La reapropiación del espacio poético

Sandra Lario //

“Premio de la Crítica: 58 ediciones; premiadas 6 mujeres. / Premio Príncipe de Asturias de las Letras: 35 ediciones; premiadas 5 mujeres. / Premio Cervantes: 40 ediciones; premiadas 4 mujeres. / Premio Nacional de Poesía: 92 ediciones; premiadas 4 mujeres. / Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe: 28 ediciones; premiada una mujer. / Final Nacional del campeonato Slam España: 6 ediciones; no ganó ninguna mujer”.

Cientos de orejas abiertas de par en par escuchaban los anteriores versos de Jacarandá Disidente, la representante de Poetry Slam Vitoria la noche del 10 de junio en el espacio abierto de los Jardines del Prado, en Ciudad Real. Cientos de personas asistían entonces a la séptima final nacional del Poetry Slam España y, aunque entonces nadie lo supo*, el último verso cambió: la palabra de Margalida Follow Thelida —Margarita C. B., representante de Poetry Slam Mallorca— ha sido la ganadora de esta fiesta de la poesía, lo que le da acceso a la final europea —la European Slampionship— y a la mundial y le convierte también en la primera mujer que represente a España en ambas finales.

Un terreno pedregoso en el que pisar firme

Una vez, tras bajar del escenario, alguien le dijo a Marga que por su aspecto hubieran esperado que de ella brotara un poema dulce, romántico. Aquella chica rubia, de ojos azules y piel muy blanca, de la que se esperaban versos inocentes y acaramelados cumpliendo el estereotipo más evidente, les había apuntado con el dedo mientras clamaba sobre la injusticia social y citaba a Maria Mercé Marçal —poeta, catedrática, traductora, activista feminista, lesbiana y comunista—.

Estos comentarios que ha recibido puntualmente no han hecho que la poeta se sienta peor o mejor valorada en el entorno slam. Aunque sí afirma: “Sí he sabido por compañeras que ellas han vivido verdaderos horrores con respecto a publicaciones y recitales. La literatura siempre ha sido terreno pedregoso para mujeres: el reconocimiento nos cuesta más, aunque eso sucede en todos los campos profesionales. Y a eso se une algo real: muchas mujeres deben relegar su actividad literaria por sus tareas inherentemente adjudicadas por ser mujer; es algo que he visto en ocasiones en el slam. A la gente le cuesta vernos en un escenario y que no sea para lucir palmito, para hacer de azafatas o de presentadoras florero”, sentencia en relación con el comentario recibido en aquel recital.

“En el ámbito de la poesía todavía hay una hegemonía masculina. Y el slam es un claro ejemplo, el año pasado fuimos sólo 3 mujeres de 18; el anterior, 2; el anterior, una; y en anteriores, ninguna”, dice Jacarandá, que ya lleva dos años entre esa minoría slammer. Y la minoría no ha dejado de serlo, pero este año lo ha sido con fuerza y sin precedentes: las voces de siete mujeres se han alzado fuertes, libres y rotundas, mucho más cerca de la búsqueda y reivindicación del espacio que les pertenece y que le pertenece a su expresión artística que de la competición entendida como tal e incluida en la definición teórica de slam.

Ellas son Margalida Followthelida —Poetry Slam Mallorca—, Jacarandá Disidente —Slam Poetry Vitoria—, Marta Mississipi —Poetry Slam Valencia—, Carmen Barranco —Poetry Slam Sevilla—, Cristina Indira —Poetry Slam Granada—, Crisal Rodriguez —Poetry Slam Barcelona— y Laura Sam —Poetry Slam Bilbao—. Ellas fueron, junto a otros 12 poetas, las 19 voces que inundaron Ciudad Real los días 9 y 10 de junio en las semifinales** y en la final —a la que pasaron 9 poetas, incluyendo a Margalida, Jacaranda, Marta, Cristina y Laura—. Ellas son siete poetas de diferentes estilos, con distintas inquietudes y ambiciones, pero con un punto en común: su empoderamiento en el escenario al subir a recitar.

Crisal Rodriguez me habla de Isa García, de Adriana Beltrán, de Ona Salvat; poetas que pisan fuerte los escenarios barceloneses. Afirma no tener la sensación de que el público valore más a los hombres que a las mujeres, pero sí observa que “por esa influencia cultural de que el mundo en general está masculinizado”, hay menos mujeres que apuesten por el slam y que lo desarrollen en serio cuando en los hombres es algo más natural. “Pero cuando ha habido mujeres fuertes han pasado a la final de Barcelona y han ganado. Yo no lo noto, pero quizá sea porque yo soy mujer y a mí no me para nadie. Me doy cuenta de que cuando mi propuesta es fuerte, se me valora”, zanja. Dice que le da “coraje” sentirse víctima en esta sociedad en la que las mujeres llevamos siglos siendo oprimidas; “no quiero reaccionar desde esa posición”, se reafirma.

