El viaje de Mario Campaña

Texto y fotografías: Sandra Lario//

Pájaro de nunca volver (ed. Candaya, 2017) es un viaje sin rumbo. Es un pueblo errante sin ya pasado ni futuro. Es la trashumancia del ser humano por las sendas gastadas del mundo. Y es esa continuación del viaje, con o sin trayecto, que el autor ecuatoriano Mario Campaña va trazando en sus poemarios. Zaragoza fue una parada de este viaje, con estación en la librería Antígona, el pasado sábado 18 de febrero.

“El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y nosotros ya hemos tropezado tres con la fuerza de la poesía de Mario Campaña”, bromea Paco, editor al frente de Candaya junto con su compañera Olga. Es la una del mediodía de un brillante sábado de finales de febrero. Mario sonríe, aguarda al fondo del espacio de la librería Antígona sentado sobre un taburete de madera junto a Eduardo Fariña, quien le acompañará en la presentación de su nuevo poemario. Ambos comparten raíces latinoamericanas -el primero, ecuatoriano residente en Barcelona; el segundo, chileno con hogar en Zaragoza- y cadencias rítmicas pausadas y reflexivas al sumergirse en el diálogo poético posterior.

Entre los asistentes, diversos personajes que conforman parte de la escena literaria zaragozana: Miguel Serrano Larraz, Miguel Ángel Ortiz Albero, Jaime Montañés, Diego Plamath, Angel Gracia, Juan Carlos González, Gemma Carreras y David Jaraba, entre otros rostros conocidos libreros, editores, autores, lectores entre los que Paco y Olga identifican a nuevos y viejos amigos partícipes en la reciente inauguración del local Candaya en Poble Sec. “Le vamos a dar un nuevo impulso a la colección de poesía. Cuesta mucho vender poesía y en algún momento la habíamos dejado en standby, esperando, pero hay que revitalizarla”, afirma Paco con esperanza. Esta parece ser la segunda parada de aquella fiesta editorial, de estos renovados ánimos literarios.

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De izquierda a derecha: el poeta y presentador del libro Eduardo Fariña, el autor Mario Campaña, Paco de la editorial Candaya y, entre el público, los poetas Jaime Montañés –también editor en Estrellas Fugaces-, Juan Carlos González y David Jaraba.

Los múltiples estados de un viaje inmóvil

Mario Campaña –Guayaquil, 1959– porta sombrero oscuro y lentes redondas y dirige miradas cálidas a quien le rodea, humilde y abierto a la conversación distendida. Bajo su sombrero, una mente que ha dado a luz a una larga lista de obras en su doble faceta de investigador literario y poeta.

Ensayos como Linaje de malditos. De Sade a Leopoldo María Panero (2014), De la flor al tallo: el discurso crítico de las poetas hispanoamericanas (2010), Necesidad de América (2010), Baudelaire. Juego sin triunfos (2006) o Francisco de Quevedo, el hechizo del mundo (2003); compilaciones como Casa de luciérnagas. Antología de poetas hispanoamericanas de hoy (2007), Antología de poesía argentina de hoy (2010), Pájaro relojero. Poetas centroamericanos (2009), Antología de poesía mexicana de hoy (2008) y Visiones de lo real en la poesía hispanoamericana (2001), son algunos de los títulos más destacados de su labor de ensayista, antólogo e investigador literario.

También ha incurrido en senderos tan complejos como la traducción de Mallarmé y Baudelaire. “Mallarmé es una galaxia todavía desconocida y Baudelaire una en exploración. En Francia es habitual oír que Mallarmé es intraducible… incluso al francés. Que es imposible decir en francés lo que él ha dicho en otro francés”, ríe el autor.

Asimismo, Mario ha ido trazando su propio camino a través de varios poemarios que, de manera no intencionada pero inevitable, comparten un tema trascendental en la mirada poética y vital del autor: el viaje. Cuadernos de Godric (1988-2016, Premio Nacional de Ecuador), Aires de Elicott City (Candaya, 2006), En el próximo mundo (Candaya, 2011) y el actual Pájaro de nunca volver (Candaya, 2017) nos adentran en un viaje continuo y mutante que transita por la marcha, el regreso e incluso el sentimiento de imposibilidad del mismo.

