Nacho Vigalondo: la buena carne es la que no precisa salsa

Texto: Jorge Marco, Pablo Gracia y Julio Beltrán//

Después de participar en una agradable tertulia y vermú organizado por Ozone TV, Nacho Vigalondo, uno de los directores de cine más internacionales de este país, nos ofreció una amable charla sobre el cine en general y el suyo en particular. Director de obras como Cronocrimenes, Colossal, Open Windows y una multitud de desternillantes cortos, Nacho Vigalondo ha sido uno de los asistentes más ilustres del Festival de Cine de Zaragoza. Un cineasta atrevido y original que ha sabido permanecer fiel a su estilo pese a su ascenso hasta las más altas cotas del séptimo arte.

-Al igual que muchos otros cineastas, llegada la oportunidad, dejaste los estudios para dedicarte al cine. ¿Qué formación consideras que debe tener un director?

– Hay algo que debería matizar: dejé la carrera con muy pocos créditos por cumplir porque empezó a salirme trabajo. Eran otros tiempos y era más fácil que te saliese trabajo mientras seguías siendo un estudiante. Me convencí a mí mismo de que volvería a la carrera cuando tuviese ocasión, pero cuando la ocasión llegó, unos años más tarde, me convencí a mí mismo de que ya no hacía falta. Me engaño mucho a mí mismo, constantemente. De todas formas no puedo hablar de la carrera con despecho: la gente con la que trabajo, la gente a la que considero mis socios, son personas a las que conocí el primer día de carrera.

– El ambiente universitario anima mucho a embarcarse en proyectos así…

Exacto. Si bien no acabé la carrera, de no haberla empezado no estaría aquí, o estaría en otros términos diferentes. Sin haber conocido a Nahikari o a tanta otra gente que forma parte de mi comunidad y sin haber trabajado en los cortometrajes de esa época no sé dónde estaría. Si cogemos a todos los cineastas e intentamos establecer relaciones entre la calidad de su cine y su nivel de estudios en universidades, escuelas de cine o su autodidactismo, veremos que no hay una proporción clara.

Os digo una cosa que suelo procurar no mencionar para evitar que parezca chuleo. Al comenzar la carrera solamente dos compañeros de clase habíamos hecho cortos en el instituto, Borja Cobeaga y yo. Y creo que no es casual que hayamos sido los primeros cineastas de la promoción. Con esto no quiero decir que seamos los mejores del mundo; lo que intento decir es que lo más decisivo es lo que hagas al margen de tus obligaciones como estudiante. Lo que no recomiendo es permanecer en un letargo estudiantil hasta que, de repente, acaben los estudios y entonces tener que empezar a plantearse a uno mismo como director partiendo de cero.

– ¿Crees que el cine español tiene un complejo de inferioridad frente a otros cines europeos o mundiales?

Creo que, en general, todo el cine latinoamericano tiene un complejo parecido. Cuando viajas a festivales en Argentina, Uruguay, Colombia… ves que ese auto desprecio existe también allí. Y no me atrevería a asegurarlo pero en general todos los países tienden a entender que su cine es un producto de vecindario y que son otras cinematografías las que tienen valor. Yo creo que España no es diferente a otros países. Podéis decir que en Estados Unidos no es lo mismo, que hacen una celebración constante de su cine, pero no; tampoco se entiende que por ser una buena película tenga que ser americana. No es raro oír que una película parece europea o asiática cuando es muy buena, o sea que la atracción por lo lejano es algo que se da en todas las culturas.

– Lo pregunto porque no es raro oír que el cine español es una “basura”…

Es una maldición que venimos arrastrando desde siempre y de la que todos participamos. Hay que tener en cuenta que ese pensamiento se mantiene constante a lo largo de los años mientras que el cine español no ha dejado de cambiar, al menos la sensación que yo he percibido desde los ’80 en adelante es que el cine español no se parece en nada a lo que era y me atrevería a decir que se ha conseguido reinventar cada década de un modo sustancial. Hay que acusar que las quejas hacia el cine español son más inmutables que el propio cine español.

