American Schadenfreude

Texto: Tim Stark. Traducción: Marta Sofía Ruiz. Fotografía principal: Seth Anderson//

La voz de un norteamericano en España

Levanta la mano si no estás aburrido ya con los (¿solo los estadounidenses?) comentaristas políticos que se hacen eco de ciertos hechos (“Esto es lo que está sucediendo y no es bueno para ellos…”) y llegan a una determinada conclusión (“aun así, entiendo por qué votan como lo hacen: son pobres, tristes, estúpidos “) para explicar la reciente popularidad resurgente del autoritarismo, incluyendo el populismo del fascismo tribal de derechas y el populismo burgués (ejemplo de este último es el europeo exiliado cuyo apellido elegantemente rima con Apuigdemont).

Seems it is still a little buggy…

La mayor parte de los periodistas interpretativos restantes, en un esfuerzo por explicar qué demonios está pasando, dan por hecho el comportamiento irracional de los demás. Ofrecemos un modelo cultural emocional al que adjuntamos añadidos (normalmente arrogantes) sobre cómo dichos comportamientos pueden manipularse modificarse.

Dejemos claro algo: si no puedes explicar las acciones de alguien, no significa que ese alguien esté loco o que sea estúpido. No, no estoy hablando de Trump, estoy hablando de todas las personas que votaron por él. Estoy hablando de los cientos de miles de seguidores que tiene Alternativa por Alemania en su Facebook (más que los socialdemócratas y los demócratas cristianos de Merkel juntos). Estoy hablando de los fanáticos de Nigel Farage en Gran Bretaña (¡y ahora en los Estados Unidos!). Estoy hablando de seguidores de populismos de izquierdas en Europa. Estoy hablando de cualquier grupo del que se pueda decir (con muy buenas razones) que vota en contra de su propio interés.

Or are they?

George Lakoff, Profesor Emérito de Ciencia Cognitiva y Lingüística de la Universidad de California en Berkeley, ha estado diciendo durante años que la clave para entender lo que está sucediendo es comprender que es erróneo pensar que la gente vote de manera racional. Antes de decirme ‘ya escuché eso’, agregaré que esta eminencia afirma que TODAS las personas son irracionales, no solo los conservadoras a los que, por lo general, consideramos estúpidos. Todos votamos a la moralidad con la que nos identificamos, es decir, votamos a valores. Es más, simplificándolo mucho, estamos divididos en dos campos éticos: los conservadores que votan por las figuras del ‘Padre Estricto’ (incluso a mujeres en los países más iluminados de Europa) y los progresistas que votan por ‘Padres Cuidadores’. Lakoff afirma que “cuando se trata de política, los progresistas y los conservadores tienen, esencialmente, cerebros diferentes”.

Lakoff explica que los progresistas identificados con el ‘Padre Cuidador’, educados para la Ilustración, se engañan a sí mismos al pensar que todos “piensan”, y, por lo tanto, consideran que todos los miembros de una sociedad deben llegar a un acuerdo ilustrado sobre las leyes y políticas y su sociedad resultante. Esta sociedad resultante, nos recuerda, estaría dirigida por un gobierno ideal al estilo Lincoln pensado por y para los ciudadanos que, a su vez, cuidan a otros ciudadanos, dando como resultado la libertad para todos. Es razonado y razonable que esta libertad requiera la reunión y el intercambio empático de los recursos públicos. El resultado del mundo real es que los progresistas se sorprenden cuando descubren que los conservadores no están de acuerdo. Y luego pierden elecciones como los buenos demócratas que son.

