“Celebrations”

//Sara González

Parece que hoy en día nada es suficiente. Que tenemos que ser felices, pero con mucho más de lo necesario. Lo que hay que hacer es superarse. ¡Claro! Nos lo merecemos. Así que ¡celebremos! Celebremos Halloween, el día del padre, de la madre, del periodista, las bodas de oro de los abuelos, la fiesta de jubilación o la del dieciocho cumpleaños.

“Celebration” cantaba Rosa en su paso por Eurovisión y así parece que vivimos, en una celebración continua. Una celebración que bien pueden ser propia de un único país, o bien tratarse de una fiesta que compartida entre varios pueblos vecinos. En España, conviven tanto las fiestas patronales, que mantienen su esencia y son muestra de una tradición, como las celebraciones al más puro estilo yankee, que han llegado para quedarse.

Y no solo eso, sino que estas nuevas fiestas incluso han conseguido superar las expectativas de quienes las ignoraban Definidas como “americanadas” estas celebraciones también aportan disfrute y el buen rollo que se respira en quienes las festejan.

Halloween, que, aunque muy tímidamente, también se ha colado en las aulas de los colegios, o San Valentín, dos fiestas que ya se marcan en los calendarios. Y que, además se ha convertido en la excusa perfecta para que absolutamente todos los comercios habidos y por haber te seduzcan con miles de opciones para no quedar mal con la pareja.

Y aunque no te guste la idea, solo por el hecho de seguir la norma de una sociedad que fomenta el consumismo para lograr la felicidad, terminas cediendo y le compras un “detallito” a tu partener o le endosas un disfraz de Spiderman a tu pequeño.

‘Yankeelización’

Norteamérica. La reina de las celebraciones. Donde se toman al pie de la letra las peculiaridades de cada festividad. Desde cumpleaños que exigen una temática incluso para los bebés; hasta bodas que cada año adoptan estilos nuevos (vintage, de película, clásica…) y que, por supuesto, “deben” estar organizadas por la wedding planner más reputada del país. Y un larguísimo y barroco etcétera de acontecimientos que requieren un complejo protocolo, incluyendo los funerales.

Celebraciones cuyos ecos han llegado hasta nuestro país y han generado cierto recelo. Como ha ocurrido con Halloween, una fiesta que se ha convertido, según los expertos, en un auténtico fenómeno de masas. Incluso ha logrado imponerse a las costumbres españolas en un tiempo récord.

Porque hay que recordar que, en España, el 1 de octubre, Día de Todos los Santos, se marca en el calendario como festivo. Una época en la que, por ejemplo, son tradicionales dulces como los huesos de santo o los buñuelos y en la que los cementerios se llenan de flores en recuerdo de los que ya no están.

El director del Instituto de Investigación en Estudios Norteamericanos, Julio Cañero, sostiene que es en las grandes ciudades donde cala más la influencia de lo estadounidense, sobre todo entre los jóvenes, porque esta fiesta se asocia al disfraz de terror con el fin de asustar para divertir. Y, por ende, se deja a un lado su significado religioso, que cobra más sentido en los pueblos, que se mantienen más fieles a visitar los cementerios y seguir el ritual que marca la tradición.

Hoy, muchos jóvenes, visten, comen, leen, aprenden y, por supuesto, celebran como los estadounidenses. Y tal es esta influencia que, en nuestro país, hemos llegado a suplantar muchas de nuestras costumbres por aquellas que más nos atraen de la zona. Una realidad que ya no llama ni siquiera la atención porque occidente lleva inmerso desde hace tiempo en un proceso que podríamos definir como “norteamericanización”. Una tendencia que lleva a los jóvenes y no tan jóvenes a mirar solamente al país de la caída de las Torres Gemelas como referente.

Más ejemplos que lo evidencian y que también han cuajado a la perfección en España son: El “gordito de la Coca-Cola” o Papá Noel y el conejito de Pascua con sus huevos fantasía de chocolate.  Dos casos, que, como apunta Cañero, han sido imitados como consecuencia de la influencia de Hollywood y sus películas, que se han convertido en el medio perfecto para afianzar estas celebraciones en las sociedades contemporáneas. Y no por carecer de estas fiestas en nuestro país, con símbolos muy similares, porque recordemos que mucho antes, ya existían los Reyes Magos y las monas de Pascua, que ya han pasado a segundo plano.