Ahora a la inmovilidad

no al vacío

teme el alma aletargada

pánico a una quietud que nos castiga

un ocioso deambular sin pausa

sin casa ni lugar bendecido

un desapacible pronunciar sin fin

el abstruso discurso de nuestra vida

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– Al abordar la obra de Mario nos encontramos, más que ante poemarios aislados, ante el proyecto escritural y a largo plazo de Mario Campaña. Es un proyecto muy potente, muy férreo. –comienza Eduardo Fariña-. En el prólogo del libro, Eduardo Milán habla de un “presente continuo”, un presente que quizá no se asocia al de los titulares informativos, un presente más bien conceptual donde el lector podrá encontrar en los poemas toda una épica psicológica de sentimientos y emociones asociados hacia procesos colectivos dirige su atención hacia Mario y continúa ¿Qué te motivó a hacer este libro y qué relación tiene con tu proceso escritural anterior?

– Este libro es parte de un ciclo entero, de un proyecto compuesto de cuatro volúmenes que no fue concebido inicialmente como tal pero que alcanzó un momento en el que pude identificarlo y darme cuenta de que estaba escribiendo siempre sobre el viaje. Siempre hay un movimiento, un desplazamiento en una dirección o en otra. Pero, a lo largo de estos años, he ido cambiando mis posiciones acerca de estos viajes y, finalmente, llegué a la conclusión de que la posibilidad misma del viaje acerca del que yo estaba poetizando había desaparecido. Ya no era posible viajar para nadie, ni de ida ni de regreso.

Es así como Mario siente actualmente esta posibilidad de desplazamiento: inexistente por la falta de márgenes hacia los que desplazarse, por la falta de espacio delante y detrás de este inmóvil presente; la carencia de un futuro o un horizonte hacia el que dirigirse y también de un pasado al que volver. “Tener algunos recuerdos no es pasado, pasado no es cualquier cosa. El indígena amazónico, por ejemplo, que puede recitar historias y recordar su linaje por 80 generaciones, abarcando 300 ó 400 años, narrando leyendas y mitos, tiene un pasado. Nosotros, como individuos, como grupos, como pueblos, como cultura –refiriéndome a la occidental, ya que no conozco otra ya no tenemos espacio delante, hemos llegado a un límite”, explica reflexivo entre la pesadumbre y la resignación, con la lucidez de quien descubre una verdad intachable. “Estamos insistiendo ante una puerta que no abre: la puerta del futuro. No podemos ir más allá”.

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En todo caso, si hay un viaje en nuestro tiempo actual es el “posthumano”, según lo denomina el autor en su argumentación acerca de la imposibilidad de ese éxodo. “Creo que estamos en un momento en el que el viaje humano ha terminado, quizá la propia Historia humana termina y estamos abriendo una era posthumana”, sentencia Mario Campaña aludiendo a los viajes espaciales y a los viajes del propio cuerpo, a esa tecnología que nos transforma como seres biológicos. “Hablo de la sustitución del ser humano por todo lo que está operando ahora la tecnología, convirtiéndonos en otra cosa”. Y de ese viaje aún desconocido, sospecha el autor, “no regresará nadie”.

La extinción de un pueblo

Es, precisamente, el inicio de un viaje lo que abre las páginas de Pájaro de nunca volver. El éxodo sin rumbo de un pueblo de pescadores que un mal día amanece sin el río en torno al cual su economía y su vida se articulaban. Ya no hay pesca, ya no hay vida. El río se les acabó y con ello, el sustento.

Y ¿dónde están nuestros panes

y el vino multiplicado?

¿y los peces deslumbrantes?

¿Y el agua amiga que nos sostiene?

El desastre que obliga al éxodo, un tema que traspasa lo ficticio del poemario para tocar de cerca la actualidad. “Esta idea nace por lo que pasa en el mundo, por nuestro presente, por las migraciones. El libro narra la historia de un pueblo que pierde su medio de subsistencia pero a través de ello habla también de lo que está pasando en los desplazamientos forzados y del ultraje que hacen los países ricos a los refugiados”, afirma el autor. “Dejar morir a los náufragos en nuestras narices es una cosa horrenda que nos avergüenza a todos, y eso está pasando en casi todas partes”, sentencia. Y es que todo pueblo que emigra de manera colectiva está siendo obligado a ello por las circunstancias, bien sea el río desaparecido, bien una guerra o una mala situación política o económica. “Recuerdo lo que pasó en Chile con Pinochet”, dice Fariña mientras Campaña hace alusión al exilio español en la Guerra Civil.

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Así, en este poemario en dos partes, comienza un viaje que ya en la primera etapa hace aguas por doquier y en la segunda “es ya una especie de naufragio, una inmersión en un submundo en el que se mete este pueblo” y del cual emergerá la voz de un único hombre ya desquiciado y al borde del crimen, en una especie de representación de nuestro mundo, “un mundo violento, criminal, donde no nos cuesta nada matar o dejar que la gente se ahogue”, lamenta Mario. “En fin, es el lugar al que hemos ido a parar en estos viajes nuestros del pasado”, concluye.

