La fascinación libidinosa que reemplazó al periodismo

“What happens when the person assigned to the prosecution is as fascinated by the accused as he is scandalized by him?” 

Jean-François Lyotard

Texto: Tim Stark. Traducción: Ignacio Pérez//

Si me pidieran nominar a alguien como ‘mente pensante más dura del periodismo contemporáneo”, elegiría a Andrew O’Hehir, actual redactor jefe de la revista digital Salon. Las buenas páginas web de compilación de noticias –y creo que Salon es una de ellas– emplean la mayor parte de sus recursos en seleccionar y editar cuidadosamente textos que, originariamente, han sido pagados y desarrollados por otros sitios web. En mi opinión, esto favorece una mayor distribución de contenido de calidad, sin obviar, claro está, la perspectiva editorial del medio compilador. Andrew solía ser crítico de cine de Salon y, aunque el trabajo que ha venido realizando es impresionante, lo que más destacaría de él es el hecho de que lee libros. Andrew busca el contexto de lo que escribe en esos libros y lo expone al lector. Andrew hace su trabajo e intenta sintetizarlo de la mejor manera posible. Resulta difícil superarle teniendo en cuenta la ristra de teorías y argumentos que ha expuesta ya sobre el tren sin frenos que actualmente constituye la política estadounidense. Basta con decir que de lo único que está seguro es de que todos, sin excepción, deberíamos admitir que no tenemos ni la más mínima idea de lo que está pasando.

Demasiados trenes sin frenos. Algunos manchados ya de sangre. Brexit, Catalunya, Israel, Myanmar. Y mientras tanto, tal y como expone Andrew O’Hehir al contextualizar el mundo post-11/9, parece que empleamos nuestro tiempo contemplando una “fascinación insalubre y libidinal”. Imposible apartar la vista. Imposible analizarla. Imposible mejorarla. Solo ver y permanecer extasiados.

Proponer mejoras es una tarea pírrica cuando se desconoce el contexto del que partes o la teoría sobre la que puedes construir una propuesta sólida. Es imposible si, simplemente, en términos del denominado periodismo objetivo, ‘observas’ la matanza. ¿Disfrutaste con la cobertura mediática del libro Fire and Fury? ¿Te asombraste por el hecho de que esta larga novela romántica estilo tabloide-crimen sensacionalista se agotase por adelantado y el mismísimo presidente de los Estados Unidos fomentase este éxito al intentar vergonzosamente censurarla? ¿Has pedido a algún amigo en los Estados Unidos que te reserve un ejemplar? ¿Sientes que teniendo ese libro entre las manos aumenta tu superioridad moral y tu sentido de venganza, tal y como expliqué en mi última columna? Si es así, esto es justamente lo que temíamos cuando decíamos que el fenómeno Trump al final se ‘normalizaría’. Necesitamos información, sí, pero, en la actualidad, la información que se nos da no es más que un puñado de realities. No hay tiempo ni energías para proteger, emplear o, incluso, restaurar el contexto. Ese background que, antaño, habría relegado al mundo de las baratijas y las antigüedades este libro que, en realidad, no es más que un canal de entretenimiento.

Andrew confirma lo que periodistas como Joan Didion llevan advirtiendo desde hace décadas: que la política y el espectáculo son ahora lo mismo que la honestidad o la pretendida honestidad. Esto no hubiese sido así si, desde un principio, nos hubiéramos opuesto a ello. Pero participamos de ello e, incluso, lo llamamos ‘nuestro trabajo’. ¡Cómo de bien nos iría si Oprah fuera nuestra presidenta! ¡Qué fácil sería para los articulistas el generar columnas si todo lo que tuviésemos que hacer fuera el felicitarnos por la sustitución de un viejo-rico-blanco -racista-misógino por una imbécil célebre con un #MeToo; una mujer negra, rica, una celebridad, una farsa, una maga de mala calaña que da coches gratis a sus espectadores.

Gracias a su fama, Oprah, entre otras muchas acciones, ha ayudado a Jenny McCarthy a hacer del sarampión una enfermedad temible de nuevo y a legitimizar las prácticas de algunos curanderos; algo que le cuesta al mundo vidas humanas y millones de dólares anuales. Podría discutirse incluso la idea de que parte de su fortuna proviene del incremento del sufrimiento y la mortalidad entre nosotros. No es para nada una servidora pública; de hecho, es igual de interesada que Trump. Si finalmente entra en el círculo vicioso, no pararemos de observarla, de escribir sobre su imagen sin narrativa alguna, como si se tratara de la cobertura de un accidente de tráfico durante el cual se reparten precios.