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-Dada la estrecha relación estructural que existe entre música y cine en tu corto 7:35 de la mañana ¿cuál dirías que es la relación entre música y cine?

El corto es un musical entre comillas porque todo el sonido es diegético, es decir, que lo que tú escuchas lo están escuchando los personajes y está dentro del marco en el que se desenvuelve la narración. En una película, si alguien toca la guitarra en el metro, eso es música diegética. Otra cosa es la música que suena por encima de la conciencia de los personajes, que es lo que llamamos la banda sonora. Nadie en E.T. está escuchando la música de ET., por lo cual, estamos hablando de dos planos muy distintos. Me siento muy a gusto con la inclusión de música diegética en mis películas, como la canción de Blondy en Los Cronocrímenes y aunque siempre incluyo música tradicional orquestal en mis películas tengo que reconocer que, teóricamente, no he encontrado una explicación real de por qué el cine necesita música.

-¿Y crees que el ritmo de la música tiene algo que ver con ese suspense o atmósfera del que hablas en Una lección de cine?

Si tú vas a la barbacoa de más prestigio de Texas ahí te explican que la buena carne es la que no precisa salsa de ningún tipo, con lo cual la salsa es un añadido que se utiliza para que la carne que no está buena nos entre bien. A veces me pregunto hasta qué punto la música no es la salsa del cine. Respondiendo de otra manera, ¿Por qué no valorar que una película tenga un ritmo interno válido y una progresión interna fantástica y que no necesite música? Ahí están los grandes maestros del cine mudo. Tienen una música que puedes quitar perfectamente bajando el volumen del televisor porque no está compuesta ad hoc casi nunca, o sea, es una pista uniforme. Es el tipo de preguntas que me vienen cuando veo películas como Los pájaros de Hitchcock. Funciona al cien por cien, no hay música, y lo más importante es que no se echa de menos la música. Me pregunto qué pasaría si de repente hiciésemos películas sin música.

-Bueno, me parece que Luis Buñuel apenas utilizó algo más que los tambores de Calanda…

En sus películas mexicanas sí que había música, pero ahora estoy intentando recordar Viridiana o Tristana y no recuerdo música, así que puede que tengas razón ahí.

-En el cartel y en la temática absurda y violenta de tu corto, Choque, se hace una clara referencia a la saga de videojuegos GTA. En los últimos años hemos visto como la industria del videojuego ha evolucionado enormemente hasta el punto de convertirse en otro modo muy efectivo de contar historias. ¿Qué relación crees que tendrán en un futuro estas dos industrias? ¿Confluirán? ¿Veremos a directores de cine trabajando en videojuegos?

– Es algo que se lleva diciendo mucho tiempo. Recuerdo como a finales de los 90 salió un añadido para la consola génesis en forma de lector de CD que te permitía jugar a películas. ¡Aquello era horrible! Siempre se ha jugado a la posibilidad de que el cine y el videojuego converjan. Tenemos las adaptaciones de videojuegos al cine, la última que se ha anunciado es la de Rampage. Es un videojuego que no conoceréis pero que os recomiendo enormemente en el que interpretas a un gorila gigante, un lagarto y un lobo y destrozas edificios, te comes a gente a través de las ventanas y revientas helicópteros… una maravilla. Están también los videojuegos que quieren parecer películas y son abiertamente cinematográficos. Pero creo que son dos territorios que siempre van a estar separados. El juego es la posibilidad de la interacción, la transformación del objeto a través de nuestra voluntad y el manejo del interface. Cuanto más interactivo es un juego, mejor. Sin embargo, en una película… pensad en vuestra película favorita: cuanto menos interactúes, mejor. El placer de una película es el placer de no tener nada que ver con ello. Yo veo Fargo, de los hermanos Coen, y pienso que gracias a dios no tengo nada que ver en eso. Veo Terroríficamente muertos y pienso qué maravilla de película, qué bien que yo no tengo nada que ver con ella. Luego podrán inspirarme para hacer mis películas, pero esta no la quiero tocar.

