Bienvenidos a la Cuarta Revolución Industrial

Matías Stratta //

Si la Tercera Revolución Industrial fue la de los aparatos y las telecomunicaciones, la cuarta es la de los robots. Al menos, eso afirma el periodista Andrés Ortega, autor de La imparable marcha de los robots. Por eso, a medida que la tecnología avanza, cada vez más puestos de trabajo están siendo sustituidos por máquinas.

Cada vez hay menos personas en las plantas de ensamblaje, en las fábricas de producción en cadena o en la mayoría de las industrias de montaje. También en las plantillas de trabajo de empresas pertenecientes a otros sectores. En definitiva, la tecnología está cada vez más implantada en el desarrollo de gran parte de los trabajos.

Un claro ejemplo de esta tecnología en el empleo es el de los cajeros automáticos, un invento que cumple medio siglo. Esta máquina fue diseñada por un ingeniero enfadado tras llegar al banco un minuto después de que cerrase y no poder retirar su dinero. Hoy en día hay más de 3.000.000 cajeros automáticos en el mundo —en España, 53.000— . Un cajero cubre 3 turnos de 8 horas de 3 empleados —solo en España, los bancos necesitarían más de 150.000 empleados para hacer la misma función—. ¿Cuántas veces por semana usamos el cajero? Entregar dinero es una función repetitiva que puede realizar la máquina. Lo que no puede hacer, de momento, es solucionar los problemas de los clientes, a pesar de que ya existe un robot en la entidad española Abanca que les ofrece productos financieros.

Todo esto plantea un panorama incierto que lleva al planteamiento de varias cuestiones. Vayamos por partes…

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¿Cuántos puestos de trabajo se van a destruir debido al avance tecnológico?

En el último World Economic Forum de Davos se dijo que en los 15 países más industrializados del mundo peligran más de 7 millones de empleos de aquí a 2020.

Por otro lado, un informe de la Universidad de Oxford publicado en The Economist señala que en 18 años se perderán 1.600 millones de puestos de trabajo debido a lo que denominamos inteligencia artificial, es decir, programas diseñados para realizar determinadas operaciones que se consideran propias de la inteligencia humana. Así, setecientas profesiones desaparecerán porque serán realizadas por robots y las máquinas  podrían llevar a cabo los trabajos que hoy realiza el 47% de la población económicamente activa. El mismo estudio afirma que 140 carreras universitarias actuales desaparecerán por este mismo motivo.

En este mismo sentido, y según la OCD, el 12% de los trabajadores españoles podrían ser sustituidos a corto plazo y en 15 años podrían desaparecer 8 millones de puestos de trabajo en nuestro país. CCOO, por su parte, destaca que hoy en día los robots ya ocupan un 8% de los puestos de trabajo en todo el mundo y que en 2020 pasarán a realizar el trabajo de 1 de cada 4.

Antonella Broglia, comisaria de las conferencias TEDx en Madrid, sostiene que esta revolución no es como las anteriores. Las máquinas actuales no son herramientas ni complementos para los trabajadores; esta vez se produce una sustitución neta de trabajo y frente a un adversario que cuenta con muchas ventajas a su favor. Los humanos dudamos y los robots no.  Además de ser más rápidos y tener más información que nosotros pueden trabajar en condiciones en las que un humano flaquearía y lo hacen con una fuerza incansable. Un robot no tiene horario, no se aburre ni se queja. No tiene vacaciones, no coge la baja ni enferma. Tampoco pide aumentos de sueldo ni hace huelga. En definitiva, con la robotización la productividad se dispara.

¿Qué puestos son los que corren mayor peligro de desaparecer?  

A priori, los trabajos repetitivos son los más proclives a extinguirse, pero esta revolución es excepcional debido a que las máquinas no solo suplen los rangos más bajos sino que también atañen a empleos cualificados y cargos intermedios.

Puestos como vendedores telefónicos  —los call center dan trabajo en España a 68.000 personas—, mecanógrafos, operadores de cadena de montajes, conductores y militares parecen ser carne de cañón para esta paulatina suplantación del cuerpo por el metal, de la inteligencia humana por la artificial.

Pero nadie está a salvo. Los asesores financieros, por ejemplo, ya cuentan con la competencia de los robo-asesores. Para 2020 la consultora global A. T. Kearney prevé que los robo-asesores gestionen más de 2.000.000.000 de dólares en todo el mundo. También los agentes de seguros cuentan ya con un sustituto. En Japón una aseguradora ha suplantado a 34 trabajadores por un algoritmo de IBM, que resuelve reclamaciones que demoraban 2 días en 10 minutos. Estas máquinas suelen llevar una voz robotizada y femenina. Esto se debe a la asociación de la voz femenina con el apoyo para resolver un problema por nosotros mismos, mientras que la voz masculina es identificada como figura autoritaria que impondrá su propia solución. Queremos que las máquinas nos faciliten la vida siempre que respeten la jerarquía en la que nosotros somos superiores.  

