Neal Cassady, héroe secreto de una generación

Paz Pérez//

Neal Cassady está construido con los fragmentos de las prosas que lo proyectaron como la criatura indomable y libre que todos anhelaban. Idolatrado por su ya mítica conducción rápida, su energía que rozaba lo hiperactivo y sus hábitos de lectura voraz, Cassady aseguró que “quedarse quieto y escribir era una agonía” para él. Todo ello le convirtió en el gurú de la generación beat a pesar de no publicar nada en vida.

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Cassady nació en la carretera y pareció tomarse muy en serio que ese era su lugar. Y es que la vida de Neal Cassady fue una constante improvisación, la misma que defendía en su prosa. Arrastrado por su padre por los bajos fondos de un EEUU sumido en los efectos de ácidos lisérgicos, en una impostada felicidad de posguerra y en una época considerada la prehistoria de la contracultura, la infancia de Cassady transcurrió en Denver entre borrachos y mendigos.

“Neal era muy parecido a ese personaje interpretado por Marlon Brando en El salvaje, el genuino hipster de los años 40. Era sin duda un tipo que había conocido los mundos marginales de Norteamérica”, dijo  Robert Stone

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El robo de coches y el sexo dominaron su adolescencia, en una época a la que el propio Cassady denominó “aventuras de autoerotismo”. Una faceta sexual que más tarde Kerouac describiría como “la única cosa sagrada e importante” para Neal y por la que llegaría a compartir mujeres con su padre en su adolescencia y a masturbarse al menos diez veces al día.

Su amistad con Hal Chase le llevaría a conocer a un grupo de jóvenes estudiantes marcados por la Lolita de Nabokov y la de Capote, la Audrey Hepburn de Desayuno en Tiffany’s y el James Dean de Rebelde sin causa, por los viajes, el jazz, los Cadillacs y las curvas pin-ups.

Un grupo de jóvenes en proceso de convertirse en la famosa generación beat que por aquel entonces se encontraba bajo la influencia de las vanguardias, desde la espontaneidad neodadaísta hasta el cadáver exquisito de Breton. Y que se dejaron también influir por Cassady, quien supuso la encarnación de la unión entre la experiencia y la literatura, algo que le convertiría en “el hijo antinatural de unas decenas de hombres beat”, como él mismo afirmaría.

Una de sus ex mujeres, Carolyn Cassady, describió a Neal como “el santo estafador con la mente brillante” en una entrevista a The Guardian. A pesar de las múltiples infidelidades, que incluyeron la bigamia, ella siempre defendió que era “un hombre de familia que cuidó de sus tres hijos y siempre tenía trabajo”, a menudo en los ferrocarriles.  Tras divorciarse de él, en 1963, Neal comenzó a alimentarse de LSD, “amaestrado”, acusa Carolyn, por Ken Kesey – autor de Alguien voló sobre el nido del cuco-. Una novela en la que Neal se identificó con el protagonista, algo que le acercaría peligrosamente a Kesey y a su muerte que sucedió, paradójicamente, en las vías del tren tras la celebración de una boda.

“Conocí a C, el chico de Kerouac, poco antes de que bajase a tenderse junto a aquella vía de ferrocarril mexicana para morir. Los ojos se clavaban en ti como palillos de dientes y Neal con la cabeza junto al altavoz, se movía, saltaba, miraba insinuante, con su camiseta blanca de manga corta y cantaba como un cuco al compás de la música, precediéndola justo un pelo, como si fuese él quien dirigiera el espectáculo”

Escritos de un viejo indecente, Bukowski

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En el camino con Kerouak

Cassady impactó a Jack Kerouac desde el primer encuentro, que tuvo lugar en una buhardilla del Harlem hispano en Nueva York, a la que acudió acompañado por Hal Chase, quien le había dicho que el tal Cassady era un iluminado. Quizá es por ello que Kerouac imaginó que un convicto experto en filosofía sólo podía ser una especie de freak ilustrado o “una criatura con síndrome de visionario”. Pero estaba equivocado. El que abrió la puerta de aquel lugar fue un tipo que inspiraba miedo, con ojos azules marcados por signos de un pasado presidiario y que, totalmente desnudo, los recibió con una charla interesante con dejes de la vulgaridad proletaria, condición que le persiguió toda la vida.

Una condición de la que Kerouac aseguraba que era parte intrínseca de su excepcionalidad: “la ropa sucia de trabajo estaba aferrada a él con tanta gracia que parecía estar hecha a su medida”.

L'ecrivain americain Jack Kerouac (1922-1969) et Neil Cassady en 1952 photo prise par Carolyn Cassady -- American writer Jack Kerouac (1922-1969) and Neil Cassady in 1952 photo taken by Carolyn Cassady

Su amistad creció rápidamente. Y Cassady se convirtió en la proyección de su anhelado otro yo. Por ello, el libro autobiográfico El primer tercio, escrito por Neal, cobra una importancia histórica además de literaria, porque recupera con una voz primitiva la identidad que muchos le arrebataron con la intención de hacerla suya.