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Fuente: Twitter de Nacho Vigalondo

Explicado de un modo más simple. Yo juego a videojuegos mucho y veo muchas películas y después de ver una película me apetece jugar y después de jugar puede apetecer ver una película. No creo que un placer y el otro acaben fusionándose en el mismo.

-¿Entonces no cubren las mismas necesidades?

En absoluto. ¡No hay nada como ver una película con una persona con la que sientes gran cercanía y no hay nada como estar jugando solo como un loco a GTA!

– ¿Cómo es la industria del cine desde dentro? Porque la gente sólo ve los premios y las alfombras rojas pero detrás de una película tiene que haber un trabajo considerable…

Claro, tú piensa que una película tarde en hacerse de tres a cinco años y es un viaje lleno de vaivenes en algunos momentos. Hay momentos depresivos, momentos de incertidumbre… Para que te hagas una idea, yo no recuerdo el montaje de una película que no incluya, al menos, dos momentos de crisis; no porque algo vaya mal sino de confianza en uno mismo con el material que se está trabajando. Hay un momento muy duro en el que te vas a la cama con la convicción de que estás haciendo una mierda. A lo mejor el día siguiente te despiertas con otro ánimo y vuelves a la sala de montaje con dos ideas increíbles que te permiten quitar veinte minutos de golpe y así la película deja de ser aburrida, pero la epifanía llega tarde. Yo siempre he pensado que los directores de cine envejecemos muy mal, la genética es importante pero creo que se debe a un trabajo que te somete a una total falta de ritmo vital. O estás muy ocupado o estás terriblemente desocupado. Y luego hay otra cosa terrorífica y es que nunca sientes que has llegado ahí, nunca sientes una estabilidad que va a prolongarse el resto de tu vida. Quizá ya no exista esa estabilidad en ningún trabajo pero en el cine menos que nunca. Puede que después de haber hecho una película de éxito tardes demasiado en hacer la siguiente y no lo digo por mí, lo digo por gente con mucho más prestigio que yo. Alguien como Enrique Urbizu dirige No habrá paz para los malvados y tarda muchísimo en hacer su siguiente largometraje. Yo cuando tenía vuestra edad y ya soñaba con ser cineasta pensaba que una vez que hacías una película ya estabas en Peliculandia y que ya eras director… quizá los directores españoles de la época nos daban esa impresión, hacían película tras película sin tener en cuenta la recepción que se tenía de su trabajo. Pero ya no es así.

Open Window fue la primera película que rodaste en inglés. ¿Crees que cambiar de idioma supone una gran dificultad a la hora de dirigir a los actores?

Sería un problema si dirigir a los actores supusiera un lenguaje técnico específico. Debe ser difícil ser neurocirujano en otro idioma. Pero esta es una labor que al igual que otras facetas de la dirección depende mucho de la capacidad que tengas para ser preciso a la hora de escribir lo que quieres, y esa dificultad es la misma que en castellano. Es mayor la dificultad de saber lo que quieres que de saber contarlo. Saber lo que quieres, a veces, es muy complicado. Por ejemplo, para elegir qué opción prefieres para colocar la cámara o para que un actor afronte determinados puntos del guión, etc., una vez que lo sabes no necesitas un lenguaje muy específico para contarlo. Por supuesto tienes que tener mucho cariño por la gente que te rodea y ser muy generoso a la hora de explicarles los qués y los porqués.

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Nacho Vigalondo con los chicos de Ozone TV. Fuente: Ozone TV

-En los últimos años el cine de taquilla sufre. Las grandes producciones salen adelante pero el cierre de pequeños cines y la subida progresiva e imparable de los precios producen una pérdida de espectadores y muchos obstáculos a los nuevos artistas que querrían darse a conocer. ¿Cuáles crees que son las causas de este fenómeno? ¿Quiénes son los culpables?

Se ha producido la desaparición de la clase media cinematográfica. Las pequeñas películas tienen ahora un mercado muy específico que son los festivales de cine, y solo las grandes superproducciones cuentan con el apoyo de las multinacionales y llegan a los cines con una acogida respetable.

-¿Quiénes han sido los responsables, cuáles han sido las causas?

