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La savia rural

Laura Carramiñana//

En un discreto rincón del paisaje oscense, dónde la cobertura se debilita, pero la conexión con la tierra y la naturaleza se intensifica, se encuentra Savia Íbera. Un espacio sembrado de ideas que brotan al paso de las estaciones, entre el viento frío y el silencio del campo. No es solo un proyecto, es una forma de vida que recupera los saberes tradicionales en la elaboración de productos con alma rural, que logra construir puentes entre el pasado y el futuro. Ese es su propósito: recordar que la raíz también es horizonte. 

Desde sus orígenes, Savia Íbera ha sido una respuesta al deseo de regresar a lo natural. Fundada por Silvia Jiménez y Kurt Michael Arruda, ambos con una visión de recuperar el conocimiento de la tierra, el proyecto nace en un momento de crisis en el ámbito rural: mientras el campo se vacía y los pueblos desaparecen, ellos decidieron apostar por una forma de vida que integra la tradición y la sostenibilidad. “Queríamos ver si era posible volver un poco a nuestras raíces”, explica Kurt. Su motivación no parte de una estrategia empresarial, sino de una hipótesis que comprobar: ¿es posible vivir de la tierra tal y como lo hacían nuestros abuelos? La necesidad de reconectar con lo natural y lo propio es uno de los cimientos de este proyecto que entremezcla producción, transformación y divulgación en un mismo lugar. 

Pese a que ninguno de sus fundadores pertenece al ámbito rural, su sensibilidad por la naturaleza les unió en las Islas Azores. Kurt, nativo de la zona, con el tiempo se ha ido formando en el uso de plantas aromáticas y medicinales junto a Silvia, bióloga de profesión. En ellas descubrieron su riqueza natural y, aunque sus prácticas resulten anticuadas en nuestra sociedad, ellos visualizaron una oportunidad única de negocio. 

Sembrada en lo rural

Hoy en día,  subsistir de los productos que dota la tierra es una misión casi imposible. La escasez de precipitaciones y el alto precio de los materiales esenciales para el cuidado de los campos suponen un gran obstáculo para los ciudadanos rurales. Su sede en Berbegal, un pequeño municipio de Huesca, no formaba parte de su planificación estratégica, sino de una oportunidad que supieron aprovechar. “Encontramos un terreno muy barato en esa zona y nos lanzamos”, cuenta Kurt. Su entorno montañoso y de secano propio del Somontano favorece el cultivo de plantas aromáticas. No solo prestan atención a especies concretas, sino que trabajan con la diversidad de plantas que ofrece el ecosistema local como plantas silvestres o autóctonas, muchas veces olvidadas, que crecen libres y sin intervención. 

No obstante, Savia Íbera no solo cultiva, también transforma. El proceso de elaboración de sus productos parte del campo, donde se recolectan todas las plantas de sus propios cultivos, que luego pasan a la destilación. Al contrario que otras empresas, ellos cuentan con su propia destilería. “Utilizamos un alambique de acero inoxidable alimentario y obtenemos aceites esenciales e hidrolatos, que luego se separan y se envasan según normativa”. 

Silvia y Kurt de Savia Íbera
Silvia y Kurt de Savia Íbera

Todo se hace en un circuito cerrado, sin intermediarios. Desde su recolección hasta la venta de productos, todo pasa por las manos de Silvia y Kurt. En parte, es una de sus principales diferencias respecto a otras marcas existentes en el mercado. “La mayoría son intermediarios. Nosotros somos productores directos y trabajamos con plantas autóctonas. Eso se nota en el aroma, en la textura… incluso en lo emocional”, explica Kurt. Finalmente, los productos son sometidos a un análisis en laboratorio para garantizar su calidad. 

Esa diferencia en el mercado se percibe en el propio producto. “ Cuando hueles un romero industrial y luego hueles el nuestro, hay algo que cambia. Si eres de aquí, ese olor te lleva a la infancia, al campo, a casa de tu abuela”, declara Kurt. Savia Íbera centra su atención en la venta de aceites esenciales y los hidrolatos. Estos productos puros y de kilómetro 0 pretenden ofrecer experiencias sensoriales vinculadas a lo propio y a la memoria, que tienen múltiples aplicaciones: desde la cocina aromática hasta la cosmética natural o la aromaterapia. Por ello, sus clientes son tan variados: desde consumidores conscientes hasta empresas de belleza, así como los numerosos apasionados de las plantas e incluso, de la botánica. 

