Las redes hacen historia(s)

Texto: Paula Muñoz. Fotografía principal: Gorka Estrada//

Las redes sociales han cambiado la forma de contar la realidad. Esta nueva narratividad ha demostrado que funciona bien como ficción y entretenimiento: basta con conocer el caso del tuitero Manuel Bartual. Pero el periodismo también tiene cabida en lo que a narrar historias se refiere y, en los últimos años, Twitter se ha convertido en el lugar preferido para comunicar, difundir información y denunciar injusticias.

Gritos, reivindicaciones y mujeres, muchas mujeres. Palabras de rabia y de impotencia ante un mundo que parece no escuchar ninguna. No, no estoy en una manifestación por el Día Internacional de la Mujer y tampoco –aunque sería más probable- en ninguna de las movilizaciones que se han convocado esta semana en territorio español contra la sentencia dictada el pasado 26 de abril por el Tribunal Superior de Justicia de Navarra. De hecho, no he salido de casa y tampoco me he movido del sofá. Pero estoy de paseo –más bien, mis dedos lo están- en el universo de los 140 caracteres, también conocido como Twitter.

Hace dos años, durante la celebración de las fiestas de San Fermín en la ciudad de Pamplona, cinco individuos acorralaban a una joven en un portal y la grababan mientras mantenían con ella relaciones sexuales de todo tipo. Ella les denunció por violación y, hoy, la justicia ha valorado que no hubo tal violación, sino abuso sexual sin intimidación. Las mujeres, indignadas por la decisión de los jueces, no solo han salido a las calles al grito de “Hermana, yo te creo”, sino que también han decidido apoyar a la víctima desde las redes sociales.

El hashtag #Cuéntalo ha sido el lugar desde el que miles de usuarias de Twitter han revelado experiencias de violencia sexual sufridas en primera persona. La periodista Cristina Fallarás fue quien propuso esta etiqueta, después de leer un artículo de Virginia Pérez Alonso, codirectora de Público, titulado La no violación.

Surgieron entonces las primeras palabras que brotaban acompañadas de un #Cuéntalo. Muchas mujeres compartieron historias propias que nunca antes se habían atrevido a contar. Otras, como @martolius, escribían por las que ya no podrán volver a hacerlo:

“Tengo 22 años y una leve discapacidad psíquica.

4 hombres me raptan y me violan repetidamente.

No contentos, me atropellan 7 veces.

Aún con vida me rocían con gasolina y me prenden

fuego.

3 de mis asesinos están en la calle.

Lo cuento yo porque Sandra Palo no puede”.

Tras convertirse en el tema más comentado en las redes sociales españolas, #Cuéntalo dio el salto y, gracias a muchas periodistas, políticas, escritoras y tuiteras, consiguió adentrarse entre los trending topic mundiales. En América Latina, el pasado lunes 30 de abril ya estaba entre los temas más tuiteados en Argentina, Colombia, México, Chile, Perú y Guatemala. Medios de comunicación de todo el planeta se han hecho eco de la espontánea iniciativa: The New York Times, The Guardian, Le Figaro, The Week, BBC, Le Huffington Post Francia, Clarín, Europe

Ya el pasado año, el movimiento internacional #Metoo, iniciado de forma viral como hashtag en las redes sociales, animó a muchas mujeres a hacer públicas sus historias de abusos y agresiones machistas. Desde entonces, más de 500.000 personas –que podrían llenar 5 estadios del tamaño del Camp Nou barcelonés- y, entre ellas, muchas celebridades, como la actriz Alyssa Milano, lo han utilizado en sus perfiles para denunciar comportamientos misóginos y situaciones de acoso. Me Too  ha tenido implicaciones en la sociedad, la legislación y la vida tal y como era conocida antes de que este movimiento apareciese en 2017. Cuéntalo, por su parte, parece seguir el mismo camino.

La difusión de estos testimonios es imprescindible para erradicar la violencia machista: si no se visibiliza el problema, no se puede conocer su magnitud. Y sin las redes sociales, visibilizarlo sería una tarea ardua y lenta. Muy lenta.

El poder de las redes

La fuerza de las redes sociales ya es imparable. La forma en la que consumimos noticias ha cambiado significativamente desde que plataformas como Twitter, Facebook o Instagram llegaron a nuestras vidas para quedarse. Desde hace algunos años, vivimos rodeados de smartphones y no concebimos la vida sin Internet. Este progreso continuo de las tecnologías, unido al boom de las redes sociales, ha dado lugar a un cambio radical en la manera de narrar y contar historias, sobre todo en el trabajo periodístico. Los nuevos formatos digitales son ahora una herramienta imprescindible para los periodistas. No solo permiten que las noticias lleguen a un mayor número de lectores, sino también que esas noticias se reciban casi en el acto.