Hemos sido todos. Es una decisión que hemos tomado entre todos y todos compartimos. A veces, cuando se habla de estos temas, se comete un poco una cosa muy antipática y es que cada grupo habla solo de los deberes ajenos. Por ejemplo, cuando el tema de la piratería brotó y era omnipresente se oía mucho decir “Estos son mis derechos y estas vuestras obligaciones”. Cuando la verdad es que todos tenemos derechos y obligaciones en cierta manera. Creo que todos somos culpables, o mejor dicho, responsables, porque tampoco habría que condenar la situación actual. Somos responsables de que en un momento dado hayamos optado por vías de consumo al margen de la industria y hayamos cambiado de hábitos. Por comodidad o egoísmo. Es algo en lo que entran en juego tanto consumidores, creadores, distribuidoras, productoras… todos tenemos la responsabilidad. No se ha sabido reaccionar bien al cambio de paradigma tecnológico que se ha producido.

Al final, todo se reduce en el hecho de entender si hay valor en ir al cine y compartir  un espacio con desconocidos a la hora de ver una película en la gran pantalla. Debemos decidir si esa experiencia merece la pena o podemos esperar un poco más a que este en Torrent o Netflix. Yo creo que ahí radica la diferencia. El valor de una sala de cine no está en el tamaño de la pantalla, la calidad del sonido o alguna otra circunstancia técnica, está en la experiencia comunal, en la experiencia de grupo, en la creación de ese sentimiento de comunidad que dura lo que dure la película. Para mí eso es lo valioso del cine. Ahora bien, que eso sea algo tan valioso como para preservarlo es algo que debemos decidir entre todos.

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– ¿Cuándo es uno consciente de que es famoso?

La ficción nos ha obligado a creer que los estados son constantes. De repente algo sucede, hay un giro en tu vida, y eso cambia el estado de la situación cuando en realidad no es un sentimiento constante. Hay muchos momentos en mi vida en los que me siento…quizá no famoso pero sí popular; pero luego hay momentos en los que me doy cuenta de que no lo soy en absoluto. Ahora, por ejemplo, en esta entrevista, me decís que estáis nerviosos porque es vuestra primera vez y pienso que igual soy importante, pero luego tengo un estímulo en un tuit que me confirma que no. Tengo una dificultad en las colas de las discotecas… ¿Se sigue diciendo discotecas? Digamos en un club a las dos de la mañana y una parte de mí, al ver la cola, dice: “¿Por qué no vas donde el portero y cuentas con que te reconozca y te deja pasar?”. Pero no me atrevo porque no lo doy por hecho, con lo que me quedo en la cola, pero allí hay gente que está muy borracha y que se ve, desde su borrachera, autorizada a darme la brasa. Y en ese momento pienso que tengo lo peor del anonimato y lo peor de la fama. En resumen, es muy fácil auparme y es muy fácil hacerme bajar.

-Cuando un espectador va a ver una película tuya, ¿Qué buscas o qué esperas provocar en él?

No creo que se formule así, quiero decir, que no hay un momento en el proceso durante el cual me ponga a meditar lo que quiero que esta película provoque en el espectador. Es todo mucho más intuitivo. Tienes la película y dices: aquí les voy a conmover o aquí van a pensar que todo lo que han visto hasta ahora no vale para nada; o aquí les voy a hacer sentir lo que esta película me hizo sentir a mí. Tiene que ver más con sentimientos e impulsiones lúdicas y de gozo que con un plan maestro premeditado. Otra cosa es que la película la haga una multinacional y quiera calcular al detalle las risas y las lágrimas del público, pero esa es otra historia.

-Pero a la hora de recapitular, ¿No piensas qué he hecho o qué he dejado con estas películas?

Llega una edad en la que empiezas a pensar todo en conjunto, pero estás muy ocupado preparando la siguiente. Sería muy mala idea que yo dedicase un tiempo significativo a la reflexión sobre todo lo que he hecho porque eso es algo que tendrán que decir otros. Cualquier cosa que piense yo va a estar distorsionada por mi falta de distancia y por el momento. Me remito a lo que dije antes acerca de los sentimientos cambiantes. Hay momentos en los que pienso que no he llegado al fondo de ningún asunto y que nada de lo que he hecho va a perdurar y otros momentos digo “¡Vaya cuatro pelis más interesantes y más diferentes, y con el mérito de que no son taquilleras!” Es decir, no hay un sentimiento válido y constante. Hay miedos y hay ilusiones y ni una cosa ni la otra son definitivas.

