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La jota, algo más que identidad

Lucía Bespín Moliner (@luciabespin)

Siglos atrás la jota sonaba en las calles de los pueblos y emocionaba a quien la escuchaba. Tras dos años de intensa promoción, hoy es candidata a Patrimonio Inmaterial de la Unesco. Un reconocimiento que avala su condición de arte, de conexión entre generaciones y de solidaridad y unión entre el pueblo que la ha preservado.

Fuente: Lucía Bespín

Un sábado cualquiera de febrero a las dos de la madrugada. Pocas obligaciones y muchas ganas de pasarlo bien. La discoteca zaragozana Kenbo -el antiguo Cabaret Plata- es el lugar perfecto para cantar y bailar hasta las tantas, pero hoy me sorprendo. Sus típicos vasos, vacíos de cualquier serigrafía, tienen una pegatina que se deshace con el líquido de la bebida. En ella se lee: “No soy jotera y me sé La Magallonera. Lo tengo que releer porque parece increíble. 

«Pulida magallonera,

anda y dile al Santo Cristo

que cuando me llame al cielo

que me canten el libera”. 

Estos son los versos de La Magallonera, una suerte de jota del siglo XIX denominada olivera. Con letra muy distinta a Dákiti de Bad Bunny o Love Story de Taylor Swift, los jóvenes se conmueven también con los versos de esta canción folclórica. 

Pegatina de la discoteca Kenbo. Fuente: Lucía Bespín

A su éxito han contribuido la ganadora de Operación Triunfo, Naiara Aznar, y el finalista Juanjo Bona, que además de perfeccionar sus cualidades en este programa, han presumido sus raíces. Han revalorizado un cantar tradicional y han inventado un himno entre los jóvenes aragoneses. La jota es candidata a convertirse en Patrimonio Inmaterial de la Unesco y estos “triunfitos» ayudan a que se pueda materializar.

A fecha 20 de julio de 2021, el Gobierno de Aragón emitió una propuesta de candidatura para la inscripción de la jota en la lista representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco. Quince comunidades autónomas se adhirieron a la propuesta ya que, tal y como afirma García Ávila, la jota como género está indisolublemente unida a la cultura de todo el Estado. Su estilo varía según la región en la que se practica. Aunque con mayor representación en Aragón, donde se calcula que hay más de 80.000 personas relacionadas con esta parte del folklore, también se canta y baila en Valencia, País Vasco, Navarra, Cataluña, Castilla y León, Castilla la Mancha, Cantabria, Asturias y Galicia, entre otras. 

En su proceso por conseguir la nomenclatura, el 4 de julio de 2023 la jota fue declarada como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, un requisito previo en la tramitación del expediente que se elevará a nivel europeo. 

Ser de Aragón

Adornamos las frases con un “co”, soportamos el cierzo con rasmia (o con brío, para quien no comprenda el vocablo aragonés), vamos “de propio” en vez de “a propósito” y en los días de lluvia, nos “chipiamos”. Somos de buen comer, con nuestra borraja, ternasco y trenzas de Almudévar. Tercos, rudos, “gigantes y cabezudos”, como dice la zarzuela del maestro Echegaray. Eso -y mucho más- es Aragón. Un carácter que se muestra en su cultura, en su música y en su jota. Lejos de la comodidad y elegancia de la sardana, del sosiego del chotis o del sonido estridente de las gaitas que acompañan a las muñeiras, la jota es brava en sus cantos, física en sus bailes y “muy española” -déjenme explicarme- en sus melodías. Para algunos, hermanada con el flamenco, ese que parece ser el sello impreso en la identidad ibérica, por su métrica y los instrumentos que le acompañan. Para otros, su esencia es dispar, casi una competición entre por qué uno sí y la otra no (el flamenco sí es Patrimonio Inmaterial de la Unesco). Pero, ¿qué es la jota, además de la columna vertebral de Aragón? 

La jota es arte: música, literatura y danza. Dice Javier Barreiro, en su obra Biografía de la jota aragonesa, que desde hace casi siglo y medio la jota aragonesa es el elemento distinguible de Aragón. Por su parte, el poeta Miguel Ángel Yusta destaca que “es más que evidente el compromiso del ser aragonés con la jota”. El compromiso con la jota de cualquier aragonés nace del sentimiento que provocan sus cuatro rasgueos de guitarra que dan comienzo a las melodías. “Tran, tran, tran, tran” es el pistoletazo de salida a un popurrí de emociones que proyectan el orgullo de ser de la tierra. Ya lo expone un estilo cantado que dice “qué sería Zaragoza sin la jota, y la jota sin Zaragoza”. Es recíproco. Claro que, el arte no es nada si no hay lugar que lo ampare, pero sus letras honran lo emblemático de la ciudad del cierzo. 

