Lectura fácil no superficial (ni facial)

Pablo Torres Almunia//

Cristina Morales, una «granaína» nacida en mitad de la década de los 80, es una mujer joven y ansiosa que con cada trazada de las líneas de su escritura pretende descubrir y ser descubierta cabalgando a lomos de las verdades más absolutas, con firmeza y serenidad.   

Sus dosis de literatura, que según el momento dosifica lenta y dulcemente o, por el contrario, introduce explosiva e inquietantemente, aportan un gran subidón de vitalidad.

Sin duda las últimas publicaciones de esta autora han dado un golpe sobre la mesa en el panorama literario español, prestándole el hueco profesional y editorial que merece. Ha sacado a la luz cinco libros desde la publicación de La merienda de las niñas (Cuadernos Del Vigia, 2008). Entre ellos, Los Combatientes (Caballo de Troya, 2013), Malas Palabras (Lumen, 2015) y Terroristas Modernos (Candaya, 2017) han dejado más que claro de qué rollo va y que no se anda con chiquitas.  

Los premios han venido después. Morales ha sido galardonada ya en dos ocasiones por su implicación y esfuerzo pero, más que nada, por la calidad, la pureza y la naturalidad que emergen de sus contenidos. Por la novela Los Combatientes le fue concedido el Premio INJUVE de Narrativa 2013. El año pasado, la editorial Anagrama le otorgó el Premio Herralde de Novela por su obra maestra, Lectura fácil.

En lo que a la contemporaneidad se refiere, Cristina Morales ocupa un puesto considerable enmarcado en una generación experimentada y pasional dotada, a su vez, de calidad y actualidad. No por ello deja de tener las virtudes clásicas de una obra literaria, su precisión y su alcance. Con todo, aunque Morales muestra sus cartas y parece seguir las reglas del juego, lo cierto es que en un momento dado Lectura fácil rompe con las reglas y abre los posibles paradigmas literarios. Esta licenciada en derecho y ciencias políticas, especialista en Relaciones Internacionales, ha demostrado tener mucho que decir en el panorama de las letras españolas.

Lectura fácil es un conglomerado de historias, de puntos de vista y de personajes que, como la vida misma, no es tan fácil como parece.

El hilo conductor se concentra en cuatro personas, cuatro chicas que han dejado de ser niñas pero que todavía se sienten jóvenes. Cuatro mujeres a las que les fueron diagnosticados distintos casos de discapacidad intelectual muy relativos. Tan relativos que, de principio a fin, se van incrementando junto a una pulsión combativa contra los factores dominadores que se les han venido encima como parte de la sociedad en la que viven. El enfrentamiento desemboca continuamente en una lucha de cada individuo, tanto filosófico como material, en busca de su propia esencia.

Las cuatro mujeres mantienen una relación afectiva-familiar conviviendo en un piso tutelado en Barcelona. Llevan una vida prácticamente independiente -a excepción de sus visitas obligadas a revisiones sanitarias y judiciales-. Todas ellas se aferraron a la oportunidad de vivir en la ciudad condal, lejos de la custodia que sufrían en el centro rural en el que vivieron algunos años de su juventud: el CRUDI. Ahí donde fueron predestinadas burocráticamente, estuvieron desatendidas de lo civil por su carencia porcentual de normalidad y atendidas con pastillas y jeringuillas en su faceta de sunormalidad.

La novela que escribe una de ellas, Ángels, se convierte en el almacén de las historias de las cuatro. Escribe con el modo de Lectura fácil y siguiendo la mayoría de reglas de escritura para la lectura fácil que le son impuestas desde la Administración de Discapacitados. Un tipo de escritura cargada de organización y que escapa de la pasión anárquica. Ángels lo utiliza para desmantelar y servirnos en bandeja todos los paradigmas sociales instaurados que reprimen al individuo y sus deseos. Morales utiliza los formatos de declaración judicial, de acta de asamblea anarquista y de narración omnipresente y se conforma el conglomerado textual que da complejidad y sentido al título y el subtítulo de la obra: Ni amo, ni dios, ni marido, ni partido, ni de fútbol.

En la obra germinan algunos aspectos que los críticos han clasificado de “retrato social”. La Administración y el Estado son algunos de los actores principales, tanto en el libro como en la sociedad, y para las cuatro chicas suponen un sometimiento continuo. Las reuniones con la asistenta, el grupo de autogestores, la tutela del piso, los informes judiciales y todo lo que les implica la Consejería de Sanidad y Educación resulta desmedido, desproporcionado y, sin duda, violento o castrador. Se siente a las chicas como seres que combaten el orden social establecido y son criticadas, supuestamente, por no valorar la cultura del esfuerzo. Poco a poco, la falta de integración por parte de las muchachas se irá incrementando hasta manifestarse expertas en su discapacidad. Imponen plena dedicación a sus propias vidas.  

El sexo también cobra un papel muy importante en la novela. Cristina Morales describe con maestría lo invisible en cada una de las situaciones que se presentan. Establece infinidad de interpretaciones comprendidas entre ser manipulado y ser manipulador. La autora deja ver la lucidez que produce el sexo desenfrenado abanderado por la pasión y guiado por la razón ética. Impecable queda la constante alusión a la nueva política, indispensable para poner en duda y restablecer consciente y placenteramente los valores de la sociedad. Las categorizaciones y diferenciaciones de lo que es propio o impropio y de lo que puede llegar a ser público o privado son espléndidas.

Alejado de la banalidad y la normalidad se encuentra el Ateneo, lugar de reunión anarquista y lugar clave para Lectura fácil. La clarividencia es la palabra que mejor describe lo que ahí se experimenta. El significado de todas las palabras es regalado en conversación en vez lugar de ser vendido en forma de ideas. En el Ateneo está la verdadera revolución y no en ningún otro sitio, en su esencia y en su radicalismo más considerado, humano, social y cooperativo.

Lo que supone la okupación en el libro es un reflejo de la realidad. Constituye una huida ilegal dentro de las normas que se siente más que legal fuera de ellas. En comparación con la aplicación de castraciones o con la ingesta obligada de pastillas es abrumador. Lo que resulta necesario es una reconsideración estatal en muchos casos como estos. Lectura fácil los narra con una excelencia profesional y creativa únicas.  

La reflexión personal del autor de esta reseña, tras leer Lectura fácil, ha sido escrita a modo de Lectura fácil:

Por bien entendemos lo que es mejor para el ser humano y la humanidad. El ser humano y la humanidad somos todos.

Somos también cada uno mismo.

Somos lo que a nosotros mismos nos apetece.

Somos como esta digresión, que se cuela cuando apetece, porque el libro empieza a hacer efecto.

Por encima de todo, somos lo que sabemos, lo que somos.

Y nada más.

Somos, de momento, y eso es este libro: ser.  

Ser quizás implique sólo ser, o saber ser, o saber, simplemente… Vale ya de digresiones… Es suficiente.

Lean el libro, sin creer que saben leer fácil. Para entonces, quizás, solamente logremos todos ser un poquito más.

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