El último arcángel: Kieslowski y Dekalog

Pablo Gracia//

Un mundo de apartamentos grises aislados de todo en el que Dios gobierna -o no- el destino de sus habitantes. En Dekalog Kieslowski transforma lo concreto en regla universal.

En el frío de Varsovia el ordenador sustituye a Dios y un ángel, si se le puede llamar así, llora. El argumento empírico se desmorona y el agnóstico convencido se rebela contra la autoridad religiosa de la que antes renegaba. A su vez, un médico, anciano y solitario, obra un milagro y consigue salvar dos vidas mientras los antiguos amantes se reúnen una última noche, aislándose en el momento más familiar del año. ¿Dios acepta la mentira si el resultado es positivo? Una hija engaña a su padre y lo que antes era amor fraternal se convierte ahora en deseo erótico. La duda hace su aparición. El ángel mudo mira fijamente, como mira al joven desequilibrado que disfruta haciendo daño.

Una piedra lanzada desde un puente pone en marcha toda la destrucción que vendrá después, incluida la de su propia persona. Violencia extrema sin justificación, asesinato a sangre fría. ¿Tapar la cara del moribundo puede considerarse remordimiento? Una vida se acaba pagando por otra y el Quinto Mandamiento se quiebra por segunda vez. El abogado idealista comienza a odiar. Todo lo contrario que el joven que desde su cuarto espía con un telescopio a la vecina del edificio de enfrente. Ritual amoroso en la lejanía, ella se desahoga con varios amantes y él aparta la mirada. La obsesión se acaba descubriendo: ella quiere iniciarlo y él sólo quiere mirarla. El ángel sonríe al ver la felicidad del chico corriendo. No lo hará en su segundo encuentro. El desencanto amoroso de la mujer madura es demasiado para este joven, que se cruza de nuevo con esa figura muda antes de realizar lo innombrable. ¿Se puede robar algo propio?

Una abuela convertida en madre humilla a la madre convertida en hermana. Una niña se convierte en objeto deseado por las dos mujeres. Hurto en femenino, los hombres son los dominados. El antiguo profesor y amante se convierte en refugio, pero es pasajero. Una madre lo sabe todo. Renuncia y huida en tren, la niña corre detrás pero se queda sola. Ha perdido a dos madres, como perdió todo cuarenta años antes una niña judía huyendo de los nazis. En la actualidad es traductora de la mujer que rechazó acogerla, profesora de ética en la universidad. Se destapa la realidad y el falso testimonio se salda. ¿Cuánto vale la vida de un niño?

Perdón y reconciliación; aceptar la culpa frente a olvidar el pasado. Culpa eterna como el deseo de autodestrucción de un hombre estéril. Su pareja no duda de que en una relación lo importante es el corazón mientras le engaña con un estudiante de física. Descubrir la verdad no produce ira sino lástima, ya no puede abrazar. El ángel mudo aparece por última vez. No se le ve cuando dos hermanos descubren la inmensa fortuna en sellos de su padre recién fallecido. La atracción producida por el dinero se sustituye por la de la colección. Locura en espiral con mafiosos, hospitales y policías incluidos. Por primera vez hay humor. La posesión puede con todo hasta que ya no queda nada. Comienzan entonces las sospechas entre los dos hermanos, que concluyen con el perdón en ese viejo apartamento. “¡Es una serie!”. Y ríen.

La religión católica nunca se ha representado mejor como en esta obra magna que es Dekalog. Kieslowski profundiza en la ética humana a través de los Diez Mandamientos, cuna filosófica del horizonte cristiano y del mundo occidental. Los personajes de esos edificios grises se transforman en ejemplos mundiales gracias a su concreción, sus sentimientos y sus reacciones. Son inmensamente humanos, demuestran duda, fragilidad y sometimiento. Sus historias se entrecruzan: hay breves apariciones de algunos personajes en las historias de otros. Es un mundo interrelacionado. Están rodeados por colores fríos y apagados, incluso la luz parece contribuir a esa imposibilidad de calidez.

Los encuentros amorosos son entre muebles de madera oscura; el asesinato se comete en un camino embarrado, sin hierba; y la partida en tren ocurre durante una mañana de niebla. Aun así Kieslowski muestra respeto por todos y cada uno de los personajes, no puede juzgarlos pues estaría juzgando al ser humano. Eso solo es tarea para Dios o, en su defecto, para el ángel silencioso. Esta figura aparecida en casi todas las películas de Dekalog parece intervenir siempre en los momentos más delicados de la trama, siendo un signo de aviso o peligro, intentando marcar la separación entre el camino correcto y el incorrecto.

En la mayoría de episodios hay mentiras o engaños que acaban siendo descubiertos. Menos uno, el del médico que adopta una figura casi divina al mentir a una mujer para salvar dos vidas. A lo largo del capítulo descubrimos que es una decisión ética debido a su triste pasado. No es castigado por Dios porque su mentira tiene un propósito justo. La vida es lo más importante, y si se trata de la vida de un niño, más. Kieslowski busca en cada conflicto esa fina línea que puede servir para reinterpretar un mandamiento y obtener respuestas aparentemente opuestas.El hombre de ciencia que acaba creyendo en Dios a raíz de una catástrofe, la infidelidad que se perdona o la obsesión transformada en amor. El realizador polaco muestra en casi todo momento una profunda piedad por las acciones y decisiones que se toman a lo largo de las distintas tramas. Piedad pura, sin fisuras. No elige a determinadas personas para dejar de lado a otras, no se puede colocar a un ser humano sobre otro. En Dekalog todos son iguales, desde el padre que ama a su hija hasta el que asesina a sangre fría. Todos forman parte del mismo mundo cambiante y caótico, en el que cada persona esconde tras de sí una vida entera.

Si alguna vez nos fuéramos a extinguir y sólo pudiéramos dejar un objeto que nos representara tendría que ser Dekalog para que los que vinieran después pudiera entender sin riesgo a equivocarse cómo era la humanidad.

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