Javier Lostalé: “Ascender más allá de lo que significa el amor”

Irene Ibáñez Gómez//

Javier Lostalé nació en Madrid en 1942. Empezó a estudiar Derecho, pero dejó la carrera para convertirse en periodista radiofónico. Ha presentado el programa de Radio Nacional El Ojo Crítico y codirigido La estación azul. Pero es, ante todo, poeta.

Cuando eras niño

acostumbrabas a mirar el horizonte

y entendías fácilmente

el crujido de algunas tardes.

Niño. -Javier Lostalé.

 

Azul. Los ojos de Javier Lostalé son de un azul claro, grisáceo. Responde mirando hacia otro lado, hacia el fondo del bar, como si sus pensamientos se hiciesen más nítidos en el horizonte. Después, te mira, te vuelve a invitar a es añil, tormentoso, que se acerca en calma.

– ¿Leía poesía de pequeño?

– Sí, aunque no de tan pequeño. Yo en realidad empecé a leer poesía cuando tenía 16 o 17 años. Leía todo lo que a esa edad se ha leído, de Verne, de Herman Melville… Los poetas que yo empecé a leer fueron los de la generación del 27, especialmente a Vicente Aleixandre. Luego, naturalmente, eso se fue aumentando, sobre todo con poetas simbolistas franceses. También me interesaban mucho los metafísicos ingleses, como John Donne, por ejemplo.

La voz de Javier es suave, limpia, pausada. Crea un vaivén delicado de olas en calma. A veces el ajetreo del bar quiere imponerse y devolvernos a la rutina de la mañana del viernes, pero no lo consigue. La voz de Javier es elegante, firme, delicada.

– ¿Por qué estudió Derecho?

– Yo tenía vocación radiofónica y lo que quería era trabajar desde pequeño en la radio, pero empecé a estudiar Derecho porque mi padre consideraba que lo de la radio era como trabajar en la farándula. Así que empecé a estudiar Derecho y casi llegué a terminarlo, me faltaron solo dos asignaturas para acabar la carrera. Pero empecé a trabajar en la radio y ya ese ha sido mi destino profesional durante 36 años, en Radio Nacional. Primero hice información parlamentaria en el Congreso de los Diputados, desde el 77 hasta el 81, hasta el golpe de estado. Luego me dediqué de lleno a la información cultural en el programa de radio El Ojo Crítico. Ese programa lo presenté dos años, en el 92 y 93. Más adelante seguí trabajando en El Ojo Crítico y creé con Ignacio Elguero el programa La Estación Azul, que este año cumple 20 años de emisión y sigo colaborando en él.

Su primer libro de poesía se publicó en 1976, Jimmy, Jimmy. Pero Javier ya escribía sus primeros poemas a los 15 años.

 

Callado, vive poderoso en tu derrota.

Nunca nadie podrá conocerte,

pues habitante del dolor

tus ojos se retiran siempre

si alguien llega.

Victoria sea tu tristeza

jamás cantada.

Una luz… -Javier Lostalé.

 

¿Cómo fue su relación con Vicente Aleixandre?

– Mi amistad con Vicente Aleixandre fue muy intensa. Yo, sintiendo una gran admiración por su poesía, le escribí una carta. Él me recibió y desde entonces tuvimos comunicación. Él iba leyendo mi libro Jimmy, Jimmy antes de publicarse. De hecho, los finales de algunos de los poemas los escribió él, porque no le gustaba cómo terminaba el poema. Yo iba a visitarle. Primero me recibía de 7 a 10 de la tarde, que era cuando él recibía a quienes no tenía tanta confianza, y luego ya me empezó a recibir después de comer, cuando él estaba tumbado en el sofá. Como hablaba tumbado tenía que tener más confianza con las personas que recibía. Hablábamos mucho, me daba consejos literarios, pero también fue como un segundo padre, también me daba consejos de otro tipo. Nuestra conversación constante era hablar sobre el amor, un tema que nunca se acababa con Vicente Aleixandre. Él es uno de los grandes poetas de poesía amorosa del siglo XX.

Javier Lostalé publicó Figura en el paseo marítimo en 1981. Después hubo un silencio que se prolongó durante 14 años hasta que en 1995 salió a la luz La rosa inclinada, su “resurrección como poeta”. Más adelante creó Hondo es el resplandor y La estación azul.