Oriol Querol, periodista catalán que en la actualidad trabaja en el programa Salvados de La Sexta, cree que este cambio tiene su parte buena y su parte mala. Del lado positivo está que la información hoy se lea a todas horas y en todas partes. Hace unos años, solo se consumía en televisión a determinadas horas del día y ahora estamos informándonos constantemente. Pero este cambio también puede tener algunos inconvenientes, como el descenso de la exigencia de calidad en pro de la exigencia de clics. Es decir, se venden historias más efectistas pero de peor calidad.

Si hablamos de periodistas, la red social por excelencia es Twitter. Tal como confirmaba un estudio realizado por la Universidad Carlos III de Madrid, el 95% de los periodistas utilizan esta red social para transmitir sucesos, el 86% lo hacen paran detectar tendencias y más del 82% para obtener información. La inmediatez que permite Twitter junto al gran alcance de sus publicaciones, hacen de esta plataforma un perfecto canal de difusión de noticias.

La concisión de los 140 caracteres implica que, en un simple vistazo al timeline, podamos enterarnos de lo que sucede en el mundo. Los tuits sirven de titulares y, como si de un medio de comunicación tradicional se tratase, cada usuario es el que elige si quiere continuar leyendo sobre el tema o quedarse solo con ese primer tuit.

Una de las funciones de esta red social más destacada para comunicadores y medios es la viralización de los contenidos. En la actualidad, son muchas las noticias que se popularizan desde esta red y después pasan a los medios tradicionales. Los medios realizan un continuo seguimiento de todo lo que se dice y sucede en Twitter.

Twitteratura

La conocida limitación de los 140 no era del gusto de todos los usuarios por lo que, el pasado año, Twitter anunció que incrementaba la cantidad de caracteres que podían incluirse en los mensajes hasta un total de 280. Pero este no fue el único cambio que la red social del pájaro azul decidió introducir en 2017: los “hilos” -una nueva función para facilitar la creación automática de tuits encadenados-  invadieron Twitter. Hilos de todos los colores: humorísticos, científicos, culturales, históricos y de denuncia social. Con esta nueva herramienta, el texto se divide automáticamente cada 280 caracteres según el autor lo va escribiendo. De manera que, cuando se tuitea, aparece el correspondiente hilo completo, con todos sus mensajes en orden cronológico.

José Luis Orihuela -profesor universitario, conferenciante y escritor- estudia desde hace años el impacto de la innovación tecnológica sobre los medios y los modos de comunicación. ‘Mundo Twitter’ (Alienta, 2011) es uno de sus libros más conocidos. Para Orihuela los hilos aportan “continuidad, serialidad y contexto”, frente a la “fragmentación, dispersión y aleatoriedad del timeline”. La popularidad de esta nueva función se debe, según este autor, a la “búsqueda, por parte de los usuarios, de una mayor profundidad argumental y narrativa sin salir de la plataforma”.

Aunque los hilos sean la novedad, ya se habla de twitteratura desde hace años. El periodista Ludovic Hirtzmann la define como “el universo literario de la instantaneidad y del mensaje breve”. Un universo al que no es fácil poner punto de partida. Quizá en un momento determinado, una persona alentada por el ejemplo de las novelas en blogs, decidió darle a su cuenta de Twitter un uso distinto al original, como si fuera un laboratorio de experimentación sociológica y literaria. La twitteratura consiste, básicamente, en contar historias o micro relatos en Twitter, utilizando técnicas propias de la literatura para captar la atención del lector. Esta nanoliteratura se ha convertido en una opción de condensación de ideas en la que los más diestros, sin perder la magia de las imágenes literarias, transmiten al lector todo el potencial de una obra en solo unas pocas palabras. Aborda historias de toda índole, aunque lo más frecuente es encontrar narraciones en las que reina el suspense.

Manuel Bartual domina bien esa técnica. Sus vacaciones de verano en Mallorca tuvieron en vilo a cientos de miles de twitteros, preocupados porque un gemelo malvado perdido pudiese acabar con el dibujante. Dibujante y ahora también escritor: su primera novela, ‘El otro Manuel’, salió a la luz a principios de este año. El hilo en directo de sus misteriosas vacaciones tuvo tal éxito que se convirtió en trending topic mundial y le sirvió para introducirse en el mundo de la literatura. Bartual se hizo famoso de la noche a la mañana y supo aprovecharlo.

