Agustín Ferrer Casas: “Soy feliz con un lápiz en la mano”

Marta Bermudo //

Agustín Ferrer Casas es un clásico moderno en el mundo del Noveno Arte, el cómic. Apasionado de la arquitectura, ha sabido reconducir su vida hacia lo que de verdad le llena: escribir y dibujar. Su trabajo ha sido reconocido en diferentes categorías. A este guionista autodidacta, como él se define, le quedan muchas cosas por contar…

Los clásicos siempre fueron su fuente de inspiración. Mortadelo y Filemón o Tintín le descubrieron otro mundo. Su interés por los cómics nació inconscientemente. Dibujar mientras estudiaba era normal para él, apuntaba maneras sin darse cuenta, hasta hoy el tiempo le ha dado la razón: dejar a un lado su trabajo como aparejador y embarcarse en esta aventura no ha sido un error.

Autores como Moebius, Enki Bilal, Howard Chaykind, Charles Schuld, Miguelanxo Prado, Matías Schultheiss o Alain Moore le enseñaron que el mundo del cómic no solo era para niños. “El descubrimiento del Noveno Arte surgió a través de un trabajo académico durante mis estudios de Arquitectura en la Universidad de Navarra. La asignatura de Estética me permitió escribir y documentar un pequeño estudio sobre la estética en el cómic”, explica.

Los concursos fueron su trampolín, tenía poco que perder y mucho que ganar. A lo largo de sus veinte años de profesión atesora más de treinta galardones, lo que reafirma la idea de que algo “está haciendo bien”.

Para Ferrer Casas la arquitectura es un fondo del que tirar. Todo conocimiento suma a la hora de desarrollar un proyecto. El cómic es algo dinámico que crece a partir de una idea, un guion debe tener una estructura y esta estructura debe estar respaldada por la imagen: “el cómic es el hermano pequeño del cine, es un teatrillo donde van pasando las escenas, una sucesión de viñetas y esto tiene que ver mucho con los fotogramas”.

Su forma de trabajar es analógica: “Solo para retoques o maquetaciones uso la informática”.

  • ¿Cómo organiza cada proyecto?

– Lo enfoco como si fuera un trabajo: 8 horas al día. Se trata de ponerse y sacar adelante el plan. Yo por ejemplo soy autor completo. ¿Qué quiere decir? Tengo mi guion, desarrollo la historia a nivel de boceto en un A4 a lápiz, calco el resultado sobre un papel Canson de 160g/m2 de color gris Trianon, vuelvo a dibujar a lápiz sobre ese papel, entinto con rotulador calibrado fino, borro el lápiz, humedezco el papel y lo fijo a un tablero con chinchetas para que no se deforme con el uso de las acuarelas. Dejo que se seque. Cuando está el papel seco, pinto y coloreo el dibujo completo. Y, por último, escaneo el resultado, limpio y corrijo alguna pifia, que yo también me equivoco, y maqueto la página con sus bocadillos y textos. Cada página me cuesta dos días y medio, si es doble tardo una semana. A todo esto hay que sumar además los tan temidos parones creativos…

Poco a poco ha ido definiendo su estilo, diferenciándose de aquellos con los que en sus inicios se identificaba. Este mundo es competitivo, lo que hoy gusta mañana puede ser un fracaso. Es un trabajo en ocasiones reconfortante y agridulce en muchas otras.

Ferrer Casas se considera una persona con suerte. Su primera novela gráfica la hizo del tirón con la idea de llevarla a cabo a través de un micromecenazgo, lanzarse y sacar la novela por su cuenta parecía toda una aventura… “Yo soy muy desastroso porque no soy muy social y en ese momento no tenía muchos amiguetes, fui consciente de que moverla yo solo era una tarea abocada al fracaso, y así empezó mi historia con las editoriales”. Sus andanzas de editorial en editorial fue toda una odisea hasta que llegó a Grafito Editorial, donde le hicieron una oferta atractiva que no dudó en aceptar.

Más de veinte años en el Noveno Arte, varias obras en colaboración (Gandhi, el maestro de la vida, La nueva era del sueño) y otras tantas en solitario (Cazador de Sonrisas, Arde Cuba, Las apasionantes lecturas del Sr. Smith y Cartas desde Argel) respaldan la pericia y el buen hacer de este artista gráfico que no cesa en su empeño de crecer profesionalmente.

Los años 60 son una fuente de inspiración que le permite jugar con los tiempos. Sus personajes son oscuros, “con vidas poco comunes”. Busca que sean queridos por el lector y que se produzca un cierto feedback entre el lector y la historia. En sus trabajos cada detalle tiene su por qué, los ademanes físicos de cada figura, sus manos, sus gestos, sus comentarios o sus silencios hacen que la historia sea redonda o por el contrario un fracaso.

Ilustración de Agustín Ferrer

El último galardón que le ha sido concedido en diciembre de este año es el premio a la Mejor Obra Nacional del IX Premios del Cómica Aragonés con su trabajo MIES. Una biografía ficcionada sobre el arquitecto alemán Mies van der Rohe. Además de homenajear a uno de sus ídolos arquitectónicamente hablando, para él este premio “es una recompensa y un reconocimiento, te abre puertas, te das a conocer y es todo un subidón para seguir trabajando”. 

Sin duda, Agustín es un ilustrador que cosecha éxitos. Consigue que cualquier tema desconocido para el lector se convierta en una materia interesante.

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