Vecheto

Adiós, querido profesor

Naiare Rodríguez//

Todos los que fuimos sus alumnos nos acordamos del 26 de abril de hace dos años. Parecía ser un día normal de universidad, pero la espera de noticias sobre la sentencia de La Manada nos hacía refrescar las noticias reiteradamente. El resultado no fue bien recibido para una sociedad que busca justicia e igualdad y es que los jueces habían considerado que no existía agresión sexual en el hecho cometido en las fiestas de San Fermín, en Pamplona, dos años antes. Mucha gente no estaba de acuerdo con la sentencia. Nosotros tampoco. Zaragoza tenía pensado salir a la calle a manifestarse para protestar contra ella y decir que sí hubo agresión sexual. Queríamos unirnos. Ese día teníamos clase a la misma hora de la convocatoria con Víctor y, desde el primer momento en el que le comentamos que queríamos acudir a la concentración, él nos invitó a hacerlo. No esperábamos menos. Es más, nos animó a que lo hiciéramos todos en conjunto y a que, ese día, la clase sobre la teoría crítica pasara a un segundo plano. Así fue. Tampoco era la primera vez.

Quizás esta anécdota sea leída como algo normal, coherente y que hubiera hecho cualquiera, pero no debemos olvidar que no todo el mundo que guardaba las mismas ideas pudo alzar su voz aquella tarde, acudir a la manifestación y tener la oportunidad de dejar de hacer lo que estaba haciendo para poder solicitar justicia una vez más. Nosotros no solo pudimos hacerlo, sino que también fuimos acompañados. Nosotras sentimos que en esa clase estábamos seguras, éramos apoyadas y no íbamos a ser enjuiciadas ni señaladas como lo fue la víctima de La Manada. Por ello, fue un acto de generosidad, humanidad y sentido común que tanta hace falta en el mundo. Para él, al final, el aula era como un ágora abierta y libre alejada de los corsés tradicionales de la educación.

Ahora, Víctor Manuel Silva Echeto no está y es que se marchó el día 17 de agosto a los 48 años. Su fallecimiento es un símil de cualquier devastador fenómeno natural para quienes nos cobijábamos bajo el susurro de sus palabras, la lucidez de pensamientos y el calor de sus abrazos. Su presencia ha sido a lo largo de estos años un acompañamiento y aprendizaje constante y sin límites. Él, que siempre llevaba su termo y mate bajo el brazo, estaba muy lejos de aquellos valores que envenenan el progreso, de las mezquindades sin sentido, del odio que se utiliza sin compasión, de quedarse quieto al ver pasar las injusticias, de la superficialidad.

Nacido en la ciudad de Lascano de la provincia de Rocha, en Uruguay, en 1972, pero dejando huella en otras partes del mundo. Este compañero, amigo, padre, marido, profesor y consecuente revolucionario de las Ciencias Sociales y de la investigación crítica sobre la fuerza de la comunicación e imagen, cargó su mochila de viaje con dudas que despejar, preguntas que realizarse y lugares en los que estar de paso dejando su marca y conocimiento. Víctor, ahora, era profesor en el Grado en Periodismo de la Universidad de Zaragoza, pero su buen hacer no entendía de fronteras. Compartía espacio y repartía conocimiento con expertos, investigadores y escritores de otras partes del mundo. Como investigador y docente estuvo visitando las universidades de Valencia y Sevilla; la Católica de São Paulo; Paulista y Federal de São Paulo; Austral y de la Frontera en Chile; de Cuyo en Argentina y la República en Uruguay, siendo también profesor en la Universidad de Playa Ancha de Chile y colaborador de la Revista Papel Máquina.

Compartir y preguntarse. La clave estaba en ello. Tal y como decía Umberto Eco, escritor que tomaba Víctor como referencia en algunas de sus charlas, “los libros no están hechos para que uno crea en ellos, sino para ser sometidos a investigación. Cuando consideramos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué significa” y él lo hacía siempre, también en libros que escribía y hoy deja en herencia (Escrituras híbridas y Rizomáticas (2003); Antropofagias: las indisciplinas de la comunicación (2007); El conflicto de las identidades (2013); Caos y catástrofe. Un debate sobre las teorías críticas entre América Latina y Europa (2014); La desilusión de la imagen. Arqueología, cuerpo(s) y mirada(s) (2016); Crítica y comunicación sobre políticas de las imágenes (2018); Imágenes Descarnadas. Cuerpo, Política e Imaginación (2019), entre otros).