Mientras tanto, el gran papá Trump insulta –el insulto es una gran victoria– y sus hijos le votan. Como lo ilustra Lakoff, la moralidad conservadora al estilo ‘Strong Father’ ve el mundo de la siguiente forma:

• Dios sobre el hombre
• El hombre por encima de la naturaleza
• El disciplinado (fuerte) sobre el indisciplinado (débil)
• Los ricos sobre los pobres
• Empleadores por encima de los empleados
• Adultos por encima de los niños
• La cultura occidental por encima de otras culturas
• América por encima de otros países
• Hombres por encima de las mujeres
• Blancos por encima de los no blancos
• Cristianos por encima de los no cristianos
• Heteros por encima de Gays

Blog “Two Questions About Trump and Republicans that Stump Progressives” July 1, 2017 www.georgelakoff.com

Los progresistas defendemos férreamente nuestros valores (pensamos que, al menos, son valores y tienen sentido) y creemos que la lista anterior es estúpida y horrible. Ellos son los malos y somos nosotros los que tenemos razón. Somos conscientes de lo que pasa y ellos no. En definitiva, somos mejores. Agregue a eso la afirmación anterior de que somos biológicamente  diferentes y se topará con un problema.

¿Qué hacer entonces?

Colin Woodard sugirió en American Nations que esta situación, al menos en Estados Unidos, no se resolverá mediante ninguna cooperación o entendimiento común; lo que sucederá es que, al final, “ellos” (una coalición conservadora de esclavos sureños, pugilistas, occidentales y populistas) tendrán su propio país. Sonreímos y pensamos: déjenlos. Incluso les dibujamos un mapa: Alabama, Mississippi, Texas, las Carolinas… quizá un amago de Berlín Oeste en Austin y en Raleigh. Estúpidos imbéciles egoístas.

At least they are at times entertaining.

Y nos felicitamos al determinar que esos propietarios de esclavos son imbéciles. Y, de paso, incluimos a todos los conservadores. Utilizamos a Lakoff en su contra y no para reflexionar. No obstante, permítanme una aclaración: no estoy diciendo que, de primeras, esta sea su intención; solo interpreto que, muy a menudo, elegimos el camino de considerarlos idiotas.

El colaborador Chauncey DeVega ha dejado patente en varios de sus escritos que odia a las personas que odia (La factura del carnicero ha vencido: el presidente Donald Trump está a punto de victimizar a sus propios votantes). No todos los racistas sufren por la supuesta dinámica progresista en la que viven, escribe, y, por supuesto, defiende que ese supuesto sufrimiento no es una excusa que pueda llevarnos a posturas racistas. Asimismo, despoja de toda racionalidad la fantasía de que el sufrimiento de las personas racistas está justificado. 

Admito moverme en los mismos parámetros que Chauncey DeVega, pero esta cuestión nos deja todavía un problema que no debe obviarse: si realmente nuestros contrarios ideológicos son personas con las que no podemos entendernos, ¿qué es lo que vamos a hacer?

[1] Moral Politics (1996), Don’t Think of an Elephant ( 2004), Thinking Points (2006 ), Whose Freedom (2006), The Political Mind (2008),

 

Versión original

American Schadenfreude

Raise your hand if you are not yet bored with (only American?) political commentators who enlist facts (“This is what is happening and it is not good for them…”) and reason (“… yet I understand why they vote as they do:  they are poor, sad, stupid.”) to explain the recently resurgent popularity of authoritarianism, including rightwing tribal fascism populism and leftwing smartphone app bourgeois populism (an example of the latter being the European one whose elegantly exiled leader’s last name rhymes with Apuigdemont).

The bulk of remaining interpretive journalists, yours truly included, in an effort to explain what the hell is going on, take as a given the irrational behavior of others. We offer up an emotional cultural model, and we follow that with (by definition arrogant) suggestions of how we might manipulate modify said behavior.

