La vuelta al origen: Oliete y su aceite de oliva

Marta Franco Gascón, Cristina García Gómez, Paula Cortés Cereza, Marcelo Ramos Saltré y Miléna Baissieres Gauthé//

10 de junio de 2014. Ha terminado el frío invierno de Oliete (Teruel) y los únicos cuatro niños del municipio vuelven a corretear por las calles del pueblo. El resto de habitantes, todos ellos mayores de 65 años, los miran sentados en las sillas que han sacado a la calle. Añoran lo que fue aquel lugar, siempre tan lleno de vida. Mientras tanto, a pocos metros de distancia, siete personas empiezan a trabajar. Han comenzado el proyecto Apadrina un olivo. Es el momento de frenar la despoblación del Bajo Aragón y recuperar su bien más preciado: el aceite de oliva.

Oliete, que viene del latín olivatum y significa olivar, es también la palabra que da nombre a un pequeño pueblo turolense. La localidad cuenta con miles de olivos que fueron abandonados hace más de cien años y que, en los últimos diez, han recobrado su vida a través de Apadrina un olivo. Se trata de una iniciativa con la que se invita a cualquier persona a pagar 60 euros por apadrinar uno de estos árboles y, a cambio, recibir dos litros de aceite de oliva virgen extra (AOVE) al año. Una idea que favorece la diversificación e integralidad al permitir que gente de todas las nacionalidades forme parte del proyecto.

Vecinos de Andorra, Alacón o Ariño, entre otros, se han sumado. Pero no solo ellos. La idea se ha transferido y también belgas, franceses y alemanes han paseado por las calles de Oliete para visitar sus olivos apadrinados. El impacto positivo de esta iniciativa ha quedado demostrado: de los 100.000 olivos, ya se han recuperado 20.000. Ahora, cuarenta personas trabajan día a día para cumplir el objetivo con el que, en palabras de Jaime Grimaldo, miembro de la organización, nació el proyecto: “Queríamos recuperar el pueblo y fijar población”. 

Carlos Blanco es el maestro de su almazara, uno de los lugares más relevantes de Apadrina un olivo. Allí se encarga de la elaboración del aceite, una tarea que realiza con mucha delicadeza. Como relata Grimaldo, el maestro dedica la mayor parte de su atención a atender parámetros como el de la temperatura: “Carlos es muy delicado y va controlando que no se pase de los 27 grados. Con más temperatura, aunque el rendimiento es mayor, la calidad baja”. Según explica Jaime, “entre 30 y 60 grados es virgen y, más de eso, es refinado, malo, lampante”.  En Oliete no se conforman con un aceite que no sea virgen extra.

Otras dos características muy importantes para los trabajadores de la almazara son el cuidado del fruto y el uso de productos ecológicos que aseguren la sostenibilidad. Es la propia organización la que se hace responsable de todo el proceso de elaboración, desde la plantación del campo hasta el filtrado del aceite. Se asegura de que no se utilicen pesticidas ni fertilizantes y se encarga de comprar el abono ecológico que luego emplean los agricultores. Grimaldo cuenta que, para garantizar que las olivas no se estropeen, las recogen “en cajones de 380 kilogramos, que es el peso ideal para una buena conservación”.

La Manzanota, una variedad única de olivos

Además de estos cuidados en su producto, Apadrina un olivo se caracteriza por contar con una reliquia: la Manzanota, una variedad única de olivos. La mayoría de estos árboles superan los 500 años, por lo que, además de ser exclusiva, es la más antigua del pueblo. Pero si hay algo que llama la atención es el aspecto de su fruto; una oliva que, al igual que las manzanas, se caracteriza por su color rojizo y su gran tamaño. También su sabor la diferencia del Empeltre, la otra especie que plantan, al contar con matices a hierbas aromáticas y picar un poco más de lo habitual, algo que le aporta un regusto original. Su aceite es, en definitiva, el tesoro líquido de esta localidad turolense.

Pero encontrar este tesoro no ha sido sencillo. Como cuenta Nicolás López, responsable de comunicación de la organización, “su historia comenzó a raíz de una investigación por una molturación en la almazara en la que no se conseguía detectar el tipo de aceite que se estaba tratando”. A partir de este suceso, añade Nicolás, “comenzó un estudio en el que se descubrió una tipología diferente de árbol y, por tanto, de oliva”. El motivo de la desaparición casi absoluta de la Manzanota reside en que, en sus inicios, “se cortaba para injertar Empeltres, una variedad mucho más productiva”. Y explica que “es un árbol becerro, lo que significa que un año da olivas y al siguiente no”.

A pesar de que la producción actual de esta especie es muy escasa, ya que, como cuenta López, “es probable que este año dé para unas 500 botellas de cuarto de litro, es decir, ni 200 litros”, su exquisitez y calidad hacen que desde la organización se apueste por ella. Al igual que los del Empeltre, sus árboles se pueden apadrinar a través de la página web. Nicolás lo ejemplifica: “La mayoría de los olivos de la Manzanota están en los campos numerados a partir del 600. De hecho, tiene uno la hija de Félix Rodríguez de la Fuente”.  

Padrinos viendo su Manzanota
Padrinos viendo su Manzanota | Fotografía: Nicolás López

Para conseguir una mayor replantación de esta variedad, Apadrina un olivo trabaja desde hace dos años en la elaboración de un reportaje sobre esta “especie endémica”. “Estamos haciendo un video contando la historia del árbol. Tenemos documentos que constatan que el primer registro se hizo en torno al 1800, pero ese papel cayó en el olvido…”. Esto complica en gran medida la comunicación y elaboración del proyecto. Sin embargo, desde la organización confían en sacar adelante esa “pequeña producción” y trabajan para “incluirla a través de un código QR en la propia botella de aceite de Manzanota”. 

Retahíla de premios

La suma del cuidado que dedican al proceso de elaboración, la exportación a otras zonas de Europa y, sobre todo, la priorización de la calidad sobre la cantidad del producto, son algunos de los rasgos que han permitido que el AOVE de Apadrina un olivo gane en manos de Carlos Blanco, su maestro almazarero, el premio al mejor aceite del Bajo Aragón 2024. Un premio con el que ya fueron galardonados en 2020 y 2022, y por el que recibieron el segundo puesto en 2021 y 2023. 

Es 10 de abril de 2024. Ha comenzado la primavera de Oliete (Teruel), y los cuarenta trabajadores de Apadrina un olivo trabajan en sus instalaciones. El número de agricultores asociados ha superado los 300, y el proyecto trata de responder a todas sus necesidades. Mientras tanto, a pocos metros de distancia, se realiza un taller formativo en Despertadores rurales, el innovador coworking de la organización. En el bar del pueblo, varios visitantes compran aceite de oliva virgen extra. Los de siempre, se sientan a tomar algo. Parece que, poco a poco, en esta localidad turolense desaparece la etiqueta de “despoblado”.

Oliete | Fotografía: Marta Franco y Cristina García
Oliete | Fotografía: Marta Franco y Cristina García

Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_1 Emergentes), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Tercera edición) con “Ellas son campo”.  

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