Héroes

-2018 Super Bowl Special Edition-

Texto: Tim Stark. Traducción: Ignacio Pérez//

Siendo niño, mi padre me enseñó a admirar a Roberto Clemente. Era los setenta y Clemente formaba parte de los Pittsburgh Pirates como jardinero, es decir, como uno de los tres jugadores que se colocan en la posición más alejada del bateador, la zona conocida como jardín. Era latino y negro, y, cuando llegó a los Estados Unidos para jugar, no hablaba inglés. Fue también marino y, en doce de sus dieciocho años de carrera deportiva, participó en el All-Star, un partido en el que solo participan los mejores jugadores del año divididos en dos equipos: Este y Oeste. Fue el primer jugador latinoamericano en entrar en el Hall de la Fama del Baseball y, en el 71, se hizo con el premio World Series al jugador más valioso; todo ello mientras capitaneaba a los Pirates hacia la victoria en ese mismo campeonato.

La Nochebuena del 72, tras haber enviado tres aviones llenos de ayuda humanitaria a una Nicaragua devastada por los movimientos sísmicos, y tras haberlos perdido en manos del régimen corrupto de Somoza, decidió pagar un cuarto y dirigirlo él mismo. El avión se preparó y partió de su Puerto Rico natal, de Isla Verde, y, minutos después de su despegue, cayó al Atlántico y Clemente y el resto de la tripulación perdieron su vida.

Conseguí ver a Roberto precisamente en el otoño del 72. Por aquel entonces, tenía ocho años, y él y su equipo me firmaron una bola en un evento para recaudar fondos. Pagué un dólar por ver a los Pirates tras una valla. Vi a esos héroes que, de alguna forma, habían salido de la televisión, habían descendido del cielo, y se habían personado allí para hablar con críos como yo en una ciudad rural de West Virginia. Nunca pensé que una persona fuera capaz de tocar a sus héroes, pero sí, sucedió. Unos meses después, me enteraba por televisión de que Clemente había muerto y, de fondo, se sucedían imágenes del mar Caribe. El catcher panameño Manny Sanguillén (#35) era compañero suyo y también otro de mis héroes. El día de su entierro, muchos de ellos no fueron al funeral y, en su lugar, escogieron bucear en aguas llenas de tiburones, en Isla Verde, para encontrar el cuerpo de su amigo.

Clemente nunca se compró un Bugatti. Ni un Ferrari ni un Aston Martin. Pero los tiempos han cambiado. Ahora, días después del espectáculo que es la Super Bowl, todavía tenemos a Trump, un presidente intencionadamente divisivo en temas raciales, jurando contra los jugadores negros que se quejan del estado de excepción en el que se encuentra la sociedad civil en los Estados Unidos. El ‘presidente naranja’ ya los llamó –entre otros calificativos– hipócritas por criticar un sistema que, según Trump, constituye la base de su riqueza. Una pequeña parte de mí no recela de ese comentario.


En la actualidad, la mayor parte de mis amigos vemos la Super Bowl para ver a Justin Timberlake o a Prince. O a Justin Timberlake celebrando la vida de Prince.

Luego tenemos a Chris Long, natural de Charlottesville, Virginia, un lugar en el que recientemente, si no recuerdan mal, se produjo un encuentro de supremacistas blancos en el que murió una joven que participaba en las protestas contra este. Chris y alguno de sus compañeros de los Eagles, equipo que este año ganó la Super Bowl, no acudirán al tradicional recibimiento que el presidente de los Estados Unidos les da en la Casa Blanca. Chris tiene un contrato de cuatro millones con los Eagles –dos millones por solo firmar más un millón cada año de salario–. Eso es calderilla, relativamente hablando. El año pasado, Chris destinó la totalidad de su salario a becas educativas para personas desfavorecidas. La totalidad de su salario. Además, fue uno de los jugadores blancos que se unió físicamente a sus compañeros negros cuando estos pedían apoyo en las protestas cuando sonaba el himno nacional –y ni siquiera tenía por qué haber respondido a esa petición–.

Cuando una persona blanca intenta aproximarse a la vida dual que toda personas negra en los Estados Unidos es obligada a llevar –una vida que pueden imaginarse cómo es y que realmente es así–, el resultado, en el mejor de los casos, será inconcluyente por la incapacidad e insensibilidad de los interesados para comprenderla. Esto me lleva a pensar en lo agradecido que estoy y en lo afortunado que soy por el hecho de que mi mejor amigo, el único niño negro que había en la ciudad cuando estaba creciendo, fuera lo suficientemente valiente como para quedarse en la ciudad en la que vivíamos.