La jota posee la declaración de Bien de Interés Cultural Inmaterial por el Gobierno de Aragón. Esta manifestación folclórica “reúne una serie de valores culturales, musicales y artísticos, reforzados por el sentimiento de pertenencia a la comunidad aragonesa”. Para Luisa Fuentes, directora del grupo folclórico Blasón Aragonés de Zaragoza, la jota “tiene un gusanillo, algún duende que te embarga y que no te deja vivir sin ella. No hay dinero, nada que lo pueda pagar, el sentimiento es más fuerte”.

Conexión entre generaciones

La jota tiene un origen incierto. De acuerdo con Ribera, se puede denominar un arte tradicional que ha sido difundido y cantado por el pueblo, asociado a ocupaciones diarias: el labrador en sus faenas, en el campo, en la era; el industrial en sus talleres, las madres en sus cantos de cuna, las gentes en las fiestas populares. Otros autores afirman que como todo canto exclusivamente popular, es hija del pueblo y está conservada, variada y reformada por el mismo. Su transmisión oral, además de los -pocos- documentos en los que se recogen sus letras como cancioneros, ha sido imprescindible para que este arte llegue hoy a nuestros días. Gracias a ella, podemos conocer costumbres y tradiciones de diversa temática; religiosas, de bodega, del campo o de cortesía. Algunas pondrían los pelos de punta a los defensores de lo “políticamente correcto”, pero también han puesto en valor la importancia del desarrollo ideológico. 

Tradición y transmisión se entienden mejor juntas. Si indagamos en nuestra memoria, las costumbres que hoy en día conservamos las hemos heredado de nuestros predecesores. Nuestros padres y abuelos nos han enseñado lo que está bien y lo que no lo está, la forma de obrar e incluso de hablar. Son ellos quienes han traído la jota hasta nuestros días y han fomentado la interacción y comprensión mutua para la transferencia de conocimientos y experiencias mediante ella.

Fuente: Lucía Bespín

La conexión entre generaciones es crucial para el desarrollo y la cohesión de la sociedad. Tanto es así que se han creado asociaciones destinadas para ello, como encore.org de Marc Freedman y su obra La ventaja de la sabiduría: haciendo uso de la experiencia de las personas mayores en la era de la innovación-. El desarrollo emocional y social, el fomento de la responsabilidad y la adaptación al cambio son consecuencias de esta conexión. Sin embargo, la más destacada es la preservación de la historia y la cultura, los valores, tradiciones y prácticas y su transmisión a las generaciones más jóvenes. Una transmisión lograda por la oralidad de este canto.

La jota también tiene duende

Palmas, taconeo y desparpajo. Seguro han pensado en la manifestación folclórica que ha traspasado fronteras tanto temporales como espaciales. El emoticono de la sevillana levantando sus faldas acompaña siempre a la palabra ‘España’ cuando es un extranjero quien la escribe, mientras que las radios más populares del país emiten en sus ondas dejes de este sonido. 

El 16 de noviembre de 2010 es una fecha marcada en la historia del flamenco. La Unesco incluyó el “arte jondo” en la “Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”, avalado por su trascendencia cultural, artística y la diversidad inherente a su cante y baile. 

Su condición de arte es uno de los motivos de la declaración del flamenco como patrimonio cultural. En él confluyen cante, baile y toque, que por separado requieren una maestría extrema para una buena interpretación. Sin embargo, si algo destacan del flamenco quienes han tenido oportunidad de disfrutarlo, es su duende. Las Academias de folclore lo definen como un “encanto misterioso e inefable”, que atrapa más allá de lo racional. ¿Recuerdan lo que decía Luisa Fuentes, del grupo Blasón Aragonés? Para ella, la jota también tiene ese duende que embarga a quien lo presencia. Una característica común entre dos ramas folclóricas españolas, que no la única. En la jota también confluyen canto, baile y rondalla. La jota, al igual que el flamenco, cuenta con un amplio amparo cultural e histórico. Mientras que el segundo nació por la gran cantidad de culturas que coexistieron en lo que hoy llamamos Andalucía (árabes, cristianos, judíos y gitanos), la jota contempla creencias de que llegó a Aragón por el árabe Aben Jot, expulsado de Valencia, y así lo avalan varios estilos:

“La jota nació en Valencia

y de allí vino a Aragón;

Calatayud fue su cuna,

a la orilla del Jalón.”

