Nada tan líquido como el humor

Elisa Navarro Sánchez//

Líquido, flexible y maleable, el humor, ingrediente principal del teatro cómico, se ha convertido en la clave para afrontar una situación social y económica cada vez más gris y para hacerle frente a la realidad a carcajada limpia

Seguro que nunca has consultado en el diccionario la palabra “humor”. Pero, ¿sabías que proviene del latín y significa “líquido”?

Humores: Cada uno de los líquidos de un organismo vivo.

La famosa teoría de Hipócrates de los cuatro humores: cuatro líquidos responsables del funcionamiento y de la buena salud de una persona. Humor líquido, una sustancia resbaladiza, difícil de acaparar salvo que la embotelles. Pero también dúctil y versátil, capaz de adaptarse a muy diversos formatos y recipientes.

Un cómico, como el humor del que se compone, debe ser flexible y maleable al público y a las circunstancias que lo rodean. El humorista, cuando sale a escena, sabe del tipo de líquido que tiene entre manos pero no conoce el recipiente que lo recogerá en cada una de las butacas. Por eso, un humor solidificado, seco y rancio nunca funcionaría. El cómico Francesc Tamarite, miembro de la Escuela cómica suicida, apunta que la rigidez no es aconsejable para actuar porque denota la obsesión del perfeccionista y, por tanto, imposibilita reírse de uno mismo.

El término ‘humor’, como ‘felicidad’ o ‘tristeza’, no necesita de mucha explicación, o es muy difícil de explicar, según se vea. Para saber si una persona está de buen o mal humor no hay más que intercambiar un par de palabras con ella. Sin embargo, el diccionario es generoso con las expresiones en las que aparece este término: humor de perros, humor de mil diablos, humor blanco, humor negro… Tantos humores como personas en el mundo. “No tengo humor” se dice cuando falta la voluntad para hacer algo. ¿Es el humor el motor que nos impulsa a actuar?

El humor, un buen ingrediente para hacer la digestión

Dicen que tomar líquidos favorece la digestión. Así, el buen humor resulta también muy eficaz para digerir las dificultades y los contratiempos de la vida cotidiana. Ciertamente, convivir con sentido del humor no es tarea fácil cuando, de lunes a viernes, existir y estresarse son una misma cosa. Tampoco las noticias ni los medios de comunicación en general lo ponen sencillo. Las informaciones, casi siempre negativas, saturan y bloquean. “Estamos en una sociedad donde las fuentes que pueden condicionar y contaminar nuestro pensamiento no son muy graciosas. Nos transmiten que vivimos el fin del mundo y que tenemos que tener mucho miedo. Creo que el límite de tomarte la vida en serio está en el punto de no vivir angustiado. Esta es la píldora para afrontar la vida con sentido del humor”, afirma Tamarite.

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El teatro cómico se presenta como una alternativa ante esta forma pesimista de afrontar la realidad. A través del humor se evidencian los conflictos sociales y se desencadena la reflexión del público. Este teatro enuncia verdades que de otra manera serían difícilmente digeribles. “Una misma crítica bajo el género de drama podría generar polémica, pero con la comedia las críticas se pueden hacer y entran mejor”, asegura Javier Ercilla, director de la Escuela cómica suicida, para acto seguido lamentarse: “seguramente, porque los cómicos no tenemos tanto poder como para que, a través de una obra o una película, se puedan cambiar determinadas formas sociales”. Una comedia, una parodia, no parece seria, no afecta, la crítica que encierra no resulta determinante. Pese a todo, los cómicos funcionan en nuestra sociedad actual como los antiguos bufones de la corte. “El bufón era el único capaz de decirle la verdad al rey porque se pensaba que estaba loco y no sabía lo que decía. Pero sabía perfectamente lo que decía y estaba diciendo la verdad”, asevera Francesc.

HUMOnidad

“Los que nos dedicamos a hacer comedia no tenemos la fórmula exacta. Alguna vez hemos presentado obras que pensábamos que no iban a funcionar y, por el contrario, todo el mundo se reía y viceversa en otras ocasiones”, afirma Javier Ercilla. Si los humoristas tuvieran la clave para hacer la comedia perfecta, es posible que la magia de hacer teatro perdiera del todo su atractivo. En Cómo orquestar una comedia, Vorhaus habla de cómo conseguir que una comedia funcione en la práctica. Una de sus herramientas imprescindibles es “la voluntad de arriesgarse”. Gracias a esta voluntad todo el mundo puede ser gracioso, aunque en principio no sea fácil encontrar un criterio común para establecer lo que nos hace reír y lo que no.