Producto Savia Íbera
Producto Savia Íbera
Lecciones con aroma

Otro de sus pilares fundamentales es la formación y la divulgación de sus prácticas en la naturaleza. Dejando a un lado la venta de productos, Savia Íbera ofrece talleres, experiencias formativas, cursos técnicos y visitas guiadas por sus instalaciones. Una manera de conectar con su estilo de vida y la naturaleza de su entorno. A su vez, han colaborado con algunas instituciones aragonesas como la Diputación de Huesca o el CITA, impartiendo formación sobre el proceso de destilación y de cultivo de plantas aromáticas.

Asimismo, están presentes en el listado del Programa Erasmus Rural y de prácticas universitarias de diferentes disciplinas. “Nos ha sorprendido mucho ver gente que viene de todas partes de España, incluso organizando sus vacaciones para coincidir con nuestros talleres”, cuenta Kurt. Su finca se ha convertido en un aula abierta a todo público, donde se transmite conocimiento, así como, una nueva forma de ver la vida y el mundo. 

Pero no todo ha sido un camino de rosas. Vivir y emprender en el medio rural implica numerosas dificultades logísticas que requieren un esfuerzo extra para captar la atención del público. La menor visibilidad o la dependencia de fechas clave en el calendario les ha supuesto grandes obstáculos. “La provincia de Huesca está muy despoblada, y eso se nota. A veces cuesta que la gente venga, salvo en ciertos momentos del año”, explica. No obstante, no se dieron por vencidos. Más adelante comprendieron que su mayor aliado serían las redes sociales.

En un entorno donde no hay paso diario de gente ni tránsito de vehículos, la digitalización les ha permitido darse a conocer, compartir su día a día y los procesos de producción, además de tejer una pequeña comunidad a través de la pantalla de nuestros móviles. “No nos podemos quejar, gracias a las redes hemos podido conectar con mucha gente que luego viene físicamente al proyecto”, afirma Kurt. 

En florecimiento

Aunque han hecho pequeñas colaboraciones con otros productores, Silvia y Kurt continúan trabajando de forma autónoma. Uno de sus objetivos a cumplir en un futuro es la creación de una red de agricultores que ayuden en el cultivo de las plantas con el fin de diversificar la oferta sin perder la autenticidad de sus productos. Una meta que alcanzar que supone un impacto positivo en el territorio. Entre otros, el uso responsable de los recursos, la voluntad de permanecer en Berbegal y fijar la población demuestra, una vez más, que el mundo rural es un lugar fértil tanto en el sentido agrícola como económico y social.

Al mismo tiempo, la lejanía entre los campos de cultivo y la destilería consume mucho tiempo. Por ello, la unificación de todas sus instalaciones en una misma finca facilitaría el trabajo diario y abriría nuevas oportunidades como la colaboración con más productores, la oferta de servicios a terceros y sobre todo, seguir divulgando su saber. 

Savia Íbera sigue soñando en voz alta con muchos objetivos y deseos por cumplir, pero su propósito como empresa aún no ha sido alcanzado. Sienten que van por el buen camino, ya que no sueñan con grandes cifras o beneficios, sino con vivir en Berbegal con su pequeño negocio físico y demostrar que el mundo rural puede ser un espacio ideal para la innovación y el emprendimiento. Para todos quienes desean embarcarse en una aventura similar, Kurt les anima: “Aunque es más difícil de lo que uno piensa, vale la pena. Hay que insistir, reinventarse, buscar el modo. No es fácil, pero sí posible”. 

No es solo una marca, Savia Íbera es un lugar y una forma de habitar el mundo. En una sociedad acelerada e instantánea donde las raíces se cortan diariamente, estos proyectos recuerdan que aún hay savia que fluye. Porque volver a lo esencial no es retroceder en el tiempo, sino avanzar a otra velocidad.

Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_2 Consolidados), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Cuarta edición) con “Ellas son campo”.


Lee el resto de reportajes en la sección Territorios.

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