No hay un ápice de miedo escénico en su mirada cuando sale a recitar, su presencia es un bello y visceral baile de la palabra con lo físico y lo escénico, siendo la de performer la realidad que ella siente más cercana, en la que también se cuela su otra especialidad: la neurociencia, que ha encontrado en el slam la manera de humanizarse, lejos del laboratorio y cerca de la gente.

Laura Sam —una de las organizadoras de Spoken Word Bilbao, además de slammer— también se aleja de las distinciones y reafirma la presencia femenina a la par de la masculina en lo relativo a su experiencia en la capital vasca: “No creo para nada que el slam sea un espacio masculinizado ni que se puntúe menos a una mujer por el hecho de serlo. No dudo que existan tendencias machistas entre el público, pero esa nunca ha sido mi experiencia”. Los datos le respaldan: en Bilbao se han celebrado cinco slams y cuatro de ellas han sido ganadas por una mujer. “Me gusta hablar de personas, de personas con sus poemas, me da igual su género. En el slam se valoran los textos, la presencia escénica, la energía. Nunca se me ha pasado por la cabeza la idea de sentirme inferior sobre un escenario por ser una mujer. Sobre un escenario soy mujer, soy hombre, soy todo y soy nada. Siempre me he sentido fuerte y confiada”. La voz de Laura suena desgarradora sobre el escenario, cada verso es un cuchillo rasgando el aire. El problema, afirma, está en “ver la barrera antes de saltar”.

Pese a ello no olvida casos en los que sí se hayan podido realizar votaciones injustas por motivo de género en los slams de otras ciudades y tampoco la realidad vigente: que en la mayoría de los slams que ha visitado siempre se han presentado muchas menos mujeres que hombres. “En cuanto a otros eventos de poesía o a la presencia de poetas femeninas en la historia de la literatura, está claro que siempre vamos las últimas de la fila, creo que estamos empezando a cambiarlo demostrando no sólo que estamos a la altura ahora, sino que lo hemos estado siempre. Y que seguimos estándolo”, concluye.

“Somos la otredad”, sentencia por su parte Jacarandá. “Lo universal son ellos, por eso cuando aparecen mujeres en las antologías se las categoriza de ‘poesía femenina’, como si nuestra poesía fuese diferente o se nos hace llamar ‘poetisas’, que viene a ser una tontería porque para una palabra inclusiva y no sexista que tenemos como ‘poeta’ y va y se nos llama ‘poetisas’, porque somos la segunda división, la excepción. Y qué decir de que todavía no aparecen mujeres poetas en los ejemplos del libro de Lengua y Literatura”, afirma.

La jacarandá es un árbol subtropical oriundo de América del Sur, del que brotan unas grandes y duraderas flores violetas. Puede alcanzar los 15 metros de altura y su floración llega con la primavera ofreciéndonos un maravilloso espectáculo de color y vida. Ella conoció este árbol en una estancia en La Plata, Argentina. Es menuda y mide la novena parte de una jacarandá alta, pero en sus palabras y sus acciones nacen las mismas flores violetas, feministas, comprometidas. Me habla de la urgencia de apropiación de los escenarios por parte de las mujeres, relegadas a la esfera privada a lo largo de la Historia mientras los hombres han sido dueños del espacio público. El slam es su espacio de empoderamiento.

Marta Fornes, alias ‘Mississipi’, hablaba también de ello con la poeta vasca durante la jornada de la final: “¿Acaso no hay buenas mujeres haciendo slam?, me pregunto ante la falta de victorias femeninas. La respuesta es sí, sí que las hay, y muy buenas”, afirma la valenciana sin dudarlo. “Pero, en mi opinión, el hombre gana porque ante un tema de sensibilización, le damos el premio a él, como si ellos al ponerse sensibles o románticos se merecieran un reconocimiento mayor que nosotras. Como si fuera nuestro deber o naturaleza ser sensibles y románticas; es lo que se espera de nosotras, ¿no? Si ponemos a un hombre y a una mujer haciendo un mismo poema sobre los refugiados, por ejemplo, apostaría a que ganaría él. Incluso sobre el feminismo, porque de nosotras se espera eso, en ellos se valora más”, reivindica. Y Marta se ríe de todo esto al subir al escenario, satirizando y criticando con palabras mordaces, certeras y repletas de humor, muy cercana al monólogo y sin borrar la sonrisa del rostro mientras no deja títere con cabeza en esta sociedad capitalista actual.

