El algoritmo del amor
Carlos Fando//
Todos dicen que el amor es amigo de la locura / Pero a mí, que ya estoy loca, es lo único que me cura… Eso debieron pensar de Raffaella Carrá en 1978 cuando cantaba al amor, la libertad y el sexo sin ataduras. Casi cinco décadas después, el 49,6% de los jóvenes españoles consideran que tener pareja para tener una vida sexual satisfactoria es poco o nada importante. Así al menos lo recogía la encuesta del CIS de febrero de 2025.
Desde que la italiana de pelo rubio oxigenado cantara esa canción, la sociedad y el mundo se han transformado de manera sorprendente y, desde luego, ya nadie se echaría las manos a la cabeza con su oda a la promiscuidad. Internet vino a revolucionar todo, también las relaciones interpersonales. Las redes sociales, las aplicaciones de citas o diferentes páginas web aumentaron de manera exponencial el catálogo de personas a las que se podía aspirar sentimentalmente o las posibilidades de tener sexo sin compromiso.
Bailes de fin de curso, anuncios en periódicos y revistas, líneas de teléfono para encuentros, agencias matrimoniales, speed dating… y, desde hace unos trece años, las aplicaciones de citas. Tinder llegó a España a borrar el estigma de quedar con desconocidos con un único fin: crear una relación sentimental. Dos o tres fotografías, una breve —a menudo estandarizada— descripción, nombre y edad. Son los únicos requisitos para empezar a dar like y conseguir algún match.
El funcionamiento es muy sencillo: hay que swipear hacia la derecha si gusta y a la izquierda si no gusta. Si por suerte se consigue agradar o atraer a la otra persona, cupido —bueno, Tinder— habrá funcionado: ¡se habrá producido match! No puede ser tan complicado teniendo en cuenta que hay más de 4,7 millones de usuarios mensuales en España, según confirma el análisis de febrero de 2025 de GfK DAM, medidor oficial del consumo digital en España. Desde luego, la cifra se reduce en Zaragoza.

Nuria, enfermera de 24 años y fan de Bad Gyal, utiliza Tinder desde que cumplió 17, aunque, reconoce, “me lo he quitado varias veces”. Son múltiples los encuentros que ha tenido a través de esta aplicación con todo tipo de chicos: mayores, más jóvenes que ella, de diversas nacionalidades… Sin embargo, confiesa que buenas experiencias ha tenido pocas: “Quedar durante un tiempo y que finalmente no seáis compatibles y quedéis bien. Normalmente lo que pasa es que quedas con alguien solo para mantener relaciones sexuales y suele ser tan mala experiencia que no volvéis a hablar”.
– ¿Qué opinas de estas aplicaciones?
– Son un circo
-¿Por qué?
-Porque te encuentras a cada payaso… (ríe)
El caso de Pilar, opositora a profesora de educación física de 23 años, tuvo un final feliz, ya que conoció a su pareja a través de la aplicación. “Ahora es mi novio, llevamos nueve meses ya…”, data con entusiasmo. Ella se descargó Tinder tras el fin de una primera relación y dos años de soltera conociendo gente. “He quedado con varios, incluso con unos hermanos, que yo no sabía ni que eran hermanos. Hasta que un día uno me presentó al otro, claro yo ya lo conocía”, cuenta riéndose. Su match sí que funcionó y ahora se va la mayoría de los findes a la montaña de escalada con su novio de Tinder. Pese a su éxito, Pilar recomienda diferenciar “la gente que busca algo serio y la gente que está ahí para follar”.

Esta aplicación tiene su versión gay, Grindr, que nació tres años antes de que lo hiciera su análogo heterosexual. Se extendió rápidamente entre la comunidad de hombres homosexuales y se convirtió en el escenario más rápido para conocer varones con la misma orientación sexual. Para Daniel, estudiante de enfermería de 19 años, es su forma cotidiana de conocer chicos, ya que “en persona es mucho más difícil, porque no sabes si es gay o no”. La dinámica de la aplicación es igual que cualquier otra: encontrar gente del entorno, intercambiar mensajes, quedar a tomar algo y… lo que surja. “Yo no he quedado más de dos o tres veces con el mismo chico, en esta aplicación se va a lo que se va”, reconoce Daniel, que suele quedarse en lo que surja.
Estas aplicaciones pueden tener varios efectos en la autoestima y el bienestar emocional. El lado positivo: cuando se recibe match y atención, refuerza la autoestima; el lado negativo: se está expuesto al rechazo, la comparación y la valoración superficial…, lo que puede provocar inseguridades, ansiedad o sensación de no ser suficiente.

