Pasado mañana. Viaje a la España del cambio

Gloria Serrano//

Rita Maestre, Pablo Carmona, Sol Sánchez y Rosa Martínez acompañaron a Bernardo Gutiérrez en este recorrido por el poscapitalismo, la cultura abierta, los feminismos, e incluso, la transparencia.
“Es triste que el destino de un hombre sea Sísifo,
que hayamos de llevar sobre los hombros
la misma piedra siempre, que parece
ya nuestro pensamiento, y tropecemos
en ella tantas veces como vidas
quisiéramos tener y sin embargo”.
Juan Vicente Piqueras

No solo para un hombre, para la humanidad entera es triste que la crónica de nuestra historia se asemeje a subir una montaña sin alcanzar la cima. Igual de triste es que la sociedad, ese cuerpo colectivo que juntos conformamos, tenga la apariencia de un Sísifo que repite y repite y repite y repite el frustrante proceso. Dicen que cada vez menos, pero se supone que el periodismo sirve para evitar que la vida en común nos produzca la sensación oscura de ser los eternos hijos e hijas de Eolo y Enárete, los Sísifos contemporáneos que —por más tecnología que inventemos— nunca llegamos. Pero ¿por qué nunca llegamos?

Cuando entrevistó a Ryszard Kapuściński, el periodista argentino Martín Caparrós le preguntó por qué creía que miles de millones de personas soportan la desigualdad y la pobreza. Entonces, el maestro del periodismo del siglo XX que recomendaba estar, ver, oír, compartir y pensar, dijo que la pobreza “es una situación que convierte al hombre en un ser muy pasivo. La pobreza no solo es material: es también social y psicológica. El pobre no lucha, porque para luchar por algo se necesita poder imaginar un objetivo, un futuro mejor”.

Quizás por eso y valiéndose del bagaje periodístico que posee, Bernardo Gutiérrez (Madrid, 1975) propone un paseo por el pasado reciente para acercarnos al futuro, al futuro como sinónimo de esa cumbre que, en estos tiempos, se vislumbra inalcanzable. Pero la expedición planteada no es a un sitio distante ni a un porvenir quimérico, sino a otro más próximo y posible. Pasado mañana. Viaje a la España del cambio (Arpa Editores, 2017), es un libro para “dialogar en diferentes escalas”, para debatir de manera “plural y diferente”, para “retratar lo que está ocurriendo”. Un poco optimista, dice el propio autor.

Cansado de que los medios masivos no expliquen el viraje de España a partir del surgimiento del 15M. Cansado de la toxicidad con que la prensa informa el quehacer de los partidos políticos emergentes y de los nuevos municipalismos. Cansado, además, de que la participación ciudadana no sea visibilizada con suficiencia, el escritor e investigador fascinado por la tecnopolítica y las redes, publica esta obra para presentar los rostros y las ideas de distintos actores respecto de un mosaico de temas de actualidad que van del poscapitalismo a la cultura abierta, pasando por los feminismos y la transparencia.

Dieciséis capítulos, más de treinta entrevistas para hablar de esta “ola que nadie domina”, es decir, para digerir asuntos como el desempleo actual y los nuevos empleos que aparecerán en la siguiente década. Y la precariedad rampante, y la apatía de los jóvenes por las viejas formas de hacer política, y el uso de bots en las redes, y la circulación de noticias falsas, y la ética del cuidado frente a la conducta individualista, y la gama de discursos sociales que interpelan al hegemónico y los privilegios de unos ante la vulnerabilidad de otros. Y los dislates de Trump. Y tantas cosas más que vivimos a diario y fuera de los diarios. Digamos que, las piedras de Sísifo.

Este periplo en busca del “relato de época” ha hecho varias paradas, una de ellas el pasado 30 de junio en la librería Traficantes de Sueños, en Madrid, donde estuvieron cuatro compañeros y compañeras de viaje protagonistas de la coyuntura: Rita Maestre y Pablo Carmona, concejales del Ayuntamiento de Madrid; así como de Sol Sánchez, coportavoz de Izquierda Unida (IU), y Rosa Martínez, diputada de EQUO. Por dos horas, sus reflexiones —o intuiciones— en retrospectiva y prospectiva ocuparon la atmósfera de la sala y las cabezas de las y los asistentes. De nuevo, el movimiento de los indignados en 2011 y la frase “No nos representan” aparecieron como el rumor de fondo, como el momento al que es obligatorio volver para saber quiénes éramos entonces y quiénes ahora.

Presentación libro Pasado mañana 1

De las plazas al asalto institucional

Carmona comentó que esta falta de representatividad sigue vigente, pero que, más que buscar una representación, hoy tendríamos que trabajar para que todas las voces sean expresadas. Maestre sugirió ampliar la mirada para evitar el cortoplacismo e hilar más fino para problematizar qué significa el concepto de sociedad civil y a cuántas personas incluye. Su análisis apuntó a distintos ejes, entre ellos que los movimientos sociales han sido poco imaginativos para dar seguimiento a sus causas y que los políticos de recién ingreso no han sabido lidiar con las críticas a su labor. “La diferencia no presupone el enfrentamiento. Debemos encontrar espacios de colaboración con roles distintos entre activistas y políticos en un gran horizonte común”, indicó.