“Muchos tíos recitan poesía romántica y se les puntúa más alto porque se piensa que son unos tipos sensibles y delicados, y cuando una tía recita el mismo tipo de poema se le puntúa menos y se piensa que es una cursi y una blanda, como diciendo: ‘ya está otra vez esta con sus moñerías de chica naif’, poniéndonos en tela de juicio”, corrobora Jacarandá.

“En los poemas de amor, a las mujeres se nos escucha menos. Todo el mundo da por sentado que vamos a ser sensiblonas, lloricas y soñadoras, que vamos a usar tópicos. El mismo poema recitado por un hombre cobra un cariz romántico, sensible y admirado: ‘míralo, está mostrando sus sentimientos al mundo’. El heteropatriarcado nos tiene cogidas a todas y lo he sufrido en mis carnes”, añade Marga en relación a esta cuestión.

Carmen Barranco nos trae de nuevo a los versos iniciales de la representante de Poetry Slam Vitoria y denuncia la desigualdad en el ámbito de los premios literarios. Cuando le planteo la pregunta acerca de la masculinización del espacio poético, lo tiene claro: “Sí, la poesía sigue siendo un espacio masculinizado, aunque ahora estén en auge más poetas mujeres, sólo es una parte de la realidad: si abres el cajón sigue lleno de mierda. Y esa mierda es la cantidad de premios otorgados a hombres respecto a mujeres en los concursos, es pasearse por las slams y ver injusticias en las puntuaciones a favor de los hombres, es entrar a YouTube y ver que los poetas de moda son ellos: guaperas, tristes, desolados, románticos… Asimismo los nombres referentes en el campeonato slam son hombres [Dani Orviz, David Trashumante, Salva Soler, Dante Alarido…] y muchas de nosotras seguimos aquí, intentando entender por qué en tantas veladas no hay aplauso para la palabra sino para la persona, resultando ser él la persona”, explica la sevillana.

“El único cambio posible es plasmar la necesidad del mismo en un fuerte deseo de cambio, un deseo que ya tenemos y que estamos llevando a cabo no por el hecho de ganar sino por el hecho de que no nos tenga que costar más esfuerzo que a ellos darnos identidad en cualquier espacio social”, reivindica Carmen, que defiende la palabra como espacio propio y la utiliza sobre el escenario haciendo que esa introspectiva nihilista con acento del sur cobre vida.

Siete voces propias en el mayor espectáculo de la palabra

“Para mí, escribir es la manera de darle forma a aquellas cosas que me apresan. El proceso es una transformación liberadora hacia la belleza. Me gusta pensar que puedo tener la oportunidad de canalizar y modelar todo lo malo que me ocurre o se vuelca sobre mí para que acabe siendo bonito. Al final es una especie de triunfo sobre la incertidumbre de aquello que podría doler, pero no”, explica Marga. “El 100% de las ocasiones es un mensaje que no puedo dar en condiciones normales”. Poco a poco ha ido buscando su estilo, empezando por la poesía clásica más costumbrista, transitando hacia lo autobiográfico y abarcando ahora otros campos como la denuncia social con mucho tinte feminista, sin perder el componente autobiográfico llevado a clave “más críptica, más oscura”, como ella misma lo describe.

También entre lo autobiográfico y la crítica social se mueve Crisal Rodríguez, que entre esas experiencias que quiere transmitir abarca temas que van desde las relaciones de pareja, atendiendo sobre todo a “la dimensión personal” de sí misma dentro de las mismas, hasta los asuntos más estructurales y reivindicativos y el pasotismo que mostramos ante ellos. “Observando mis poemas me he dado cuenta de que todos tienen en común denunciar, destapar y reírse de nuestras contradicciones”, apunta. La barcelonesa ejerce un análisis del ser humano desde el ángulo más cotidiano aplicable a lo magnánimo, aprovechando también esa conexión con el público para acercar la ciencia a esa cotidianeidad.