Lo que también supo aprovechar fue la credibilidad que una red social como Twitter parece atesorar: los lectores no pusieron en duda su relato hasta que comenzó a ser tan surrealista como para reconocer que era ficción. Las redes sociales pueden resultar muy útiles para contar la realidad, pero también para manipularla. Sucede algo similar con los falsos documentales. Más propios del mundo cinematográfico que del periodístico, este tipo de documentales parten de una historia ficticia que, de un modo u otro, pretende crear la duda ante el espectador, quien puede acabar creyendo lo que se le está contando.

Ficción vs. Realidad

El pasado mes de abril, el que parecía un nuevo Bartual se lanzó a crear un hilo que ya se ha hecho viral. Un negativo de fotografías encontrado en el suelo de una plaza de Barcelona fue el detonante de la historia de Oriol Querol.  Se lo encontró por la calle y no pensó en hacer nada con el, pero lo guardó en su bolsillo. Cuando llegó a su casa y se dio cuenta de que las escenas eran reconocibles y estaban en suficiente buen estado como para ver de qué trataban, decidió dedicarles un rato. Lo curioso es que pensó que, ya que les dedicaba ese rato, debía contarlo. Quería que sirviese para algo y creyó que, por la propia naturaleza del misterio, las redes le ayudarían en el objetivo que se propuso: encontrar a la familia que aparecía en las instantáneas. A pesar de la colaboración y el trabajo colectivo que le brindaron muchos tuiteros, todavía no lo ha conseguido.

Querol achaca el éxito de su historia a cómo fue el proceso y a que esta se viralizara durante ese proceso. Está seguro de que, aunque las fotografías hubieran sido de cualquier otra cosa, habría pasado lo mismo. Aunque al periodista no le gusta hablar una “historia”, porque no tiene final y eso es lo que no la convierte en tal, sino en un experimento de Twitter.

Para este autor, una de las ventajas que reportan los hilos de Twitter es el hecho de contar algo prácticamente en directo, lo que no ofrece ningún otro formato. Cuando lees un libro, ya tienes el inicio y el final en las manos. Cuando ves una película, está acabada, editada y preparada y lo único que tienes que hacer es verla del principio al final. En los hilos, en cambio, puedes estar consumiendo una historia que se produce en ese mismo momento. Puedes ir al mismo ritmo que el autor y eso agrada.

Que la familia no apareciera a pesar de la viralidad del relato hizo saltar los rumores de otro posible engaño a lo Bartual. Querol, sin embargo, asegura que lo suyo no es ficción. Ya lo ha dicho muchas veces. Todo lo que él sabe del tema está en el hilo. Si un día hay alguna novedad o las personas aparecen, lo contará. Pero ni es el que aparece en las fotografías, como se ha divulgado, ni es una mentira de la que haya escrito el final.

Otro ejemplo de tuitera que siempre dice la verdad es Dori Toribio. Lleva más de 20 años ejerciendo como periodista. En 2010 partió a Washington y allí ejerce la labor de corresponsal para las cadenas de televisión españolas Cuatro y Telecinco. Se confiesa adicta a Twitter y a los hilos: “Twitter funciona porque ahí se puede contar lo que no contamos en otros canales y formatos. Permite mostrar la trastienda de la información, los matices más personales”. Su trabajo en Estados Unidos la obliga a estar conectada de manera frecuente. La gran mayoría de informaciones oficiales, reacciones y comunicados le llegan primero desde esta red social. Además, los tuits de Donald Trump marcan la agenda política e informativa de su ciudad de acogida.

Esta periodista está segura de que la manera de contar historias en periodismo no ha cambiado. Cree que la esencia se mantiene. Lo que cambian son los formatos, canales y lenguajes: “es cuestión de adaptarse a ellos o de innovar con ellos”. Lo que es seguro que ha cambiado es que tenemos la información al alcance de las manos las veinticuatro horas del día. Esa inmediatez ha modificado el proceso la elaboración y el consumo de historias. Pero Twitter es un canal, no un medio, y en él, además de información, puede circular también mucho ruido. Por eso es cada vez más importante interesarse por adquirir un consumo responsable de la información. Cada usuario debería saber qué consume y qué fiabilidad tienen o le da a las fuentes de las que consume, y asegurarse así de cómo de cierto es aquello que lee cada día en su teléfono móvil.

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