El diccionario de la Lengua Española define el flamenco como “una manifestación cultural de carácter popular andaluz, vinculada a menudo con el pueblo gitano”. No es propiedad única de comunidades romaníes, sino que se ha extendido por toda la geografía y se ha desarrollado en subgéneros como la soleá, la bulería o la sevillana. Similar ocurre con la jota, definida como el “baile popular propio de Aragón, usado también en otras regiones de España”. Esta diversidad es la que ha potenciado la existencia de variantes de este arte, como la jota riojana más saltada en sus bailes, la jota navarra con más adornos en sus cantos y la aragonesa, más estética y profesionalizada en el baile, y la más completa en el canto, con fuerza y a la vez elegancia en los adornos

Una diversidad que atañe tanto al arte jondo como a la jota y que fue sustento de la proposición del flamenco en la Unesco. Características compartidas que llevan a pensar: ¿por qué uno sí y otra -todavía- no? Según considera el Barreiro en su Biografía de la jota aragonesa frente a la diferencia con el flamenco, “la jota en Aragón era institucional y vergonzantemente ocultada, se le recluía en lo más populachero de las fiestas del Pilar o, contra toda lógica, se elegía un himno de la comunidad que no tenía nada de ver con lo que sus gentes sentían y consideraban su único canto reconocible por todos: la jota aragonesa” .

Fuente: Lucía Bespín

Esta situación parece haber cambiado con su presencia en la parrilla televisiva de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión, cuyas retransmisiones de los certámenes de jota reúnen numerosos telespectadores -176.000 durante las fiestas del Pilar-. Es innegable que sigue siendo inseparable de la idea de las fiestas patronales de la ciudad maña. No es de extrañar: se convierte en un reclamo turístico que aúna miradas de transeúntes y visitantes. Las actuaciones de grupos folclóricos y sus escuelas llenan los dos escenarios emplazados en la Plaza del Pilar durante la primera quincena del mes de octubre. Las castañuelas no dejan de sonar durante la larga ofrenda de flores que protagoniza el día grande de unas fiestas que reunieron en 2023 a cinco millones de personas, según datos del Ayuntamiento de Zaragoza.  Los 320 grupos y las 150 escuelas que se extienden por la comunidad suman un total de 80.000 personas vinculadas a la jota, 4.000 actuaciones al año y un público potencial de 2 millones de personas, según datos del Gobierno de Aragón. Un amplio respaldo económico y social a un arte que es el pulso de la comunidad y que también ha traspasado fronteras. 

Unión y solidaridad 

Cada 15 de febrero se celebra el día de la visibilidad del cáncer infantil. La asociación “Jotéate”, impulsa desde hace ya siete años un flashmob jotero por esta causa. La Plaza Luis López Allué de Huesca, la del Pilar de Zaragoza y la Escalinata de Teruel se convierten en escenarios improvisados donde cientos de joteros y joteras muestran sus bailes en señal de apoyo. No sorprende la solidaridad de las asociaciones folclóricas que aportan su granito de arena. La música también tiene la propiedad de unir a las personas por causas justas. 

La sorpresa llegó cuando se hizo viral en la plataforma Facebook un vídeo de la Asociación de Amigos de Aragón de Curitiba (Brasil). En él, bailaban al son de las guitarras y bandurrias, tocaban las castañuelas y movían sus cuerpos con rasmia a varios miles de kilómetros. Demostraban que la jota es capaz de unir a personas alrededor de todo el mundo por una causa solidaria; que es diversa, apreciada y reputada. 

La jota es neta, pura, franca y noble, características de Aragón. Es historia, patrimonio y memoria desde su origen. Unión, empatía y solidaridad entre quienes la practican. Es sacrificio y devoción en su canto, baile y toque. La jota es todo lo que debe ser, excepto Patrimonio Inmaterial de la Unesco. ¿Qué falta para lograrlo? 

 

Fuente: Lucía Bespín

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