Solo, con la memoria de un extraño

que no se reconoce en lo que amó,

he traspasado el umbral del camposanto

y en las cuencas vacías de todo lo que me calcinó

he plantado una rosa

para ver si todavía el perfume cuenta

lo que ya no tiene voz.

Cementerio y rosa. -Javier Lostalé.

 

– La estación azul es un libro distinto al resto. Hábleme de él.

La estación azul fue un libro de poemas en prosa. Estos poemas surgieron al principio como artículos que yo mandaba a ABC. Entonces, el que era el subdirector de ABC, Santiago Castelo, me pedía escribir un texto puramente literario para publicar cada 15 días. Eso lo hice durante un año y medio o así. Estos textos los escribía en una época en la que estaba de director en Marbella en Radio Nacional, y estaba prácticamente todo el fin de semana escribiendo esos textos. Eran poemas en prosa, los reuní, añadí alguno que no se publicó, y salió La estación azul. En su reedición de 2016 añadí tres inéditos.

Bebe un poco, con cuidado, del té todavía humeante que no quiere enfriarse. En la porcelana blanca se lee en color azul: Café Gijón. Café de escritores y poetas.

– ¿Cómo es la evolución en su obra?

– Los primeros libros están más relacionados con la biografía personal. Es lógico, yo creo que todos los primeros libros de cualquier poeta son más autobiográficos, que es lo que pasa con Jimmy, Jimmy. Por ejemplo, desde Tormenta transparente, El pulso de las nubes hasta Cielo, que podrían formar una trilogía, la poesía es mucho más esencial, el pensamiento y la reflexión están más presentes, y los elementos biográficos existen, porque no desaparecen nunca, pero están más escritos en tercera persona, como una forma de sustraerse uno del poema, aunque siga estando en el poema. Yo no creo que exista una correspondencia exacta entre vida y poesía. La vida influye mucho, tal como es uno se comporta en general, en todas las actividades que haga, pero a veces la poesía es reflejar la vida que te hubiera gustado, o cómo te habría gustado ser y no eres. A veces la creación poética crea una vida nueva, incluso en el poema puede haber una vida autónoma que luego no exista en la realidad. Tú puedes escribir un poema donde el amor esté latiendo pero que tú no estés enamorado. El lenguaje es capaz de crear vida autónoma dentro del poema.

Cuando Javier escribió Tormenta transparente, protagonizó “la historia de amor más intensa que había vivido nunca”. Pero aquello no era real, “no existía tal amor”, sin embargo, él era capaz de sentirlo conforme trazaba las palabras sobre el papel.

Aquellos ojos de mar con lluvia se humedecen al hablar del amor. Tormenta transparente se publicó en 2010, le siguió El pulso de las nubes en 2014 y el año pasado apareció Cielo.

 

La memoria de la tarde declina

como un labio entreabierto sin beso.

Tristeza -Javier Lostalé.

 

– ¿Qué escribe ahora?

– Estoy escribiendo un nuevo libro del que solo llevo once poemas, pero ya tengo el título. En general siempre tengo los títulos de los libros antes de empezar a escribirlos. Se llama Ascensión, con lo cual, guarda cierta relación con los anteriores. Se ríen y me dicen que si es ascensión a los cielos, pero no, es todavía un paso más en esa abstracción. Esta poesía sí es más abstracta que mis primeros poemas. La poesía dentro de esa esencialidad que he ido buscando. Mis poemas se han ido haciendo más breves, y todo es fruto de esa ancianidad que he ido adquiriendo con el tiempo. Ascensión como una especie de paso más hacia esa consumación, como purificación, ascender más allá de lo que significa el amor. Tiene cierta relación con la mística. Es el amor más allá del amor, el amor sin concreción. Uno de los poemas termina con un verso algo así como «Aún sin rosa el amor es inmortal».

 

No es mortal el azul,

pues nacido sin culpa

su sucesiva calma de espejo

en eternidad lo mece.

Azul -Javier Lostalé.

 

Las tazas sobre el mármol negro y blanco descansan vacías. Javier coge su abrigo, bufanda y sombrero, y deja atrás el café de las letras. Cruza la avenida. Camina despacio. Se lleva consigo el azul, el amor y la rosa.

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