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 Siempre generoso con su saber e investigaciones y apostando por aquellos que mostrábamos inquietud y deseo de saber. También creatividad y dedicación por aquellos que nos preguntábamos más allá.  Tan prolijo escritor e investigador era que ahora mismo hay dos libros suyos a punto de ser publicados, Interferencias y una suerte de manual para la asignatura de Cultura de Masas, una de las que solía impartir en Zaragoza. Preguntarle bibliografía para un tema a investigar era un lujo por la calidad y precisión del listado que aportaba a quien solicitaba su ayuda y es que, además, siempre nos ponía en contacto a profesores y alumnos de distintos puntos del planeta sin importar y difuminando los kilómetros que pudieran existir.

Como estudiante, decir que entrar a clase de Vecheto (apodo cariñoso por el que le llamábamos algunos de sus alumnos) era un verdadero viaje de reflexión sobre la posverdad, la Escuela de Frankfurt, la imagen en todas sus formas, el papel de los medios de comunicación, la deconstrucción social y cultural, la cara b de la televisión, la lucha por la no estandarización de la diferencia, los movimientos sociales como el 15M, los sucesos ya históricos como la caída de las Torres Gemelas o las metáforas que podían trasladarse al presente y que nacían en películas como El Club de la Lucha. Estas reflexiones en horario de tarde nos invitaban a salir de la zona acomodada de una carrera que, quizás, se basaba exclusiva y especialmente en la formación de reporteros y redactores y que, en muchas ocasiones, olvida la reflexión y el porqué de lo que sentimos, imprescindibles para dotar de sentido los reportajes y documentales que realizamos. Abrir los ojos, conocer, pensar y preguntar. Estos eran los pasos que seguir para avanzar y aprender desde perspectivas que nos daban la posibilidad de alejarnos del campo estandarizado de la comunicación. Realmente él nos hacía pensar y reflexionar desde perspectivas que nunca nos habíamos planteado.

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Víctor Silva Echeto en la presentación de su libro La desilusión de la Imagen

Fue una persona cuidadosa y atenta que impactaba en la vida de quienes se atrevían a cuestionarse todo lo que pasaba a su alrededor. Como hacía él con su mentalidad consciente, alternativa, revolucionaria y comprometida políticamente con la izquierda. Dedicar su tiempo a la investigación, escritura, enseñanza, amistad y familia era el mejor de los viajes. Ahora, siguiendo los pasos de su dedicación y amor por todo lo que hacía, el mejor homenaje es aproximarse a sus obras llenas de bondad, paciencia y espíritu crítico traducidas al alemán, inglés y portugués. Dejó sus ideas y hallazgos escritos en páginas que empezaban siendo en blanco, en conversaciones, en charlas y en aulas. Y es que, quizás, no exista acto más generoso ni mejor legado una vez que su barca ha zarpado.

Todo signo de bondad, buen hacer y sentido nos conduce al amor, el cual persiste de manera independiente a donde estemos o el lugar en el que nos encontremos. El amor es cíclico. El amor es infinito e interminable y solo puede aumentar. El amor siempre permanece. Adiós, profesor, aunque el amor no entiende de despedidas.

Con cariño y respeto a sus compañeros, amigos, familia, mujer e hijas. Y, sobre todo, a ti.

4 comentarios en “Vecheto

  • el 2 septiembre, 2020 a las 12:04
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    Precioso! Seguro conocía en vida el maravilloso efecto que ejercía sobre sus alumnas/os. Hermosa despedida. Saludos.

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  • el 2 septiembre, 2020 a las 12:13
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    Gracias por tus palabras, Naiare. Un abrazo fuerte para todos los que conocieron a Víctor y especialmente para su familia y amigos.

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  • el 5 septiembre, 2020 a las 01:19
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    Que bello comentario !!!como lascanense gracias!! Seguramente el percibía cuanto le apreciaban…

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  • el 7 septiembre, 2020 a las 20:21
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    Qué texto tan lindo, Naiare: muchas gracias por escribirlo. Los profesores nunca terminamos de saber si os llegamos, si aquello que decimos y hacemos llega a tener sentido para vosotros, los estudiantes. Víctor (como muchos otros) se atormentaba a veces con esa cuestión, por eso tu escrito me resulta tan precioso, tan justo para con nuestro querido Víctor. Gracias, muchas gracias por decir la verdad: que dejó huella y que le echaremos profundamente de menos.

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