Partiendo de que el encanto de hacer una comedia consiste en no saber cómo hacerla perfecta, Francesc y el humorista John Vorhaus opinan que es precisamente la empatía el elemento fundamental para que una obra funcione, el hacer que su público se sienta identificado con lo que ve. “Cuando el protagonista es un toxicómano, no hace falta que el espectador también lo sea. Si está bien actuado y lo identifica como verdadero, el actor habrá conseguido conectar con su público”, asegura Francesc. De esta conexión emocional depende que el espectador decida embarcarse en las historias que le relatan. Según Vorhaus, “todos los personajes cómicos transmiten humanidad, cada uno a su manera”. Esta identificación espectador- personaje es la que establece la diferencia entre el idiota de la clase y el payaso que desarrolla Vorhaus: “El payaso era gracioso porque su experiencia era la nuestra. El idiota de la clase era un objeto de burla porque vivía en un mundo aparte; no nos podíamos ver reflejados en él. En las crueles arenas movedizas darwinianas de un centro de educación el idiota no tiene humanidad”.

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¿Eres de esas personas que se ríen cuando un personaje se cae en escena, cuando blasfema y sus problemas le desbordan?¿O prefieres reír ante cuestiones que dichas sin humor te harían llorar en la butaca? El humor del bufón y el del payaso, el humor gamberro, el blanco y el inocente, el humor negro, el absurdo, el crudo y el seco, el humor verde…De entre todos los tipos de humor, Francesc escoge el humor universal, aquel que convierte las comedias en excelentes. “La que se puede disfrutar sin importar de qué parte del mundo procedas”. Apuesta también por la atemporalidad. “Para mí, lo más interesante y valioso en la comedia son las bromas que funcionan ahora y siempre”.

¿Puede la comedia salvarnos de nuestros problemas?

“Más bien al contrario, la comedia permite al público abordar los problemas de un modo lúdico”, Francesc Tamarite.

“El teatro cómico ayuda a la evasión. Creo que tanto como salvar, no. Aunque también depende de los problemas que uno tenga. Si los problemas son menores a lo mejor el teatro los soluciona. Lo mismo sucede con las medicinas placebo con la que uno se cura porque piensa que van a funcionar. El teatro también puede ayudar a llevar una vida más duradera”, Javier Ercilla.

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La comedia ideal, aquella que “salva” de los problemas, es la que hace funcionar la técnica del “descentrarse para centrarse”. Es decir, olvidarse un poco de los problemas personales para quedar atrapada en los sucesos relatados por unos personajes que, aunque ficticios, experimentan un aprieto más grande que el del espectador. “La comedia es verdad y es dolor”, decía Vorhaus. Pensad en el dolor que sufre un payaso al que le acaban de estrellar una tarta en la cara, la vergüenza del que se cae tras pisar un objeto olvidado en el suelo o la frustración de un personaje que nunca consigue lo que desea. Sin embargo, el público se ríe con eso, aunque siempre pensando, claro está, que si estuvieran pasando por esa situación no tendría ninguna gracia.

El teatro es un intercambio en el que todos dan y reciben. Contaba Francesc que la comedia, aunque le requería estar en muy buena forma física y mental, le dejaba con la energía muy alta, mientras que el drama le desinflaba. “Wow, no creas que tienes ganas de estar siempre involucrado en temas muy duros. Es inevitable que aunque el teatro sea una farsa, una mentira, no te toque un poco lo que estás interpretando”.

Siempre que no actúes, ir al teatro invita a la evasión, ya que un cómico no puede dejar de inspeccionarlo todo. “Veo la obra de una forma demasiado cerebral como para estar simplemente riéndome, pero llega un momento en el que no puedes ver el teatro de otra manera”, asegura Francesc.

Para el resto, nada tan satisfactorio como ir a ver una obra y sentir que los personajes se parecen un poquito a ti; nada tan gratificante como que te hagan reír y te olvides mientras tanto de lo que te estaba atormentando. Porque no hay nada tan líquido como el humor, ese que se moja y te moja en los conflictos sociales, el que lo hace con la risa para que pase mejor. El que te puede llamar “tonta” sin que te sientas ofendida, el que te ayuda a reírte de ti misma para aceptar así tu vulnerabilidad y tus imperfecciones y en esa aceptación tengas ya mucho de aprendido. Si el teatro consigue que los tormentos se disipen durante el tiempo de la función, ya puedes decir bien alto que el teatro ha salvado una hora de tu vida.

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