– ¿Sueles ver tus películas con el tiempo? O eres más de la opinión de Orson Welles, que odiaba revisarlas.

Es muy normal odiar volver a verlas. Cuando veo una de casualidad sí, haciendo zapping o en casa de alguien… y me suelo sorprender de la agresividad de algunas decisiones que en el momento me parecían inocentes. Pasado un tiempo pienso: “Joder, estaba loco”. Pero no, no es algo que vaya buscando. Tengo muchísimas películas por ver y muchísimas películas pendientes por lo que no voy a malgastar el tiempo volviendo a ver las mías cuando he vivido tanto tiempo dentro de ellas, o sea, que sintonizo con Orson Welles.

– ¿Tienes algún proyecto cercano?

Sí, The Comeback, la película que voy a hacer con Skybound Entertainment y en la que estoy escribiendo estos días. Va a ser una vuelta al territorio de Cronocrímenes a través de la obra de otros, porque en el cómic en el que se inspira hay una premisa de viajes en el tiempo muy atractiva. Voy a aprovechar la adaptación de esta película para revisar algunas cosas que había en Cronocrímenes pero con una óptica diferente, para no repetirme tampoco. Bueno, y al igual que en Colossal había una frase de Juan Carlos I, esta película empezará con una frase de un importante político español. Esta es una exclusiva solo para vosotros.

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Fuente: Ozone TV

-¿Qué les aconsejarías a quienes, como tu hace algunos años, dan sus primeros pasos en esta industria en el Festival de Cine de Zaragoza?

Lo primero, que no escuchen los consejos de gente como yo. Pertenezco a un contexto muy diferente al de ellos. A veces me siento ridículo hablando con cortometrajistas sobre las dificultades para conseguir trabajo y sacar adelante presupuestos y tal… Y claro, como es tan diferente a mi contexto, pues me siento un poco ridículo dando consejos.

También es cierto que las cámaras que hay ahora son las cámaras con las que se soñaba en mi generación. Existía la creencia casi religiosa de “¡Ya llegarán esas cámaras, y cuando lleguen, habrá una revolución! Todo va a cambiar, la tecnología nos va a permitir ser dioses”. Pues bien, esa tecnología ya ha llegado y me da la sensación de que no somos conscientes del valor que posee. Me da la sensación de que se están intentando reproducir modelos antiguos de producción y de financiación cuando las cosas están exigiendo un cambio de paradigma muy distinto.

Como veis no es un consejo muy válido el que estoy dando ahora. No sé, como hay una obsesión reinante en todas partes acerca del dinero, que no olviden que el dinero siempre es el menor de los problemas; el mayor problema siempre es decidir qué quieres; eso es el doble de complicado que conseguir el presupuesto para algo. A veces, con la arrogancia de la juventud, pensamos que solo necesitamos dinero para que nuestro genio llegue a los focos, que somos el siguiente Kubrick. Nunca es así, el dinero no es suficiente, hacen falta toneladas de introspección y planteamiento del propio punto de vista. Saber qué merece ser contado y qué no. Intentar no repetir las cosas que a uno le han gustado porque, si no, uno no hace más que mover piezas de sitio. Son cuestiones mucho más insoldables y en las que normalmente no se piensa. Se está mucho más preocupado por la pasta o por dónde alquilar coches de época.

2 comentarios sobre “Nacho Vigalondo: la buena carne es la que no precisa salsa

  • el 21 diciembre, 2017 a las 1:05 pm
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    Una entrevista muy interesante. Gracias.

    Respuesta
  • el 21 diciembre, 2017 a las 2:25 pm
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    Muchas gracias por acercarnos a este director de cine. Grandes preguntas y grandes respuestas.

    Respuesta

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