La inclinación hacia lo oscuro

Elías Achón //

La escritora Elvira Navarro reúne el trabajo de varios años en La isla de los conejos, un conjunto de once perturbadores cuentos rodeados de atmósferas inquietantes.

Siempre me ha parecido curiosa la idea de los relatos breves, la capacidad de sumergir al lector en una historia narrada en unas pocas páginas, como si se tratase de un argumento expuesto a lo largo de varios capítulos. Fragmentos que conforman mundos propios y autónomos en los que se muestra unas tramas, generalmente, in media res. No es fácil conseguir atraer la atención del lector con una historia en la que no tenemos casi ningún contexto.

Este es el caso de La isla de los conejos, el nuevo libro de Elvira Navarro. Pese a tener una trayectoria literaria relativamente breve, la escritora de origen onubense cuenta con varios premios, como el Premio Jaén de Novela y el Premio Tormenta al mejor nuevo autor, además de haber colaborado en multitud de revistas y diarios: El Cultural,  Ínsula, Público, El Mundo, El Confidencial y eldiario.es, entre otros.

En esta obra, Navarro nos sumerge en distintos universos repartidos en forma de once relatos totalmente independientes unos de otros. Lo único que guarda cierta relación entre ellos, es su tono oscuro: leeremos historias sobre la vida de un estudiante de arquitectura cuyo hermano tiene un trastorno mental y lleva a cabo todo tipo de actividades siniestras; o sobre cómo una pareja, ya condenada a la ruptura, vive sus últimos días de relación en un lúgubre hostal de Talavera.

A estos, les acompañan narraciones inquietantes: una mujer a la que le comienza a crecer una rara extremidad; la vida de un hombre que duerme en una isla a la que lleva conejos para poder llevar adelante su proyecto de exterminar a las aves  que allí habitan; la amistad de dos chicas que se rompe durante años; la particular odisea que sufre una mujer para realizar una serie de trámites administrativos en París; la búsqueda incansable del myotragus, un animal con lentos andares, que realiza un archiduque mallorquín con elefantiasis; las vivencias de una trabajadora de hotel que posee la capacidad de tener los mismos sueños que los huéspedes de este; la historia de una hija que recibe una petición de amistad en Facebook de su difunta madre; las truncadas vacaciones en Lanzarote de una pareja tras su falsa boda; y el viaje a los recuerdos de una chica provocado por una serie de fortuitas predicciones de futuro.

Las dos primeras historias son las que consiguen atraparte por completo por la forma en la que se conecta con los protagonistas. El punto de vista de las realidades que viven retiene por completo: los detalles que Natalia da sobre Gerardo y sus acciones, la manera en la que ese estudiante de arquitectura se obsesiona con su hermano mayor; son dos reclamos perfectos para que, al final de ambos relatos, se busquen más páginas. Tanto en estas, como en la mayor parte de las tramas que se presentan en este libro, destaca una brillante inmersión en la atmósfera, como es el caso de aquel que da título al libro: La isla de los conejos. La manera en la que la autora describe los escenarios embriaga al lector con la esencia del relato, que suele tener toques reflexivos, melancólicos e intimistas.

La crudeza con la que se exponen los acontecimientos en cada una de las historias da un aire más real de lo normal, crea la sensación de estar viviendo en nuestras carnes lo que se cuenta. No obstante, en la mayor parte de las historias,  se introduce algún elemento que rompe con el relato de lo real. Este elemento disruptor puede marcar el hilo conductor del libro, aunque en algunos relatos hubiera sido preferible obviar el elemento fantástico. Sucede en el cuento de una falsa boda. Una pareja realiza una ceremonia ficticia de boda en el chalet de la mejor amiga de la novia y, posteriormente, deciden pasar unas vacaciones en Lanzarote. La historia llega a tener cierta similitud con la primera de ellas, aquella que narra las últimas horas de una pareja en Talavera, hasta que se relaciona la inflamación de encía que sufre el novio con la transformación de este en un insecto.

En definitiva, lo que vamos a encontrar en La isla de los conejos es una serie de relatos con inclinación hacia lo oscuro, que aproximan por lo inquietante esta narrativa de Navarro a la de algunas de sus contemporáneas como Mariana Enríquez o Samanta Schweblin

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