La conquista de los lugares de paso

 

Texto: Teresa Auría. Ilustración: Sara Millán//

El pasado 6 de abril el escritor Jorge Carrión presentó en la Universidad de Zaragoza su última obra: Barcelona. Libro de los pasajes. En la segunda sesión del ciclo Lecturas Urbanas. Pasajes de la ciudad, Carrión viajó por la obra de Walter Benjamin, caminó por sus métodos y sus omisiones. Y leyó en el callejero de la ciudad donde vive las historias de sus pasajes, librerías y jardines.

Por segunda vez las profesoras María Angulo y María Ángeles Naval acompañaron al autor en la presentación de uno de sus libros. La Sala de Juntas de Filosofía y Letras estuvo repleta de alumnos, además de otros escritores urbanos como Luisa Miñana. La ocasión anterior fue a causa del ensayo Librerías, pero el escritor bromeó: “Desde la última vez que vine hasta ahora, además de coleccionista de librerías me he vuelto coleccionista de pasajes”. Antes de acercarse a la Universidad de Zaragoza, los pies de Carrión le llevaron a Palafox y los pasajes del centro de la ciudad, ya que espera que mediante su obra “cada uno encuentre en su ciudad sus librerías y sus pasajes, y su memoria sentimental de espacios para esa persona importantes”.

Jorge Carrión es el hombre del espacio, porque es un viajero”, rió Naval. Y un viajero atípico. No ha recorrido el mundo entero, aunque sí ha escrito sobre el continente americano y Australia. Pero su literatura de no ficción también se ha pateado la ruta GR-83 desde Mataró hasta Francia; pasando por las librerías más emblemáticas del mundo, las series televisivas o la historia de su familia andaluza a través de Google. Incluso sus libros de ficción, como la tetralogía de Las Huellas –Los muertos, Los huérfanos, Los turistas y Los difuntos-, conservan un cierto interés por las migraciones. El último alto en el camino ha sido su hogar, Barcelona.

En ella, continuó Naval, el autor ha cumplido un “destino sociológico, que comparte con otros escritores como él, y que es el que había deseado Jaime Gil de Biedma” para los migrantes andaluces asentados en Montjuic en su poema Barcelona ja no es bona:

Sean ellos sin más preparación
que su instinto de vida
más fuertes al final que el patrón que les paga
y que el salta-taulells que les desprecia:
que la ciudad les pertenezca un día.
Como les pertenece esta montaña,
este despedazado anfiteatro
de las nostalgias de una burguesía.

El destino de conquistar el espacio de Barcelona. Un destino revolucionario, para el que en su Libro de los pasajes toma prestadas del homónimo de Walter Benjamin sus consideraciones sobre arte, literatura, ciudad y capitalismo.

Los cuatro principales proyectos literarios de Benjamin sobre la metrópoli fueron: Sobre la infancia en Berlín en 1900, un recuerdo de su niñez; Diario de Moscú, un registro de la Revolución; Calle de sentido único o Dirección única, un collage de voces sobre la ciudad moderna; y el incompleto Libro de los pasajes, una carpeta de trabajo llena de recortes y citas ordenadas por temas. El barcelonés reflexiona: “En mi libro lo que he hecho –y me doy cuenta mientras estoy hablando, no lo había pensado- es mezclar las cuatro formas que Benjamin utilizó en sus cuatro libros: memoria, diario, collage y archivo”. El resultado es una estructura que intercala citas con la pluma de Carrión, y que combina el ensayo con la narración, la crónica de viajes y la autobiografía. Algo que el escritor Eloy Fernández Porta describió una vez como “ensayo-en-movimiento”.

Presentación Barcelona libro de los pasajes 2

Sin embargo, a pesar de la influencia de varios libros y otros autores como Baudelaire e Italo Calvino, Carrión tomó el testigo del trabajo incompleto de Benjamin sobre los pasajes de París: “¿Por qué, no obstante, lo llamo Libro de los pasajes? Porque Walter Benjamin estuvo en Barcelona y esa es la omisión principal. Que Benjamin omitió Barcelona. Que Benjamin ignoró Barcelona. ¿Cómo puede ser que alguien que era experto en los pasajes de París no viera los pasajes de Barcelona? De su no-mirada hacia mi ciudad parte mi mirada hacia mi propia ciudad”.

Cuando vivía en el centro, descubrió por casualidad el Pasaje Manufacturas o Pasaje Industria, el cubierto que ahora aparece en la portada de su libro. Así se topó con que existían entre 15 y 20 pasajes del siglo XIX en el centro de Barcelona, y que en toda la ciudad suman casi 400 calles que se llaman “pasaje”. Pero no pueden conocerse en Google, ni visitarse en profundidad con Street View. Para encontrarlos se compró una guía callejera y los marcó en sus mapas, cuadrícula por cuadrícula, uno por uno.

Sus viajes en metro y a pie, con el plano en una mano y la cámara fotográfica en la otra, y el deseo de narrar en la cabeza, duraron tres años: “Cuando tenía tres días libres me levantaba a las 6 de la mañana, me iba 12 o 14 horas a caminar por Barcelona y volvía a casa, descargaba las fotos, dormía porque estaba reventado, me levantaba al día siguiente a las 6 y seguía viajando por la ciudad”. Decidió conocer todos, y no solo los del centro, porque creyó que el centro burgués y aristocrático no era su mundo: “Yo soy una persona de familia humilde y siento que la orilla, la periferia, es mi casa”.

Presentación Barcelona libro de los pasajes

Gracias a este libro, Carrión se mudó al barrio de Poblenou y a dos minutos de su casa se encuentra el Pasaje del Campo, uno de sus favoritos por ser el suelo de tierra. “Yo empiezo hablando de cómo era Barcelona antes de ser Bercelona. Todas las ciudades nacen cuando ocurren dos cosas. Una: los caminos se vuelven calles. Dos: los ríos y los torrentes y las rieras se vuelven alcantarilla. Aquí encontramos un rastro de cuando la ciudad todavía no era ciudad, era camino, tierra, huerto, masía”.

Del mismo modo realizó dos reconstrucciones históricas a partir de las omisiones de Benjamin. La primera es la de los parques y jardines, como el Parque de los Campos Elíseos que se construyó tras el derribo de las murallas de la ciudad y del que ahora solo queda un pasaje con el mismo nombre. Y la segunda es la de las librerías, que han sido progresivamente sustituidas por tiendas de Mango o Zara. “Barcelona, como tantas otras ciudades del mundo, exterminó de su centro los núcleos de memoria –librerías, bibliotecas, parques y jardines- y expulsó esto hacia la periferia”, se lamentó el autor.

Frente al discurso oficial enfocado en el turismo, en el crecimiento burgués, Carrión ofreció resistencia: “Este libro lo que intenta es mostrar que existe otra Barcelona paralela y que esa otra Barcelona es un modelo también. Hay dos modelos en conflicto. Y mi posición es la de los pasajes, la del tono menor, la de la trinchera. Es un libro que no habla de monumentos sino de personajes secundarios, pero pueden ser tan importantes como los principales si uno los mira de un modo distinto”.

La conquista que realiza el hombre del espacio es literaria, reconoce los lugares y a sus gentes, y también la historia urbana que guardan los pasajes. Pero esta es la segunda parte de una trilogía transmedia que comienza con la novela gráfica Barcelona. Los vagabundos de la chatarra. Tendremos que esperar para poder leer, ver o escuchar una tercera narración con el título de “Barcelona”.

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