Esto, señores, es lo que nos espera si no arrugamos algunos libros y no empezamos a escribir noticias. Que se haya producido el revuelo Fire and Fury –o, al menos, el análisis histórico del periodo en el que se ha producido– es noticia. El grado de exactitud de los detalles que aparecen en el mencionado libro, no. Es más, solo sirven para generar especulaciones estridentes y escabrosas. La fascinación libidinal y especulaciones vistosas son para los adolescentes, para las películas en las que aparecen James Spader or Robert De Niro y para el resto del mundo después de unas cervezas, no para discusiones serias sobre el presente y el futuro.

En su último artículo-sumario de 2017, Andew O’Hehir –y sus referencias académicas provenientes de Baudrillard y Fukuyama– dejan al propio lector que deduzca cuáles son los detalles y los mecanismos que han hecho que el mundo sea en la actualidad como es. No es muy alentador, pero, al menos, te hace pensar y no solo experimentar. Probablemente, estamos más cerca que nunca de la guerra nuclear, del genocidio, de las hambrunas, de la degradación del experimento europea, de la destrucción del planeta. No hay duda de que debemos volver al trabajo.

Versión original:

My nominee for “Hardest Thinking Individual in Contemporary Journalism” is, and for some time has been, the now executive editor of Salon, Andrew O’Hehir.  Good aggregator sites like Salon spend more of their resources on quality selection and editing of work that may be originally funded by and credited to another site, resulting in wider distribution of better material (along the same editorial perspective, of course).  Andrew used to be their film critic, and, although he has an impressive body of work, I’d rather point out that Andrew reads books.  Andrew seeks context for what he has to say and explains that context to you the reader.  Andrew does his homework.  He attempts synthesis. I won’t try to improve upon his own summary of his observations and theories concerning the slow train wreck of American politics we are living.  Suffice to say he is sure of nothing except that we should admit we have little idea what is actually happening.

Lots of slow train wrecks these days, some bloody, all costly -Brexit, Catalunya, Israel, Myanmar- and yet we, to borrow from O’Hehir’s heady attempt to provide historical context to world politics post 9/11, seem to be spending our time in an “unwholesome, libidinal fascination” watching.  Can’t turn away.  Can’t analyze.  Can’t propose improvements.  Just watching, excitedly.

Proposing improvements is hard enough when you can’t provide a context or form a theory from which to construct.  It is impossible if you are simply, in the name of objective journalism “observing” the gruesome carnage:  Enjoying the coverage of Fire and Fury?  Fascinated by the fact that this long, tabloid-quality romance novel / true crime pulp sold out in advance and that it’s subject, the very President of the United States of America, aided and abetted in his own embarrassment by attempting to censure it?  Have you asked a friend in the US to try and get you a copy?  Do you somehow feel that having this thing in your hands will increase the level of your vengeful excitement I tried to describe in my last column?  This is what we feared when we said Trump would be normalized.  We profess a need for information, but actually we are all just a bunch of reality show fans.  No time, no energy, to protect, refer to, or restore the previous context that would have relegated an antic such as this book to an entertainment channel.

Andrew claims what prescient political reporters like Joan Didion have suspected for decades: politics and show business, earnestness and pretend earnestness, are now the same thing.  This would not be true if we did not allow it.  We participate and we call it our job.  Oh how much better it would be for our country if Oprah were to become president.  Oh how much easer it will be for us to get out those column inches, when all we have to do is congratulate us on replacing a rich old white male racist misogynist idiot celebrity with a #MeToo – certified black female (rich, celebrity, bullshitting, showboat magician – oh, pardon) that gives her audience free cars.

Oprah has, through her fame, helped Jenny McCarthy revive measles, and promotes medical quackery that is costing the world human lives and wasting billions annually.  It is arguable that she has made herself rich by, among other things, increasing our suffering and killing some of us.  She is not a public servant; she is as selfish as Trump.  But boy oh boy, if she enters the ring, we won’t stop looking, er, writing about the image, sans narrative, she projects.  Like a car accident with prizes.

But that’s all we have if we don’t crack some books and start writing some news.  That Fire and Fury happened, or a historical analysis of when it happened, is news.  The degree of accuracy of each juicy claim in the book is not, and serves no purpose beyond compounding lurid speculation.  Libidinal fascination and lurid speculation are for teenagers, films starring James Spader or Robert De Niro, and the rest of us after a few beers.

As Andew O’Hehir admits in his year end summary above,  his academic Baudrillard / Fukuyama axis description of recent history (his linked stories above elaborate, and I’ll go there next column) leaves us to fill in the details (and the mechanisms!) of how the state of the world just happened,  but at least the motivation is to think, not just experience.  We are nearer to nuclear war than perhaps we have ever been, genocide and starvation, degradation of the European Union experiment, destruction of the planet are occurring, today.  We need to get back to work.

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