“¿Qué entendemos por movilización social? ¿Es solo manifestarse?”, preguntó Martínez, tratando de entender cómo ha cambiado la dinámica del activismo que se ha convertido en uno más local, más fragmentado. Sánchez argumentó que la evolución del 15M no sucede en línea recta, pero es innegable la energía transformadora que irradió y ha derivado en el surgimiento de las mareas ciudadanas y las marchas de la dignidad, por ejemplo. Los y las cuatro panelistas coincidieron en que la tarea fundamental de la gente —en las calles, en los barrios— es mantener un contrapeso del poder político.

De la catarsis a la cogobernanza

En una segunda ronda de debate, Carmona se refirió a la paradoja de que el empleo ya no genera dinero para la gente ni posibilita el reparto justo de la riqueza. También mencionó la falta de tiempo y recursos económicos como causas de la crisis de los cuidados. Maestre aceptó que existe un sentimiento de decepción, pero planteó superar la tensión entre lo inmediato y lo posible, entre las expectativas y lo real. “Se puede hacer mucho, no todo y no tan rápido, el cambio es lento”, concluyó.  

Decía Wittgenstein: “El saludo entre filósofos debería ser: ¡date tiempo!”. Precisamente, es lo que Bernardo Gutiérrez intenta hacer con esta obra, regalarnos tiempo que es “condición para pensar”, para pensarnos. Porque como advirtió Martínez, “la excepcionalidad no dura toda la vida, por eso hay que estar atentos al camino y ver cómo se va reubicando y reconstruyendo” lo que en 2011 sentíamos como un ciclón transformador y ahora no tenemos claro si solo fue ventisca de temporada.

Desde su perspectiva, hace falta un proyecto político que incluya regenerar la democracia, poner en valor los derechos sociales, establecer límites ecológicos para no dañar al planeta y —por supuesto— involucrar activamente a las mujeres. Sánchez secundó la propuesta y habló de establecer un programa ecofeminista, en el entendido de que somos seres inter y ecodependientes. También recalcó que, si bien los municipalismos son la orilla más cercana de la política a la cual se aferra el y la ciudadana de a pie, no son lo único y esto hace imprescindible buscar nuevos modelos de vinculación.

Del fracaso de un modelo a la repolitización de la sociedad

Queda un itinerario por cubrir: cambiar conceptos, parámetros, lógicas. Equilibrar la balanza en cuanto a la capacidad de gestión de gobernantes y gobernados, incluir a los que han quedado fuera de este barco o que, dentro, no se sienten parte de la travesía; montar un andamiaje social que permita seguir construyendo o reparando. Como ven, este es un texto que convida más incertidumbres que respuestas, más cometidos que descanso, más navegación que tierra firme. Pero, por igual, menos homilías, menos nostalgias y menos promesas. En suma, una cuota de todo lo que debe contener un libro que aspira a ser de utilidad para el lector con ganas de hacer su parte, de leer y de leerse.
Portada libro Pasado mañana

Y es que:

Es triste trepar riscos cargados de razón
y dejarla caer al alcanzar la cumbre
para después volver al mismo error
un día y otro, como el alma al vicio,
condenados a ser, sedientos, quienes somos:
quienes quisimos ser y sin embargo.

Es triste repetirse como la misma historia,
dar vueltas a la noria, día y noche,
moliendo una manera de ser y de mirar
que te lleva a sufrir y a hacer sufrir.
Llevo mi piedra en mí, mi pensamiento,
y dentro yo, esperando ser tallado,
esculpido, salvado y sin embargo.

Claro que es triste, este impasse nos está doliendo y —seamos francas y francos— las cañas, los partidos de futbol, el verano en las piscinas no bastan para paliar el malestar. Por suerte existe la poesía que revoluciona; están los libros que revelan fragmentos de universo y los y las periodistas que todavía escriben sin tedio o con ánimo de comunicar, de esculpir con la palabra, de alimentar, de exorcizar, de no negar ni adulterar lo que nos pasa. En fin, de invitar al viaje.

Para llevar en la maleta: la España del cambio en una frase

“El 15M obliga a todos los actores a aceptar la agenda que sale de las plazas” — Pablo Carmona.

“Es el ajuste más duro del país en mucho tiempo. Un cambio cualitativo” — Rita Maestre.

“Se trata de buscar intereses globales que armonicen con los locales” — Rosa Martínez.

“(…) Estamos en tránsito, nos movemos en las contradicciones, pero hay pequeñas cosas inadvertidas que son semilla” — Sol Sánchez.

“Pasado mañana es enunciar un mundo” — Bernardo Gutiérrez

Autora:
Gloria Serrano foto Gloria Serranolinea decorativa

Periodista mexicana en Madrid, siempre buscando la grieta en el muro. Máster en Gestión de Políticas y Proyectos Culturales (Universidad de Zaragoza). “Saber mirar y saber decir” son los principales retos del periodismo que aspira a no quedarse en el olvido, que intenta contar algo más que una simple historia. Para mí, cultura se escribe en plural, es la fiesta de lo colectivo.

Twitter Blanca Uson


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