Un mapa, decenas de chinchetas y un eslogan: Encuentra miles de picaderos y lugares íntimos donde hacer el amor. De esta manera se presenta la página web mispicaderos.com, un lugar para encontrar las localizaciones más exóticas para practicar sexo así como para sentir la incertidumbre y el morbo de ser sorprendidos en lugares públicos manteniendo cualquier tipo de relación sexual, con tu pareja o con desconocidos (o con ambos). A disposición del interesado quedan una serie de filtros: valoración de otros usuarios, aforo, intimidad (o ausencia) o el modo en el que poder llegar al picadero por explorar.
Zonas emblemáticas de la ciudad son algunos de los sitios que eligen los usuarios para estos encuentros. Un perfil denominado El Picador escribe: “Toda una faena, eso sí, sin cortar las orejas ni el rabo. Mi opinión: no hubo tan buena corrida en Zaragoza”. Es su irónico comentario tras lidiar en La Misericordia, la plaza de toros de Zaragoza.

Pese al éxito de algunos enclaves turísticos, los baños de unos céntricos grandes almacenes son también muy frecuentados en la ciudad y no para cubrir las necesidades fisiológicas comunes de sus clientes. Por lo menos, así lo cuentan Phin y Jake, que buscaban un lugar tranquilo y cómodo donde “poder follar a tu gusto, aunque hay que subir muchas escaleras y siempre —se quejan— dan por culo los que quieren usar el baño”. Aunque WS, mucho más tímido y pulcro, prefiere los baños de minusválidos y los de la cuarta planta. “A mí en particular —recalca— me gusta la cuarta. Nunca va nadie y están muy apartados de la gente. Echas el cerrojo y es una habitación entera para hacer lo que quieras con su espejo y cosas de aseo”.

Esta página no es exclusiva para parejas que quieren salir de la monotonía, ya que cuenta con filtros especiales para buscar sitios donde realizar cruising (mundo gay) o dogging (mundo hetero) La práctica —idéntica para ambos— consiste en transitar zonas alejadas del caos de la ciudad, lejos del bullicio y miradas inquisidoras, en la que se puede practicar sexo con desconocidos, tras realizar un ritual de apareamiento. Miradas busconas, muestras de predisposición y el objetivo final: el sexo fugaz y sin compromiso. En este caso el algoritmo serás tú cuando llegues al lugar, y la suerte que te acompañe.

La persona escondida bajo el anonimato que le proporciona el nombre De Venecia recomienda un magreo nocturno, que es como ha titulado su reseña de una zona cruising del Parque Grande: “Zona de deporte (barras) por el día. Por la noche hay alguno esperando a que pases por la oscuridad. Buenas zonas entre vegetación y muy poca luz para disfrutar cruising. Parking al lado”. La Aljafería es otro de los escenarios para realizar esta práctica. “Parte trasera de Aljafería, antiguo laberinto. Zona con árboles, caseta abandonada zona oscura y árboles, también en dirección estación Delicias. Solo a partir de las 21:00 y en verano. Bastantes tíos, gente joven”, detalla Ramón en la chincheta ubicada en la sede de las Cortes de Aragón.
La lista de reseñas que existen en la ciudad de Zaragoza es tan amplia como impresionante: centenares de lugares por los que se transita diariamente son zonas de caza para parejas y sujetos hambrientos de morbo y placer.
Instagram es la red social que arrasa entre los jóvenes de entre 18 y 24 años en España: la utilizan el 91%, según la encuesta realizada por la asociación IAB España. Su uso no es exclusivo para el amor, sino que está abierta a la amistad, el lifestyle, deporte, negocios… Sin embargo, existen unos códigos entre los jóvenes —y a veces no tanto— para saber si alguien intenta ligar por esta aplicación, ya que entre sus funciones encontramos dos destacables: el me gusta y las reacciones. Así, el cortejo resulta muy fácil: el susodicho/a ha subido una foto suya a story, el interesado/a le da a me gusta o reacciona con algún emoji, especialmente el del fuego o la carita que rezuma corazones. Después, solo habrá que esperar respuesta.