Esa segunda parte, “más catártica”, como la describe Eduardo Fariña, está armada en torno a la intervención de múltiples voces, “un tejido más coral dentro de la propia épica que el poemario plantea”, afirma el poeta chileno apelando al autor. Múltiples voces fantasmales que nos llevan a ese submundo, al mundo de muertos, a un “depósito de almas”, concepto presente en el poemario que estuvo a punto de dar título al mismo.

Cuando sueño vuelvo a casa

sin embargo

ahora madre viaja sola

atraviesa

este secreto depósito de almas

sin rastros del jardín en la maleza

crudo el cielo

– Lo que a mí me sugiere esto es la realidad y la vida convertida en fantasmagoría; cómo nuestra propia vida va perdiendo sustancia, va perdiendo realidad, y se va convirtiendo en una especie de holograma: parece que somos reales pero ya no lo somos del todo porque hemos perdido gran parte de lo que éramos. Somos una especie de almas que andamos por ahí, diciendo que somos humanos.

Esta sensación de fantasmagoría es algo que ya empezó a tener en su día Baudelaire, presente en su poema El Cisne, en el que habla de cómo la ciudad va cambiando: “Una ciudad cambia más rápidamente / que el corazón de un hombre”. “Y siento que cambiamos muchísimo y que ese cambio hace que el hombre quede convertido en otra cosa a través de transformaciones muy rápidas y radicales”, opina Mario Campaña. “Esa era mi sensación a la hora de escribir esta segunda parte de una manera que representara nuestro mundo”.

El lenguaje cruzando el charco

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– Hay poemas que son herméticos, que tienen un trabajo del lenguaje muy preciso; hay algún rasgo de coloquialidad pero con un tratamiento adecuado, sin ser algo realista, dibujado…comenta Eduardo Fariña introduciéndose en el tema de las claves estéticas del trabajo literario del autor en este libro. Háblanos de este tratamiento que tú haces con el lenguaje y de esta tradición del lenguaje de la poesía latinoamericana.

– La poesía latinoamericana se distingue de la española especialmente en la relación que tiene con la lengua, creo que es una relación más libre, con menos peso de la tradición. Siento que en España, por la enorme tradición de ocho siglos de lengua y literatura, hay cierta presión para el usuario de la lengua, para la corrección oral, para el trabajo escrito… Claro, si uno tiene un Góngora o un Quevedo en su tradición, va todo más despacio. En América Latina no tenemos esa especie de reverencia ante la lengua, aunque también tenemos grandes influencias españolas: en la Guerra Civil muchos de los grandes poetas españoles van a México y allí se produce una fusión; hay una inseminación, una siembra de poéticas nuevas en América, con el resultado de la gran poesía latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX. Pero, pese a ello, sí hay una mayor libertad. En ese sentido, yo también formo parte de la tradición latinoamericana que se plantea, digámoslo así en broma, más ligeramente la relación con la lengua, por lo que en este libro y en otros de mis poemarios hay un uso frecuente de muchos registros, el puramente conceptual o la sintaxis a veces quebrada y un poco incorrecta, siempre con la esperanza de no caer en el exhibicionismo sino con la intención de, al tratarse el libro de un solo poema continuo, conseguir que el lector no abandone el verso, darle una descarga de ánimo, de motivos para seguir el proceso de lectura.Y que así cambie, ya que tengo la impresión de que la poesía, cuando funciona, nos cambia. Si no nos cambia de alguna manera no tiene ningún valor.

Pájaro de nunca volver

Y así, Mario va recorriendo este camino del éxodo forzado de aquel pueblo de pescadores, paso a paso, palabra a palabra, en una trashumancia lírica de un pueblo sin rostro que podría ser cualquiera, mediante unos registros que van desde la pausa hasta la exclamación anhelante pasando por la palabra que interroga y la que lamenta, la que clama y la que se resigna, la que camina arrastrando los pies y la que deja un pequeño rayo para la esperanza.

sin respuesta aquí en los límites

entre riveras desaparecidas

entre pueblos extintos

esta herencia

tiernos osarios de pájaro y serpientes.

ardan ya casa y ciudad

cielo

corazón y memoria

todo puede cambiar

Autora:
Sandra Lario foto Sandra lario nombre

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Llevo 23 años en el mundo. Desde hace unos cuantos lo capturo a través de fotos y palabras para mostrar el alma y el rostro de nosotros mismos. He estudiado periodismo y fotografía y defiendo la poesía como primer y último recurso.

Twitter Blanca Uson


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