Y lo afortunado que fui por conocer a su madre, Carolyn Dorcas, una de las mujeres que crío y sacó adelante a esa pandilla de jóvenes con bicicleta de la que yo formaba parte. Una madre que llamaba al resto para informarles de que estábamos sanos y salvos en su casa. Era sabia y lo suficientemente generosa como para hablarnos de Martin Luther King y de lo mucho que todavía había que trabajar y sacrificarse. Gracias a ella, y a mi madre y un puñado selecto de profesores, puede decir que soy capaz de pensar con claridad y de no tener miedo.

Me gusta el hecho de que Chris Long no se arrodillase o levantase el puño durante las protestas de sus compañeros negros. Con un gesto físico propio, diferente al del resto, reconoció una situación horrible que él jamás llegará a experimentar. No se sumó a ellos, simplemente hizo algo propio. Lo pienso y me viene a la mente Peter Norman y el saludo de poder negro en las Olimpiadas del 68 en México. No conozco a Chris personalmente –y probablemente no vuelva a tocar a mis héroes de nuevo, aunque quién sabe–. Aun así, da la impresión de que es una persona humilde y prácticamente a todos nos vendría bien un poco más de esa humildad.

Versión original:

When I was a child, my father taught me to revere Roberto Clemente.  This was the 70’s and Roberto Clemente was an outfielder for the US baseball team the Pittsburgh Pirates (#21).  He was latino and black and did not speak English when he came to the US to play.  He was a United States Marine.  He was an All-Star for 12 of his 18 professional years.  He was the first Latin American player to be enshrined in the National Baseball Hall of Fame.  In 1971 he won the World Series Most Valuable Player Award as he led the Pirates to a World Series victory.  On Christmas Eve of 1972, having lost to the corrupt Somoza regime three planeloads of relief supplies he paid for and sent to Nicaraguan earthquake victims (Clemente was from Puerto Rico), he boarded the fourth plane himself in Isla Verde, Puerto Rico, losing it and his life to the Atlantic Ocean a few minutes after take-off.

I actually got to see Roberto Clemente in the fall of 1972, when I was eight years old, and he and his team signed a baseball for me at a charity event.  I paid $1 to stand by the fence watching the larger-than-life Pirates that had somehow descended from television and heaven itself to chat with youngsters like me in my little (to them) rural town in West Virginia.  I didn’t know you actually got to touch your heroes!  A few months later I saw a blank image of the Caribbean Sea on television and learned that my hero was dead.  One of his teammates, and another of my heroes, was the Panamanian catcher Manny Sanguillén (#35).  Manny skipped the memorial ceremony, choosing instead to dive amongst sharks off the coast of Isla Verde to look for his friend’s body.

Clemente did not own a Bugatti.  Nor several Ferraris and an Aston Martin as back-ups.  Times have changed.  Now just a day after the American spectacle of Super Bowl 2018, we still have the purposefully  racially divisive American president still cursing the black professional sports players protesting the current garrison state that passes for civil society in the United States.  You may recall that said Orange President calls them (among other things) hypocrites for criticizing the system he claims is the source of their wealth.  A tiny part of me actually doesn’t entirely disagree.

And then we have Chris Long.  Chris is from Charlottesville, Virginia, site of a recent violent white nationalist rally and the murder of a white counter-protester last year.  He and a few of his FELLOW 2018 Super Bowl Champion Philadelphia Eagles will not attend this year’s customary Super Bowl celebration in the White House.  Chris has a $4 million contract with the Eagles – $2 million for signing, plus two years of a $1 million annual salary.  This is peanuts, relatively speaking.  Last year, he gave his entire salary to fund educational scholarships for the disadvantaged.  All of it.  And, after black players began to ask white peers to join them (why should they have to ask?), he began to support, physically, their protests during the national anthem.

Whenever a white person attempts to relate to the dual life that every black person in the US is required to lead.  The one that all the white folks imagine is their reality, and the one that actually is their reality, the result will be, at best, tone deaf.  So I just want to say how lucky I am, how thankful I am, that my best friend, the only black kid I knew when I was growing up – the only one there was to know – was brave enough to stay in our town.

And I am lucky that his mom, Carolyn Dorcas, one of the “moms” that raised our young bicycle gang in our neighborhood – one of the moms that called the other moms to tell them we were safe at her house – I am lucky that she was wise enough, generous enough, to teach me about Martin Luther King and that there was work to be done and sacrifice to be made.  She was one of the few (like my own mother, and a select few teachers) where I am from who taught me to think clearly and to not be afraid.

I like it that Chris Long did not take a knee, or raise his fist, like his black teammates.  I like it that he just said, through his physical gesture, that he recognizes something horrible he could not possibly himself experience is happening to them and theirs.  And that he then he did his own thing, with what he had, to help.  Reminds me of Peter Norman and the Black Power Salute of the 1968 Olympics. I don’t know Chris personally (we don’t really get to touch our heroes any more), and maybe I am wrong, but he seems humble.  We could all use a little more of that.

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