dirección a la plaza de la catedral. La acogida inicial era impactante teniendo en cuenta que no se movilizaban así desde 1994. La lectura del manifiesto daba el pistoletazo de salida de la marcha. Las pancartas reclamaban un salario igualitario, la legalización del aborto y el fin del sexismo y las violencias machistas. La participación masculina era notablemente alta y tenía un espacio reservado al final de la manifestación en señal de apoyo a la causa.

Pancarta realizada por una huelguista durante el café de mujeres en Allerweltshaus. Foto de Frauenstreik Köln Feministisch Queer Antirassistisch
Pancarta realizada por una huelguista durante el café de mujeres en Allerweltshaus. Foto de Frauenstreik Köln Feministisch Queer Antirassistisch

La jornada adquiría su punto álgido a mitad de la tarde cuando 3000 mujeres cantaban y bailaban al unísono por el fin del patriarcado. Un poco más adelante escuché unos gritos que me resultaron familiares: “De nooorte a sur, de eeeste a oeste, la luuucha sigue, cueste lo que cueste”. Un grupo de unas 20 españolas habían decidido unirse para animar al resto a alzar la voz y demostrar el carácter internacional del conflicto. Algunas estaban estudiando en Colonia o alrededores; otras, se habían visto forzadas a emigrar al país teutón para encontrar trabajo.

La emoción recorría los rostros de todas de principio a fin de la marcha. Un camión convertido en escenario se encargaba de la música. A mi izquierda descubrí como una policía susurraba la letra entre sus compañeros varones. La complicidad que se percibía entre los distintos colectivos era abrumadora. Aquel 8 de marzo, mujeres, transexuales y queer* hicieron posible que Colonia despertase del letargo en el que se había visto sumida en los últimos años.

Finalmente, la manifestación concluía en la céntrica plaza de Heumarkt. El colectivo de mujeres kurdas, de enfermeras y de feministas de Colonia ponían fin a la marcha. A pesar de los motivos de la huelga, el ambiente combinaba lo combativo y lo festivo, creando una unión especial entre todas las mujeres que habían aportado su granito de arena en esta lucha, que no había hecho nada más que empezar.

Sin embargo, no todo han sido buenas noticias. Existe una mayoría en Alemania que tacha esta huelga de innecesaria. Nadie diría que se encuentra dentro de los tres primeros países con mayor brecha salarial en la Unión Europea. Tampoco que el aborto es ilegal. No obstante, la realidad es totalmente distinta.

Inicio de la marcha en la plaza de la Catedral de Colonia. Foto de Marcos Angeloni
Inicio de la marcha en la plaza de la Catedral de Colonia. Foto de Marcos Angeloni

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania concentró todos sus esfuerzos en renovar su imagen. La llegada de la democracia trajo consigo el reconocimiento de nuevos derechos y libertades. Las mujeres por fin tenían un hueco en la sociedad. El progreso evidente que se produjo en el sector económico y social ha llevado al país germano a ser considerado como la gran potencia europea. “El fin del fascismo y la visión tan interiorizada que tienen los alemanes del Estado de Bienestar son dos de los motivos de la calma y la pasividad social frente a las desigualdades todavía existentes”, asegura Ruth Spiller, encargada de las redes sociales y la movilización de la huelga feminista en Colonia.

En el ámbito de la mujer, la situación empeora. Según la Oficina Federal de Estadística del país, Alemania se sitúa entre los tres primeros en lo que a brecha salarial se refiere. Las mujeres cobran un 21% menos que los hombres realizando el mismo trabajo. La lucha contra la violencia machista ni siquiera se contempla. Es un concepto que no ha sido asumido por la sociedad ni por los medios de comunicación. Sin embargo, supone una de las mayores lacras del país. En 2017, más de 110.000 mujeres fueron maltratadas o amenazadas por sus parejas o ex parejas y, de ellas, 147 fueron asesinadas. Casi tres a la semana.

“Leerer Block”, el bloque vacío por las mujeres que no pueden secundar la huelga. Foto de Marcos Angeloni
“Leerer Block”, el bloque vacío por las mujeres que no pueden secundar la huelga. Foto de Marcos Angeloni

Por no hablar de que las clínicas abortivas tienen prohibido anunciar cualquier tipo de información en Internet. El artículo 218 del Código Penal se refiere a la interrupción del embarazo como un crimen y una “ofensa contra la vida”. Sin embargo, en la práctica ni se castiga ni se persigue siempre y cuando se realice durante los tres primeros meses, se haya recibido previamente asesoramiento por parte del personal autorizado y se haya esperado tres días antes de llevarlo a cabo, lo que supone para la mujer un vacío legal que puede provocar una sentencia condenatoria en su contra.

Gracias a los movimientos feministas que han surgido en España y Argentina, las mujeres alemanas han despertado de la anestesia provocada por un falso Estado del Bienestar. Ahora solo falta la continuidad en el tiempo y en la fuerza para que el movimiento feminista cuaje en la sociedad alemana y provoque una verdadera igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

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