Laura Sam y Carmen Barranco beben de la experiencia, de los grandes temas universales llevados a su terreno y erigidos con voz propia. “Mis poemas siempre son de lo mismo, pero con diferente construcción y diferentes palabras: de la rabia, el miedo, la soledad, lo difícil que me resulta muchas veces levantarme por la mañana y entender el mundo que me rodea. Para mí son como escupitajos contra el absurdo de la vida”, dice Laura. Y cada uno de sus textos se materializa en el escenario como una bestia acurrucada en su estómago que brota rugiendo desde lo profundo. Amor, muerte, ansiedad, crítica social van con ella de un lado a otro de las tablas micrófono en mano como la pala en la zanja, surco tras surco en la tierra hasta dar con el fondo. “Me gusta pensar que cuando recito no hablo de mí ni de un determinado tipo de persona, hablo de todos los seres humanos, quiero pensar que mi voz también es suya”, sentencia la coordinadora de Spoken Word Bilbao.

“La pretensión de mis palabras es por inercia la simbología de mi estado psico-emocional, que como todo ser humano va cambiando según etapas”, cuenta Carmen, socióloga granadina. “Intento transmitir desde lo intangible: la inexistencia del misticismo, del amor, la verdad de las relaciones, la cruel vida, la cruel muerte, mi propia inestabilidad, lo pasional del querer y no poder creer en casi nada… Ya no con tristeza ni con ira sino desmontando con serenidad la idealización de las cosas”, explica. Reclama el nihilismo como pensamiento necesario para vivir con los pies en la tierra y eso impregna sus recuerdos, su visión introspectiva, su pasado, su presente y los temas trascendentales que va desgranando en cada verso. Y, como Marga, también echa la vista atrás para reconocer el camino que han recorrido sus palabras: “Ya dejé atrás el desamor y ahora empiezo a cansarme de esta etapa de búsqueda de mí misma en la palabra, del temor a perderme y la tendencia de encontrarme con la obsesiva expresión en un juego de palabras. Y creo que ha llegado el momento de seguir siendo nihilista, pero desmontando lo ‘tangible’, el día a día, la realidad social”.

Todas ellas tienen conciencia feminista y Jacarandá Disidente, por su parte, enarbola en especial esta bandera en gran parte de sus poemas como tema principal, de la mano de otras reivindicaciones sociales como el activismo LGTBIQ+ y la oposición al sistema, que muchas veces conforman todo uno, así como lo hace el patriarcado y el capitalismo. Y es que a ella le define aquello de que lo personal es lo político y también concibe como íntimos esos poemas sociales “en la medida en la que, como sujeta que vive en esta sociedad de mierda me afectan profundamente y me hacen hablar desde mí intentando hablar desde lo colectivo”, destaca.

“Busco acercar la poesía a las personas, alejándoles de ese imaginario colectivo donde se concibe como algo complejo, solemne, aburrido y arcaico”. Lo llama ‘contrapoesía’ y con ella rompe los clichés, “poniendo la poesía a la altura del pueblo”, horizontalizándola. Su palabra es un cóctel —molotov— de discurso de activista social en una asamblea, lírica y juego de palabra como una malabarista lanzando pelotas con maestría y utilizando “cartuchos de humor y sarcasmo”.

Sigue también esa estela feminista Cristina Indira, vertiendo la visión violeta en sus textos llenos de originalidad y frescura, capaces de poetizar con éxito hasta sobre aquel elemento tabú, la-que-no-debe-ser-nombrada —ni mostrada sin objetivo sexual o seductor—, el mayor temor del escuadrón de vigilancia de muchas redes sociales: una teta, protagonista de su poema escuchado en la final del sábado 10 de junio. “Recito con la intención de crear, en el tránsito de tiempo que dura un poema, un espacio de pensamiento crítico más amable y diverso”, afirma. Escribe por la manada, por el sangrado libre, por el poliamor y porque, dice, es lo mejor que sabe hacer.

Por su parte, Marta Fornes —Mississipi—, se fija también en el antes mencionado sistema capitalista, consumista y desquiciado en el que nos vemos inmersas para hacer de sus poemas una continua burla de apariencia sutil e inocente y fondo mordaz y acusatorio que nos recuerda la basura emocional que tragamos cada día. “Vivimos en una sociedad del cansancio, del estrés, de la ansiedad, de los relojes que no paran… Mis poemas son sociales, hablan del ahora, de la tecnología, de la televisión basura que vemos tanto personas adultas como niños y niñas, de la presión que se nos impone desde fuera para ser máquinas perfectas”, recalca. “Lo que yo quiero transmitir es el mensaje de: ‘relájate, no pasa nada por no conseguir tus objetivos ahora’. Y, por supuesto, también quiero dar voz a las desigualdades —cosa que demuestra en poemas como ‘Cuerpos’ o ‘Mediterráneo” —.

