El pecho grande, al final, pesa

Texto e imagen: Marta Villarte// 

Normalmente suelo llevar ropa holgada o vestidos, pero una noche que quería salir de fiesta decidí ponerme un top bastante ajustado. Dudé sobre si me sentía cómoda con él por lo que alguien podría opinar. Pero en aquel momento me gustó y me lo dejé puesto. Cuando llegué al encuentro de una amiga mía, esta me presentó a una de sus compañeras de clase y lo primero que me dijo fue: “Vaya tetas ¿no?”. No es que me sorprendiera, ya me lo habían dicho mis amigos, en mi instituto, mi familia lejana, mi familia cercana… Aún así, me molestó.  Sigo sin entender la facilidad con la que la gente se toma el derecho a opinar sobre tu pecho al tenerlo grande, pero nadie me diría nada si no tuviera apenas, al menos no, tras haberme conocido.

Lo que ocurre es que tener el pecho grande está “bien visto”, al igual que el estar delgada. Si tienes muchas tetas te lo van a decir y si estás muy delgada también, como si tú no tuvieras espejo o no supieras que talla de ropa usas. Así funcionan los cánones de belleza en la sociedad, las personas los interpretan como modelos a seguir y rara vez se cuestionan si pueden llegar a acarrear algún tipo de consecuencia física o psíquica. Sin embargo, idealizar el pecho grande es un arma de doble filo. La gente no solo tiene carta blanca para comentar porque lo ven como algo positivo. En realidad, lo que más me sorprende de aquellos que han opinado sobre mi pecho es que solamente lo han criticado cuando no he llevado sujetador, porque éste cuando parece caído, que se cae si lo tienes grande, ya no me gusta tanto . De hecho, yo nunca veo referentes sin sostén, ni en series, ni en revistas, ni en anuncios ni tan siquiera en la calle. 

 

Aún no he visto a ninguna mujer en su trabajo o en un lugar público con el pecho grande y sin sujetador, lo que sí he visto son escotes grandes y cómo la gente de alrededor reaccionaba a ellos. También he escuchado en la televisión a multitud de personajes como Barnie Stinson de Cómo conocí a vuestra madre o Amador Rivas de La que se Avecina opinar sobre los pechos y decir frases del tipo: “Que pechamen” o “No puedo parar de mirarte el escote”. El problema es que estas frases sí que se escuchan en el mundo real y estas figuras de la televisión son referentes para algunos hombres. Cuando llevas escote para una parte de la población eres un trozo de carne y para otra parte eres indecorosa. En ambos casos ha de ser tu problema si lo enseñas o no porque se supone que sabes las consecuencias de llevar escote y “deberías estar orgullosa” de tener tantas tetas. Esta visión se traduce en el hecho de que tu pecho no te pertenece, simplemente es una carga con la que lidiar.

Es muy difícil omitir todos los comentarios que te encuentras en tu día a día sobre tu busto y más cuando no estás segura de si te compensa, ya sean falsas alabanzas o críticas. Cada vez que alguien sugiere que podría cambiarme de ropa por la  situación que se está dando, o cómo una prenda de vestir marca mi pecho, tengo un déjà vu.  En esos momentos revivo escenas de mi vida donde muchas personas se han tomado la molestia de hablar de mi cuerpo y lo han calificado en mi propia cara sin que les hubiera preguntado en ningún momento.

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