Todos los trabajos relacionados con la clasificación —sexador de caballas o recicladores, por ejemplo— son otro sector en riesgo. Sin ir más lejos, a día de hoy existe un robot en una empresa del País Vasco que es 1.500% más productivo que cualquier ser humano en esta tarea —sexar caballas—.

El mundo rural tampoco escapa a esta revolución y agricultores y granjeros ya ven cómo sus tractores funcionan por GPS,  sus máquinas ordeñan por ellos y los drones sobrevuelan sus campos sembrando a un ritmo imposible para un ser humano.

Y otro ejemplo: Amazon está a punto de abrir en Londres una tienda en la que te llevas el producto que deseas sin pasar por caja, ya que el cobro se carga directamente en tu cuenta a través de la tecnología.

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Los periodistas tampoco podemos relajarnos, si es que este sector ha tenido oportunidad de hacerlo en los últimos años, ya que vienen curvas aún más pronunciadas. El New York Times ha probado algoritmos que escriben crónicas muy básicas respondiendo a las 5W a partir de ciertos datos. Pero ¿quién puede sustituir a un John Hersey con su Hiroshima? ¿Qué robot se atreve?  

Por el contrario, los trabajos relacionados con la salud, la educación y los relativos a la creatividad son los que más asegurados tienen su futuro, puesto que, por el momento, las máquinas no amenazan con suplantarlos.

¿Queremos que desaparezcan?

Educar y reeducar parecen ser las soluciones, pero la mayoría de los niños de hoy en día trabajarán en algo que aún no se ha inventado, trabajos en los que cada día se tenga que hacer algo nuevo que las máquinas sean incapaces de desarrollar. Y es cierto que los robots quitarán muchos puestos de trabajo pero también generarán otros —un mayor número de ingenieros y puestos de mantenimiento, entre otros—.

Quizá estos avances también terminen con la deslocalización. En los 90, muchas empresas se trasladaron a Medio Oriente debido a los bajos salarios que permitían los gobiernos de esos países. Ahora muchos economistas creen que este proceso se puede invertir y que los robots podrían cambiar la deslocalización por la relocalización —si la mano de obra barata puede estar en cualquier lado, lo más lógico será que las empresas se vuelvan a relocalizar donde están los mercados—. Un ejemplo de ello es la juguetera Injusa, que volvió a fabricar en  la provincia de Alicante tras varios años haciéndolo en China.

3Por otra parte, un informe del World Economic Forum calcula que, debido al avance tecnológico, entre 2015 y 2020 se perderían más de 7 millones de puestos de trabajo en todo el mundo y se crearían tan solo 2 millones. Thomas Frey —Director Ejecutivo del Instituto Da Vinci—, considerado un gurú tecnológico, prevé que antes de 2030 2.000 millones de personas perderán su empleo. Si estos pronósticos se cumplen habrá más personas desempleadas que empleadas, lo que generará más desigualdad de la que ya hay en el planeta.

Si este tipo de estimaciones sobre la desaparición de empleos son reales, el panorama será bastante desalentador.  Según el periodista Andrés Ortega un 20% ganará mucho trabajando poco, otro 20% trabajará pero con salarios más bajos y el otro 60% será lo que se denominaría “gente sobrante”.

Asimismo, un informe de La Casa Blanca en los tiempos de Obama, advertía de un potencial incremento de la desigualdad económica en el mundo. Pensamiento que comparte el científico Stephen Hawking, quien afirmó que la inteligencia artificial acelerará esa ya creciente desigualdad económica, algo “inevitable y socialmente destructivo”, alegando que la revolución tecnológica ha creado riqueza, pero también la ha concentrado.

Frente a este problema, Pepe Álvarez —secretario de  UGT— propone reducir la jornada laboral y emplear una renta básica universal con matices —entendiendo “universal” como aquella a la que puedan acceder todas las personas que cumplan los requisitos, no a todas por el mero hecho de serlo—. En Finlandia, en Utrecht y en Auckland hay algunos experimentos en marcha con respecto a la renta básica: El dinero se obtendría de los robots —impuestos—, que serían los generadores de la desigualdad y de la acumulación de riqueza, por lo que habría que repartir los beneficios -una idea compartida por Bill Gates y Benoìt Hamon—.

Sin lugar a dudas, el mundo está cambiando y el problema de la desigualdad se incrementará. Los robots trabajarán por los humanos, pero ¿de qué vamos a vivir? y ¿qué hacer con tanto tiempo libre? El cine y la literatura llevan mucho tiempo planteándose este dilema, pero llegó la hora de que nos lo tomemos en serio. De momento, no correremos como Sarah Connor, pero el futuro ha llegado.

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