La inspiración que Neal Cassady le brindó a Kerouac le vino también de su capacidad de divagar sin aburrir y de su estilo torrencial que exponía en las extensas cartas que les escribía.  La más conocida fue una carta de dieciocho folios que Neal Cassady escribió a Jack Kerouac en 1950. En ella un Neal completamente pasado de anfetaminas describía su visita a Denver, la ciudad de su infancia y por donde vagaba su padre, “ese fantasma solitario alcoholizado”. Esta carta, que se creyó perdida hasta hace pocos años, era considerada para Kerouac como “el mejor escrito de Estados Unidos del siglo XX”.

“He sostenido siempre que cuando escribes tienes que olvidar todas las normas, el estilo literario y demás presunciones como palabras importantes, oraciones arrogantes y frases por el estilo; es decir, saborear las palabras como el vino y, adecuadas o no, escribirlas por lo bien que suenan. (…)  El arte es bueno cuando nace de la necesidad. Tal origen es la garantía de su valor; no hay otro.” Carta de Neal Cassady a Kerouac.

Jack Kerouac la recibió cuando estaba empezando a escribir la que sería su novela más universal, En el camino. La misiva de Neal supuso para él una revelación de tal calibre que volvió atrás, reescribiéndola y buscando un estilo de prosa más automática y cercana a la locura anfetamínica de su amigo. Algo que la convertiría en una de las emblemáticas obras de los beat y, para algunos, la más relevante de la generación.

El héroe secreto de Ginsberg

Por su parte, Ginsberg supo encontrar en Cassady un espacio más amable, escondido entre sus dotes carcelarias y sus formas de los bajos fondos, que se encontraba en su anhelo de convertirse en un gran escritor. De ese deseo que compartió con Allen, nació otro hacia él. Un deseo que mezclaba el amor y el sexo con la literatura, las lecciones y los consejos y que les conduciría a una relación tormentosa que se prolongaría durante veinte años, con idas y venidas, y que terminó rompiendo porque, según aseguró Allen, “Neal siempre prefirió a las chicas”.

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La relación de Ginsberg con Cassady fue intensa, pero nunca tan fácil y natural como la que mantuvo con Kerouac. Esta relación dolorosa y frustrante fue la inspiración para muchas de las obras poéticas de Ginsberg, al que el propio escritor le llamará el “héroe secreto” del poema de Aullido, considerada su obra cumbre.

Así describiría Ginsgberg su primer encuentro en la Elegía que le escribió cuando conoció la muerte de Cassady:

Tierno espíritu, gracias por tocarme con

Manos tiernas

Cuando eras joven, en un cuerpo hermoso,

Era un toque tan puro, esperanza más allá de la carne-maya,

Lo que eres ahora,

Impersonal, tierno—

Me mostraste tus músculos/tu calor/hace veinte años

Cuando me recosté temblando en tu pecho

La relación epistolar que mantuvo con Ginsberg – publicada en español bajo el título de Cartas de amor ambiguo – reflejó a un lírico que relataba con imágenes brillantes su rutina laboral mezclada con las drogas:

“Hinchándome con todo el aire enyerbado que mis pulmones podían contener y justo antes y durante la liberación del aliento retenido un minuto y varios segundos privado ya de sus cualidades vegetales por mis ávidos pulmones y tensos labios, en cuyo instante se despliega el giro místico en la cima del cráneo y vuelve de cabeza hacia abajo hacia los pies recorriendo los nervios con un impulso apaciguador y las compuertas del asombro están abiertas y todo lo que se ve maravilla y desconcierta para manufacturar una idea que mueve a uno a lanzar un sonoro y suave ¡ooohhh!”

¡Ooohhh! se convirtió sin duda en la interjección que su vida provocaba en otros que lo retrataron: el vagabundo que inspiró a Dean Moriarty de En el camino y a Cody Pomeray en otra novela de Kerouac, Visiones de Cody; el amigo íntimo de Ken Kesey y los Merry Pranksters; el chofer del Furthur, el autobús del que habla Tom Wolfe en Ponche de ácido lisérgico; el protagonista de las canciones The Other One, That’s It For the Other One y Cassidy de los Grateful Dead. Todos los rostros de un hombre que estuvo muy cerca de ser un gran escritor y que terminó siendo el héroe secreto de toda una generación.

 

Autora:

Paz Perez foto Paz Perez nombre

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Periodista, poeta y viajera. No sé si por ese orden. Estudié periodismo para dedicarme a descubrir, comprender y cuestionar un mundo que me apasiona y decepciona al mismo tiempo. Soy la contradicción hecha persona. Un manojo de dudas existenciales que suelo resolver escribiendo en hojas sueltas planes que nunca sigo.

Twitter Blanca Uson


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