Por el momento, en España no se come el pavo de Acción de Gracias y tal vez eso no ocurra nunca porque se trata de una festividad con un marcado componente patriótico para los norteamericanos, que se celebra todos los años el cuarto jueves de noviembre. Una fecha que comparten con Brasil, donde también se celebra este día, en el que se da gracias a Dios por la familia y por aquello que se posee.

Otra fecha cuyo eco ha llegado a España, ha sido como el Día de San Patricio, típica celebración irlandesa que ha sido la excusa perfecta para que los bares al más puro estilo “inglés” puedan darse a conocer. Y así, llamar a un público muy variado a disfrutar de la auténtica fiesta de la cerveza. Gente amante de esta bebida, rubia o negra, y que está dispuesto a chocar las jarras para brindar en cualquier ocasión.

Costumbre a la que se suman el Black Friday o el ya mencionado día de los enamorados, que también se han instalado, parecen ser el resultado del modelo económico predominante en la actualidad: el consumismo.

¿Consumir es la clave para ser feliz?

El psicólogo Javier Garcés apunta en su estudio “El consumismo: adicción a la infelicidad” que el sistema económico actual necesita ciudadanos adictos al consumo. Porque satisfacer todas nuestras necesidades, se supone, implica necesariamente nuestro bienestar.

Pero cuidado. ¿Acaso a quienes manejan la economía les interesa nuestra felicidad? Pongamos los pies en la tierra. Lo que les importa y es la clave de nuestro sistema, es mantener el mercado en constante expansión, de forma que no dejen de aumentar las ventas de las empresas y, por lo tanto, sus beneficios.

En este entorno, el marketing y la publicidad son las piezas fundamentales que se encargan de mantenernos estimulados para incorporar a nuestras vidas todos los productos y servicios que no tenemos y que, después de percibirlos, pronto necesitaremos. Los posicionan delante de nuestros cinco sentidos para creerlos imprescindibles, útiles y maravillosos, pero que, en realidad, no lo son. ¿O acaso no podemos vivir sin ese pintalabios que resiste a besos, líquidos y comida sin moverse del sitio?

Maslow y otros psicólogos humanistas señalan que a medida que las personas tienen cubiertas sus necesidades básicas, buscan la motivación en otras metas más altas que se traducen en frustración si no se alcanzan. Pero calma, porque ya están los anuncios y los influencers que se esfuerzan en hacer que caigamos en sus redes y convencernos de que, si compramos, podremos dejar atrás esos pensamientos negativos.

No nos engañemos, porque como apunta Gilles Lipovetsky en su libro: La felicidad paradójica: “La sociedad que más festeja la felicidad es aquella en la que más falta…aquella en que las insatisfacciones crecen más deprisa que las ofertas de felicidad. Se consume más, pero se vive menos”. Y está en lo cierto, pero el sistema nos necesita. Necesita personas que compren por encima de sus posibilidades y, por eso, el modelo imperante ha puesto tanta energía en que esto se mantenga. Aunque el precio haya sido construir una sociedad menos humana, menos empática y que esté muy lejos de preocuparse verdaderamente por la salud de nuestro ecosistema, entre otras muchas taras.

Unido a esto, parece ser que los jóvenes, reflejan mejor en nuestra sociedad ese vivir atormentado por el miedo a perderse algo. Sea lo que sea: una fiesta, una aventura con los amigos de la infancia, una relación nueva… Impacientes e insaciables, motivo por el cual, expertos en psicología de las emociones han propuesto calificar nuestra sociedad como la de la ansiedad. Queremos hacerlo todo y lo queremos ya.

Pero, queridos amigos, ni Roma se construyó en un día, ni la mejor crema del mercado borrará las cicatrices, ni la mejor fiesta de cumpleaños hará olvidar a ese ser querido que ya no está para celebrarlo contigo, ni ningún San Valentín hará volver a confiar en el amor a aquellos que lo han sufrido. Así que, mientras tanto, sigamos consumiendo felicidad y celebrando.

FUENTE DE LAS 2 IMÁGENES: Pixabay.

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