Día de rodaje, noche de Reyes

La Navidad ha interrumpido este año el verano. Y lo ha hecho para demostrar que la ficción aragonesa sigue creciendo. El director zaragozano Javier Gimeno regresa con Noche de Reyes, un cortometraje que, escondido tras un argumento sencillo, pide a gritos recordar que los pequeños detalles son los que dan forma a la vida.

Fue un fin de semana de contrastes. Dos jornadas en las que se puso de manifiesto que la juventud de un equipo no está reñida con la ambición ni con las grandes apuestas, donde se comprobó que la espontaneidad de un niño combina a la perfección con quienes acumulan años de experiencia a sus espaldas o que un árbol de Navidad puede lucir igual durante el último fin de semana de julio.

También fue un fin de semana en el que el caos luchó por ganarle la partida al orden y perdió. Porque tras la maraña de cables que asomaban de las mochilas, los equipos prestados mezclados con los propios y las más de una decena de latas de refresco que intentaban mitigar el calor del equipo, persistían las ganas por contar una gran historia. Noche de Reyes llegó a aquella casa de La Puebla de Alfindén -que hizo de set de rodaje- pisando fuerte, con un argumento sencillo pero con las intenciones claras: calar en el espectador y hacerle ver qué es lo que realmente importa.

El director Javier Gimeno, junto con Miriam Martín y Nestor Arnas en una de las escenas

Una pequeña familia es la protagonista de este relato que mezcla las secuelas del Alzheimer del abuelo (interpretado por Mariano Anós) con los esfuerzos de unos padres (Miriam Martín y Néstor Arnas) por que el día de Reyes salga a la perfección. Porque un niño de siete años (Kevin Carabias) debe creer en la magia, debe conservar su inocencia un año más. Pero, a veces, sin que nadie se dé cuenta, crecen. Crecen y sorprenden. Crecen, sorprenden y emocionan. Y es lo que se verá proyectado durante los siete minutos que tiene previsto durar el cortometraje: la habilidad del pequeño de la casa para paliar las consecuencias de una enfermedad que no tiene cura.

Un mes y medio costó dar forma a este proyecto. El Festival de Cine de La Almunia fue el nexo entre el director de este cortometraje, Javier Gimeno, y la madre de la historia, Ana Pemán. “Ana gana este año el premio al Mejor Guión comarcal con Noche de Reyes y yo le propuse grabarlo. Ella nos dijo que, si lo veíamos posible, adelante”, comenta el director.

“Me apetecía contar una historia intergeneracional, pero no esperaba que se rodase. Es muy emocionante ponerles cara a esos personajes que tú has creado, ver a tanta gente trabajando detrás de la cámara”, explica la guionista. Ana Pemán no faltó a la gran cita con la Navidad aquel fin de semana, debía, en cierto modo, supervisar que la historia no se saliera de su curso. No obstante, había sido capaz de dejarlo todo bien atado mucho antes. “Ana describe muy bien las escenas, lo que permite poder recrearte. Además, siempre está dispuesta a escuchar ideas nuevas y a adaptarse a posibles cambios”; añade Gimeno.

Silencio, estamos grabando

El 12 de junio se dio luz verde al proyecto, y ese mismo día comenzó la carrera de fondo. Había que buscar a los actores, una localización, conseguir el material, crear el arte, coordinar al equipo… y todo con una economía de trinchera. Una lista de necesidades que crecía a la misma velocidad a la que se acercaban los días de rodaje. Gimeno cuenta que, en ciertos momentos, la presión le pesaba demasiado; no obstante, una vez llegado hasta allí, solo quedaba seguir apostando todo a ganar.

El realizador zaragozano se embarcó en este viaje junto a Crowrecord, un grupo de jóvenes profesionales junto a los que ya había llevado a cabo varios proyectos. Pero también reclutó caras nuevas. ¿El resultado? Un equipo formado por Adrián Almorín, Raquel Gálvez, Eduardo García, Héctor González, África Guiu, Julia Mancho, Cristina Muñoz, Tania Santos y Jaime Serrano.