Como si de una Celestina se tratara, la cuenta de Instagram Zinderizar tiene, entre otras funciones, la de buscar a personas que nos han gustado por la calle o en un bar: “El interesado en encontrar a alguien solo tiene que enviarme un mensaje privado en el que me describa bien a quien busca”. Se trata de un perfil anónimo que cuenta con más de 32.000 seguidores y que promete encontrar a “tu crush a primera vista”. Su funcionamiento es muy sencillo, asegura la persona que se encuentra detrás de este perfil: “Publico todos los mensajes si cumplen el requisito de fecha exacta y lugar donde han visto a la persona”.
No publica mensajes de cuentas anónimas (irónico viniendo de una cuenta anónima), no permite las fotografías y aplica su propio criterio. Él cifra, “a la baja”, en más de 100.000 los usuarios que se han puesto en sus manos, ya que está en activo desde el año 2019. “La confianza que las personas depositan en mí la valoro muchísimo”, asegura. Los pantallazos de estos mensajes son publicados en el feed de Instagram del perfil, bajo un título que suele ser el lugar donde se produjo el encuentro. En el bar Desastre, una persona ha conocido a “una chica que se llamaba Carla y hemos estado hablando un poco. Me ha parecido muy guapa y ha sido majísima 🙂 pero no hemos tenido que ir y me hubiera gustado seguir hablando con ella un poco más. Ha sido hoy noche del viernes 7 de enero al sábado a las 4:20 a.m.”.

Hay gente que no es tan precisa como el autor del mensaje del Desastre. Por ejemplo, alguien —con una sintaxis discutible— conoció a una “polaca en Mamanucca noche del 31 de enero. Rubia, yo te enseño la ciudad”. Aunque en su mayoría son encuentros en lugares de ocio, también se producen flechazos a primera vista en cualquier lugar, ya que alguien ansía encontrar “el Instagram del cajero de Mercadona de Avenida Madrid con Los Enlaces, suele estar abajo. Se llama Adrián, llevo varios días fijándome en él y es muy guapo”.

Los autores de los mensajes, escondidos tras el anonimato, solo tienen que esperar a ver si, por fortuna, alguien se siente identificado y se atreve a escribir a la Celestina para que esta cumpla su función.
La era digital ha transformado profundamente la forma en la que las personas crean y desarrollan los vínculos afectivos. Las interacciones digitales permiten una conexión constante, saltando las fronteras geográficas, sociales o temporales. Santiago Boira, presidente del Colegio de Psicólogos de Aragón, advierte de los peligros que pueden entrañar estas prácticas, como “proyectar una imagen distorsionada de uno mismo, la dificultad para interpretar el lenguaje no verbal o el riesgo de vínculos efímeros”. Existen diferencias significativas entre las relaciones formadas a través de la pantalla versus las que se forman cara a cara. “En persona, las señales no verbales, la denominada química y la interacción espontánea aportan profundidad y autenticidad. La clave está en cómo se transita del espacio digital al real y en el compromiso emocional que ambas partes estén dispuestas a desarrollar”, explica Boira.
Una práctica muy desarrollada en este tipo de aplicaciones es el ghosting, que puede afectar de manera significativa el equilibrio emocional de quien lo sufre. No es para menos, ya que ghostear consiste en no responder, en dejar en leído un mensaje de la persona con la que habías iniciado una relación. Desaparecer. Como un fantasma. Boira explica las posibles consecuencias: “Esta forma de ruptura sin explicación genera confusión, frustración y sentimientos de abandono. La persona afectada puede experimentar una fuerte disminución de su autoestima, ansiedad e incluso síntomas depresivos, al no comprender qué provocó el rechazo. La ausencia de cierre emocional impide procesar adecuadamente la experiencia”.
Cuando utilizamos estas aplicaciones, hay que declarar las intenciones que se llevan para no dañar al otro, ya que quienes buscan relaciones serias suelen priorizar la compatibilidad emocional o la estabilidad, mientras que los que optan por relaciones casuales prefieren espontaneidad y la satisfacción inmediata. “El problema surge cuando las intenciones no están claras, lo que puede generar malentendidos o frustración emocional”, zanja el especialista.
Múltiples soportes tecnológicos, ayuda de algoritmos, retoques digitales…, pero la verdad llega cuando se produce el encuentro cara a cara: ahí emerge la realidad. Y en ella quizás convenga recordar lo que cantaba la italiana del principio:
Lo importante es que lo hagas con quien quieras tú / Y si te deja, no lo pienses más / Búscate otro más bueno.

