Son fantasmas

Elisa Navarro//

Con la ciudad de Barcelona como punto de partida en la mayoría de los cuentos, nos adentramos en unos personajes un tanto nihilistas y que parecen no querer o no poderse adaptar al mundo en el que viven, en un entresijo de historias de lo más dispares. Seres que con sus propias perturbaciones y distintas formas de entender el mundo parecen cortados, sin embargo, por un mismo patrón.

Fantasmas de la ciudad, una obra de Aitor Romero Ortega editada por Candaya, pone nombre a uno de los cuentos de esta recopilación. Sin embargo, son fantasmas, bajo formas tan variadas como semejantes, los que habitan y jalonan los relatos que componen este libro. ¿La función de los protagonistas? Luchar en solitario y sin mucho éxito -quizá también por la falta de esfuerzo- contra estos fantasmas que se materializan bajo obsesiones muy concretas, que parecen alterar por completo sus universos. El primer disco de Bob Dylan, una melodía de John Coltrane que revuelve el recuerdo de una infancia tediosa, la fama de unos padres ya fallecidos y la pérdida de identidad; el recuerdo de unas montañas que custodian la ciudad natal; la figura de Trosky o la de su asesino; los relatos de terror de Lovecraft; la figura paterna o también la escritura y el consumo voraz de literatura como vías de escape.

Unos personajes atraídos por un mundo intelectual a los que no les emociona nada terrenal y que parecen estar siempre de paso, como si anclarse en un lugar les obligara a entregarse a alguna causa. Por eso, además de Barcelona, el lector se adentrará junto a los protagonistas en Roma (Hotel Torino), donde el personaje central se propone comenzar un diario a fin de conocerse mejor; en Nashville (Spaguetti Western) donde un hombre busca desprenderse de una “fijación absurda” que le acompaña desde su juventud: el primer disco de Bob Dylan, Nashville Skyline que, por otra parte, tan poco identifica al Dylan posterior. O también en un aeropuerto, donde X, el correspondiente protagonista de El aeropuerto del sur, espera la salida de un avión para llegar a una boda que ya hace días transcurrió.  

Fantasmas de ciudad

Pero pronto es evidente que los personajes no se mueven por placer ni viajan con el típico gusanillo del turista convencional.

Mi estrategia consistió a partir de entonces en declararme de vacaciones de las vacaciones mismas, para así dimitir de todas mis obligaciones como veraneante, en especial de esa permanente actitud de fingido asombro y de la estupidez veinticuatro horas que siempre la acompaña

Spaguetti Western

Ellos deambulan como alma en pena, al igual que Max Estrella lo hacía por las calles de un “Madrid absurdo, brillante y hambriento”. Sin embargo, los lugares escogidos para centrar la acción poco tienen de brillantes; son más bien opacos, como los protagonistas mismos, y es siempre la ciudad, a excepción de El aeropuerto del Sur, el punto de partida de toda acción. En ocasiones, se trata de un espacio incluso metafórico, una excusa para bucear por el escalofriante escenario donde se encuentran los fantasmas interiores con los que saldar las cuentas e intentar desembarazarse de un pasado tormentoso.

Tampoco serán las personas que se crucen por sus caminos las que logren entusiasmarlos. Es el caso de Naima, la protagonista del cuento que lleva su nombre.

Por su vida transcurrieron personas que apenas recuerda, incluidos algunos hombres con los que tuvo encuentros perfectamente olvidables que no condujeron a nada. Los años que vivió en Madrid, cuenta Naima, son para ella un apresurado pastiche de caras sonrientes y desconocidas que desfilan a toda velocidad

Naima

Los protagonistas suelen también experimentar una indiferencia vital en el terreno del amor y es que pareciera como si buena parte de ellos no buscasen nunca nada, ni siquiera el amor. Seres que practican sexo por necesidad, casi por instinto, creando relaciones que nunca dejan huella y cuya disolución no parece alterar lo más mínimo sus destinos.

Fantasmas de ciudad

Intrusión del autor en sus propias historias

Aitor Romero Ortega (1985) juega con maestría con las diferentes voces narrativas. Resulta desconcertante cuando, sin previo aviso, su propia figura asoma en el relato uniendo dos mundos, el real y el ficticio, cuyos extremos parecían estar tremendamente distantes. De esta manera, al lector le invade entonces la duda de cuánto de veraz son las historias que, desde un primer momento, había creído completamente inverosímiles. Es el caso de Naima, Conexión Montserrat o La Colmena.

A la mañana siguiente, después de esos encuentros, yo escribía, insomne, lo que ella me había relatado de madrugada, convencido como estaba de que era imposible imaginar una historia mejor. (…) Encontré en Naima pavorosas zonas de sombra que emergían de vez en cuando de forma inesperada, y en las que no quise adentrarme por puro miedo. Preferí quedarme en las regiones luminosas

Naima

Un autor que también parece disfrutar con el efecto sorpresa. Por eso, tras la primera parte de uno de los cuentos, la segunda arranca así, sin rodeos: “Lo primero que tengo que decir es que mi viaje a Nashville ni encontré a Bob Dylan en una cafetería inventada que nunca he pisado”.

Ortega indaga en el terreno de las ilusiones, donde se pierde y nos obliga a perdernos a todos con unas historias que atrapan gracias a unos personajes tremendamente magnéticos, y no precisamente por su fuerza sino más bien por su fatalismo. Con la naturalidad de quien relata una historia cotidiana, nos sumergirá, con brillante capacidad, en los abismos fantasmales de los otros para lograr que nos reconozcamos en sus inquietudes, miedos y torpezas. Nacen así en nosotros las ganas de involucrarnos en unas historias y unas vidas que, al suceder en espacios por todos reconocidos, acabamos sintiendo como propias.

Por eso es quizá tan fácil la empatía con sus mundos, porque no importa el lugar en el que se encuentren, son personajes que exploran -sin éxito- los fantasmas y los recovecos de una ciudad demasiado oscura, incógnita: los recovecos más recónditos de nuestro ser.

Ficha técnica

Título: Fantasmas de la ciudad

Autor: Aitor Romero Ortega

Editorial: Candaya

Nº de páginas: 240

Precio: 16 €

Autora:

Elisa Navarro Foto Paz Perez nombrelinea decorativa

Nunca tuve claro mi futuro, sigo sin tenerlo. Mochilera de espíritu, amante del sol y el chocolate y contraria a la rutina. Sueño con un periodismo comprometido que corrija anomalías y exprese con palabras cómo poder vivir en un lugar mejor. Lo que nos callamos o no proyectamos al exterior no existe y muere en nuestro interior.

Twitter Blanca Uson

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *