Ovnis, pan y circo

Daniela Maella Botero//

El 27 de abril, medios de comunicación mundiales se hacían eco de un titular atípico en las noticias de a pie: “El pentágono desclasifica tres videos de avistamientos de ovnis.” Esta “buena nueva”, además de no ser habitual en los mass media, aterriza con fuerza supersónica para romper la barrera informativa contra la que nos chocamos hace dos meses, la monotonía del coronavirus. Vi la noticia en el Heraldo de Aragón; el asombro fue mayúsculo al leer el titular, pero fui sorprendida a media asta. Como fiel pasajera de la “Nave del Misterio”, conocía de antemano las evidencias desde octubre, días después de que tuviese lugar la primera tentativa de Invasión al Área 51 organizada en Facebook. Aunque era consciente de la triada de documentos gráficos (obtenidos por la Marina americana en 2004 y 2015), me extrañó la publicación del contenido por parte del Departamento de Defensa estadounidense en un contexto tan agitado como una pandemia. Entonces comenzaron a titilar en mi cabeza como señales luminosas de aeronaves, numerosas preguntas: ¿Por qué ahora? ¿Estrategia de distracción o triple de la “NBA” para seguir en cabeza?

¿Vienen cambios o ya estamos viviendo el más grande?

Sólo tenía una certeza, dos audiencias muy diferenciadas: los que ignoraron la información por la saturación de noticias y los que rompieron con su rutina repetitiva para hacer hueco a esta novedad informativa (si no sigues Cuarto Milenio). Esta noticia habría supuesto un hito general en cualquier otro momento en el que no estuviésemos expuestos a una carga viral e informativa tan peligrosa y extenuante. Tras dos meses de “nueva normalidad”, lo “normal” es que no calen tanto los fenómenos inexplicables, ya que han surgido incógnitas vitales más urgentes. El umbral de interés del espectador es muy variable, pero yo he venido aquí a hablar de los emisores y sus intenciones, no de los receptores.

Los vídeos reconocidos por el Pentágono “FLIR1”, “Gimbal” y “Gofast” llevan años rondando en Internet. Ahora casualmente el gobierno, en pleno nudo de este filme de suspense titulado 2020, reconoce su veracidad “para evitar malentendidos y clarificar la situación”. Las grabaciones son propiedad de To the Stars Academy, una compañía privada creada por Tom Delonge, guitarrista de Blink 182. Además de ser una estrella del rock, es un defensor empedernido de la vida extraterrestre. La proclamación de estos vídeos por parte de un organismo público ha supuesto un pequeño paso para el gobierno americano, pero un gran paso para distraer al pueblo. El verdadero malentendido que ha querido evitar el Pentágono, y por lo que rescata estas viejas trayectorias en el firmamento, es porque su astro más alborotador, Trump, hizo brillar una vez más la ineptitud. Nadie pilota esa nave extraviada. El Pentágono mueve ficha y salva a su estrella pentagonal, tras demostrar su nula gestión de la crisis, sin olvidar las controvertidas recomendaciones que hizo para luchar contra la enfermedad: ingerir lejía. El resultado, más de 100 ingresados.

Estados Unidos no se puede permitir ser el hazmerreír mundial y menos ser cuestionado por su diligencia ante la pandemia y su precaria sanidad. La publicación de esta jugosa información está porque ellos siempre se han autodenominado “la gran potencia mundial”, y esta crisis les ha mostrado competidores muy poderosos, pero se niegan a abandonar el podio. Ávidos siempre de liderar la carrera (como la espacial contra la URSS entre 1955 y 1975) ahora destacan estos avances aeronáuticos, para esconder debajo de la alfombra sus debilidades sociales. Un tiro doble y certero; se coronan y además el zarpazo del dirigente se desvanece.

Es importante aclarar que los OVNI son Objetos Voladores No Identificados, ni alienígenas, ni marcianos, al menos de momento. Quienes piensen que estamos solos en la inmensidad del universo, pecan de cierta egolatría, tan solo somos habitantes de un diminuto punto azul pálido, que ahora está siendo azotado sin deferencia. Yo creo que, si hay un “más allá”, hay un “menos aquí”. Me representa el galleguismo: “No creo en meigas, pero haberlas, haylas. La cultura popular lleva años representando a estos seres, por algo será. Desde luego, se les denomina vida inteligente por una razón, y si han de pasar por aquí, seguro que no va a ser ahora, con el thriller que estamos protagonizando. El modus vivendi que conocíamos está cambiando a pasos agigantados, pero no por la llegada de nuevos convecinos. Antes de buscar vida inteligente fuera, hay que encontrarla aquí, además de soluciones para lo que ahora se vive.

En una sociedad sobreinformada, en la que las “fake news” y las estrategias de distracción de masas son un hecho, no resulta descabellado pensar que el poder trafica con la información; conviene tener presente que saben más de lo que dicen y esconden más de lo que muestran, pero ahora hay otras prioridades. De momento, Japón está preparando un protocolo contra una posible invasión, tonto el último. Mientras tanto yo fantaseo con ser abducida por extraterrestres, antes que absorbida por el poder político. Los que quieran que consuman palomitas, pan y circo, porque el largometraje de ciencia ficción sólo comienza, y nos prefieren entretenidos a enfadados. Hace 35 años, Reagan le dijo a Gorbachov qué pasaría en caso de una invasión extraterrestre: “Olvidaríamos todas las pequeñas diferencias que existen entre nuestros países y nos daríamos cuenta, de una vez por todas, de que, juntos, realmente somos seres humanos en esta Tierra”. Quizás deberíamos tomar nota y concentrarnos en el aquí y el ahora, unión ante la tragedia. No nos están invadiendo los aliens, lo está haciendo algo mucho peor, el miedo y la enfermedad; el egoísmo y la incertidumbre.

Un comentario en “Ovnis, pan y circo

  • el 7 julio, 2020 a las 16:08
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    Muy interesante el tema, me encanta como desarrollas el tema

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