Y todas sus palabras confluyen en el espacio slam, un lugar por lo general amable, comunitario y de aprendizaje y crecimiento que deja la competición en segundo plano para ser, más allá de eso, una gran y variopinta familia —o ‘slammilia’, como algunas personas que la integran suelen denominarla—.

“La oralidad estaba siendo relegada a batallitas del abuelo, a ‘spechees’ motivacionales panfletarios baratos y discursos políticos aburridos. El slam es poder darle una vuelta de tuerca a todo y decir que hay más maneras de contar una misma historia, volver a las raíces, devolverle al pueblo los cuentos, las palabras”, afirma Marga, que trabaja porque en Mallorca se ofrezca como actividad extraescolar. “Es una manera de que la poesía deje de estar secuestrada en los círculos poéticos convencionales y de motivar a la gente a que se exprese y se interese por la expresión”, aporta Crisal. Y es que, en este evento con formato de competición, cualquiera puede subir al escenario a mostrar y defender su palabra.

“Lo que más podría destacar es el dinamismo de este formato, todo fluye, hay un tiempo —un máximo de tres minutos—, la acción es rápida y te obliga a ser directa. Se va a escuchar poesía de una forma diferente. El público participa y se integra en dicha acción. La gente disfruta, siente, juzga, opina”, dice Laura Sam, que como contrapunto afirma sentirse más libre en otros formatos: “prefiero no ponerle esa pared al poema”, alega en relación al tiempo. A Carmen, el slam le ofrece sentirse parte del poema, “ser tú la palabra, no sólo ser el texto, recitarlo con fuerza a unos ojos que lo ven y lo sienten”.

“El slam es un juego disfrazado de competición. Es un híbrido de artes donde se puede fusionar la poesía con el teatro, el rap, el mimo… Es una forma más inclusiva tanto para poetas como para público”, opina Jacarandá.

Las siete poetas hicieron suyo este espacio como un lugar empoderante para sus voces, sus poemas, sus reivindicaciones. Ellas, tras recorrer durante sus respectivas temporadas locales los escenarios de su ciudad —y muchas también de unas cuantas más— y hacerlos propios, llegaron a Ciudad Real triplicando la cifra de mujeres participantes en anteriores ediciones de la final de este campeonato. Y aunque es algo que no parecía difícil dada la escasa asistencia femenina a esta final en otras ocasiones, supone un síntoma de que las barreras, ya sean internas o externas, puestas o autoimpuestas, altas o bajas, están cayendo. Las estamos derribando, mejor dicho. “A golpe de verso y empujones”, como dice Jacarandá. “Aún nos queda mucho por trabajar y a la poesía mucho por disfrutar”, sentencia Carmen Barranco.

* Marga es la ganadora oficial de Poetry Slam España 2017 después de que el vencedor de la final del 10 de junio en Ciudad Real, el jienense José Flores, renunciara al título tras una acusación de plagio de uno de los poemas que leyó en la misma y que le dio acceso a la victoria. Así, la representante de Poetry Slam Mallorca, segunda finalista, recibió por decisión de la organización el primer puesto, tras un debate abierto entre las diferentes organizaciones y participantes de las delegaciones locales que fueron parte de este evento.

** Debido al elevado número de participantes —19— este año la organización de Ciudad Real decidió dividirles en dos grupos para realizar dos semifinales, celebradas el 9 de junio, día previo a la fase final. De cada grupo pasarían cuatro poetas y así fue en uno de ellos mientras que en el otro lo hicieron cinco debido a un empate de puntuaciones. Esto puede dar lugar a equívocos en cuanto a que las mujeres en la final sean cinco y no siete, lo cual es erróneo porque ambos eventos en conjunto han constituido la ‘final’ oficial del Poetry Slam España de este año. De hecho, el año pasado hubo 18 participantes y compitieron en un solo evento, siendo las citadas ‘semifinales’ únicamente una manera de organización por parte de la comisión ciudadrealeña.

Autora:

Sandra Lario foto Sandra lario nombre

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Llevo 22 años en el mundo. Desde hace unos cuantos lo capturo a través de fotos y palabras para mostrar el alma y el rostro de nosotros mismos. He estudiado periodismo y fotografía y defiendo la poesía como primer y último recurso.

Twitter Blanca Uson


Todas las imágenes son obra de la fotógrafa Esther Kiras —fotógrafa oficial de la final de Poetry Slam España 2017 en Ciudad Real— salvo la de cabecera, de Slam Poetry Illes Baleares, y la segunda integrada en el texto, de miciudadreal.es.

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