¿Y si Averly siguiese en pie? Fábricas de creación en Zaragoza

Paula Quílez y Berta Jiménez//
La antigua fundición Averly forma parte de la historia de la ciudad, de su configuración y de su identidad y representa el cambio de la sociedad agrícola a la industrial. Es por ello que se  erigía como una de las joyas del patrimonio cultural de Zaragoza y de sus habitantes. Hoy ya no queda prácticamente nada de eso, apenas un 33%. En su lugar, unas torres de viviendas ocuparán, en un futuro no muy lejano, esos terrenos. Pero ese no era su destino, ni por supuesto la única alternativa.

Averly podría haberse transformado en muchas cosas, y podría haber acogido entre sus históricos muros un proyecto que contribuyera a hacer de Zaragoza una ciudad más moderna, creativa y desarrollada: Averly como rasgo distintivo propio. Fabra i Coats. Nau Ivanow. Hangar, La Seca o La Escocesa. Solo en Barcelona estos nombres resuenan en la cabeza de todos: antiguas industrias y actuales centros neurálgicos de la vida cultural y creativa de la urbe. Pero ¿por qué crear algo así en la capital aragonesa? En primer lugar, por la necesidad de salvaguardar el patrimonio industrial. También, por la carencia de equipamientos de producción artística en la ciudad —la Harinera es un de los pocos ejemplos—. La idea consistiría en cambiar el sistema productivo del antiguo complejo sustituyendo, en este caso, la fundición por la cultura. Reutilizarlo.

Esta es la filosofía de las fábricas de creación que surgen como equipamientos culturales configurados a partir de una preexistencia industrial que ha quedado en desuso. A partir de ahí, las energías se vuelcan en promover la creación y la producción artística. Están, podríamos decir, a medio camino entre los centros cívicos y los equipamientos tradicionales de difusión. En este caso, las fábricas de creación se centran en el proceso  y ofrecen espacios bien acondicionados para la investigación artística. Comparten con las fábricas conceptos como la idea de producción, la investigación, el trabajo colaborativo…

Averly, fábrica de creación

En el supuesto de que Averly continuase en pie, el proyecto que había planteado constaría de varios bloques: un conglomerado de residencias artísticas eje central, formación, talleres, exhibición e investigación:

–        Espacio de ensayo con posibilidad de escenografía, taller de producción artística.

–        Sesiones de exhibición

–        Acceso a la biblioteca y a la sala de investigación

–        Acceso al espacio de co-working

–        Acceso a la sala de reuniones

–        Acompañamiento, asesoramiento y soporte para la difusión del proyecto

Plano de Paula Quilez//

Todo pensado desde una perspectiva pública, donde el precio de la residencia fuese asequible y en su mayoría becado.

El aprovechamiento del patrimonio industrial sumado a la carencia de esta tipología de fábricas culturales en Zaragoza representaban los pilares del proyecto. Se pretendía aportar una solución para Averly, basándose en la re-utilización del espacio, frente al derribo o la fosilización de la infraestructura. Se trataba de proponer una solución concreta y viable ofreciendo a la ciudad un espacio generador de cultura e innovación, que salvaguardara a su vez la única villa-factoría que se conservaba en España. Pero no ha sido así.

La creatividad y la cultura son clave en procesos sociales, económicos y políticos, debido a que son capaces de transformar al consumidor de forma cognitiva, espiritual, ideológica y estética. Representan elementos generadores de riqueza para la sociedad, puesto que aumentan los niveles de capital humano. La propuesta se planteó desde esa consideración, situando la cultura como uno de los ejes estratégicos en el desarrollo de la ciudad.

Aunque todo esto pudo tener algún sentido hace un tiempo, ahora ya no, al menos ya no en Averly. Pero sí para el Teatro Fleta, el  el edificio de Pontoneros, la Antigua Fábrica Schindler, los antiguos depósitos de agua Pignatelli, el Palacio de Fuenclara, la Casa Solans o la antigua Escuela de Artes.  Poner en valor pasa por proteger, conservar y reutilizar, dando un uso vivo. Pensemos pues en cómo queremos configurar la ciudad, qué beneficios queremos obtener y no olvidemos tampoco para quién.  Con la apuesta por la construcción de vivienda privada se produce una distribución de la riqueza que nada tiene que ver con la que producen los recursos culturales. Ya solo nos queda ser consecuentes y decidir si queremos que el final de Averly se vuelva a repetir. A ver si la próxima vez no es demasiado tarde.

Fotografía de Sergio SC//

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