If you can’t explain the actions of someone, that does not mean that they are crazy or stupid. No, I’m not talking about Trump, I’m talking about all those people that voted for him. I’m talking about the hundreds of thousands of Facebook followers of the Alternative in Germany (more than the Social Democrats and Christian Democrats combined). I’m talking about fans of Nigel Farage in Britain (and now the US!). I’m talking about followers of left-wing populists in Europe. I’m talking about any group you might say (with very good reason) is voting against their own self interest

George Lakoff, Emeritus Professor of Cognitive Science and Linguistics, University of California at Berkeley, has been saying for years 1 that the key to understanding what is going on is to understand that it is faulty to think people vote rationally. Before you say to me “already heard that: see paragraph two above,” I’ll add that he claims ALL people are irrational, not just the conservative ones we judge as voting stupid. We all vote the morality we identify with, that is to say, our values – it is simply that, to generalize, we are divided into two values camps: conservatives that vote for Strict Father figures (even female ones in the more enlightened (?) Europe) and progressives that vote for Nurturant Parents. Lakoff claims that “When it comes to politics, progressives and conservatives essentially have different brains.” Lakoff explains that Nurturant Parent progressives, educated to the Enlightenment, delude themselves into thinking we all “think”, and thus we all should arrive at enlightened (read: fact-based) agreement on laws and policies and their resulting society. This resulting society, he reminds us, would be directed by a Lincolnesque ideal government of, by, and for citizens caring for other citizens, resulting in freedom for all. It is reasoned and reasonable that this freedom requires the gathering and empathetic sharing of public resources. The real world result is that progressives are shocked when they find that conservatives don’t agree. And they go on to lose elections like the good Democrats that they are.

In the meantime big daddy Trump insults someone, an insult is a victory (insults do stick), and let’s raise our glasses to and vote for our father. As Lakoff illustrates, conservative Strong Father morality sees the world in following hierarchy:

• God above Man
• Man above Nature
• The Disciplined (Strong) Above the Undisciplined (Weak)
• The Rich above the Poor
• Employers above Employees
• Adults above Children
• Western culture above other cultures
• America above other countries
• Men above Women
• Whites above Nonwhites
• Christians above non-Christians
• Straights above Gays

Problem is, of course, we progressives agree with our values (at least our values are values and they make sense) and we think the above list is stupid and horrifying. Perhaps this view was understandable, we admire each other for saying, back when we were all ignorant of the earth’s spherical nature and explained things with religions and had kings and all that, but now we know better and they are bad and we are right. In the end we think we are aware and they are not. We think we are better than them. We always have. Add to that the above assertion that they are literally biologically different and we have a problem here.

So what are we going to do?

Colin Woodard suggested in American Nations that this situation, at least in the United States, is not to be solved through any cooperation or common understanding, resulting in, eventually, he predicts, “them” – the conservative coalition of slave culture southerners, pugilist Appalachians, and populist westerners – having their own country. Of course we all smile to ourselves and knowingly shake our heads as we imagine with schadenfreude how those idiots will run it into the ground on the same day our kids win their private high school’s regatta. So sure, let them have it – we’ll even draw a map for ‘em (circles Alabama, Mississippi, Texas, the Carolinas, etc…perhaps a little West Berlin arrangement for Austin and Raleigh (minus the state legislature) and other cool southern cities). There is even historical precedence for the prediction that conservatives need us: a significant contributing factor to the defeat of the Confederate Army in the US Civil war is that the wealthy southern plantation owners resisted being taxed (in kind or in fact) to support the war effort, the main purpose of which was to preserve their own “business model”. Stupid selfish assholes.

At least they are at times entertaining.

Yep, we just congratulated ourselves for determining that slaveowners are assholes. Another small step to include all racists, another to all conservatives. We can now use Lakoff against, not for, understanding. Let me be clear: I’m not saying this is his intention, just an interpretation we all too often choose. Salon contributor Chauncey DeVega has more than once been quite up front about hating the haters: (cfe The butcher’s bill has come due: President Donald Trump is about to victimize his own voters). His position includes the observation that not all racists are suffering, but also that suffering is not an excuse for racism. And our fantasy, and his admission, is that the suffering of racists is justified. I’ll admit to being in this camp, equally comfortable at the hate and the justified ends of the table. But, believing oneself justified still leaves one with the problem: what are we going to do if we really believe that these people just cannot understand like we do?

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