La primera lección que aprendieron, nada más llegar, fue que trabajar con un niño no es tarea fácil. Kevin vino con ganas. No le importó ponerse el pijama ni taparse con el edredón tal y como ordenaba el guión por mucho calor que hiciera. Pero cuando decía “no”, había que hacerle cambiar de opinión.

-¡Papá, ven a mirar como lo hago!

– Estoy camuflado, hijo, sino voy a salir en cuadro.

El padre de Kevin, pero el de verdad, acompañó al equipo de Crowrecord durante gran parte del rodaje, lo que supuso un apoyo tanto a la hora de dirigir al menor, como a nivel técnico gracias a su experiencia en el sector. “Kevin, hay que repetir esta escena, no mires a la cámara”, le decía su padre. Y tras varias tomas y con una paciencia acorde a sus años: “Esta es buena, ¿verdad que sí?”, pedía Kevin.

Kevin Carabias es Diego. Frame original

Lo que tampoco fue sencillo fue lograr la iluminación adecuada. Filtros de colores jugaban con la luz de los focos, cartulinas negras tapiaban ventanas. Tenía que ser la noche de Reyes y el sol de julio es un duro rival. “El primer día fue más complicado. Hay muchas escenas que son de noche, por lo que había que crear iluminación en interior y nocturna. Eso nos ha lastrado bastante. Además, Kevin aún no tenía confianza con el equipo. Pero el segundo día, ya teníamos el ambiente creado y Kevin se había hecho a nosotros. Así que cumplimos los tiempos”, explica Gimeno.

A golpe de claqueta las tomas y escenas se sucedían. Las baterías hacían estragos y alguna cámara decidió apagarse en el momento menos indicado. Pese a todo, al finalizar la grabación el domingo, el cansancio y el calor se mezclaron con la necesidad de brindar por un trabajo bien hecho.

Calidad y juventud, de la mano

“Tenía ganas de trabajar con actores con tanta experiencia”. El director zaragozano aguardaba con especial ilusión contar en su elenco con profesionales como Anós, Martín o Arnas. Un reparto que supo usar su experiencia para guiar y aconsejar, pero que también se dejó dirigir en todo momento.

“Cuando lo leí, me gustó mucho la mirada que tenía el corto a través del niño. Podemos aprender de la inocencia, los Reyes son solo una excusa para demostrar que los más pequeños, a veces, tienen más sensibilidad que los adultos”, comentaba Néstor Arnas. Una idea con la que coincidía su pareja en la pantalla, Miriam, quien dijo ver en esta historia la combinación perfecta entre madurez y ternura.

Del texto, Mariano Anós valoró su sencillez, también su universalidad. “A cada espectador le puede traer recuerdos de su propia historia”, argumentaba. Porque en el cine, explicaban los actores, no hace falta enseñar el monstruo, solo basta con que el espectador se lo pueda imaginar.

Noche de Reyes quiere demostrar que juventud y calidad van de la mano. Y lo hará en festivales, su próximo destino. “Creo que podemos ser un gran competidor. Este drama puede pisar con fuerza porque es diferente, es más serio que mis trabajos anteriores y puede llegar a más gente”, alega Gimeno.

Mariano Anós es el abuelo. Frame original

El joven realizador confía en sus posibilidades: “No tenemos una cámara 4k, una steady o un camión lleno de focos. Pero tenemos iniciativa, humildad y mucho trabajo. Y eso es de lo que más orgulloso me siento cuando veo el trabajo finalizado”.

Los Reyes Magos han llegado este año antes de hora y les ha dejado a este equipo bajo el árbol fuerza para no darse por vencidos y para seguir creando. Noche de Reyes acaba de empezar su andadura. Esto no se queda aquí.

La guionista, Ana Pemán, junto con Eduardo García, operador de cámara

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