Mr. Robot: la serie más revolucionaria del momento

Albert Alexandre//

 

Pese a la impresionante parrilla televisiva actual, con el estreno de su segunda temporada Mr. Robot se ha convertido en la serie más interesante del momento. Resulta arriesgado afirmarlo teniendo en cuenta la sexta temporada de Juego de Tronos o la segunda de Gomorra. Con todo, lo que convierte a Mr. Robot en algo distinto es su historia, la historia de nuestra revolución.

Mr. Robot

La escritora Virginie Despentes, en una entrevista para el Periódico Diagonal, decía: “a mí lo que más me impacta al ver de vuelta los movimientos sociales es la falta de películas, de novelas que inviten a la acción. Es como si el arte, la cultura, estuvieran en un estado de depresión.” El diagnóstico entronca a la perfección con las ficciones de la llamada Tercera Edad de Oro de las series. Sin embargo, encuentra su excepción en Mr.Robot.

Antes de entrar en materia tenemos que hacer una breve referencia a la citada Tercera Edad de Oro. Dícese de la época iniciada entre mediados y finales de los años noventa del pasado siglo, en la que las series de televisión, a través de los canales privados de cable estadounidenses, experimentaron una profunda mejora técnica. Concepto referido al instante en el que los espectadores de las series llamadas independientes pasaron a contarse por centenares de millones. Momento en el que los guiones dieron un salto cualitativo arriesgándose con temas que hasta la fecha no habían sido tratados, como el sexo o la violencia. Época en el que los planteamientos maniqueos desaparecieron para dar lugar a las encrucijadas morales complejas. Tiempo en el que las ficciones televisivas se caracterizaron por una fuerte crítica de sistema estadounidense.

Afirma el experto Jorge Carrión que las series de la Tercera Edad de Oro son un intento del imperialismo de los Estados Unidos por preservar su hegemonía cultural en un tablero mundial que ya no domina con tanta claridad en lo económico.  Se trataría de un ejercicio similar al que se llevó a cabo con Hollywood décadas atrás. Lo curioso en este caso es que las series que vemos -debemos reconocer que la mayoría provienen de la primera potencia mundial- defienden por un lado el modelo norteamericano, mientras que en otro plano son fuertemente críticas con éste. Por decirlo en términos un tanto llanos: las series actúan de un modo redentor para una sociedad que se quiere aún como primera sociedad del planeta. De ahí surgen ficciones como True Detective o Breaking Bad, en las que vemos un surtido repertorio de males de los Estados Unidos, pero a la par algunas respuestas a dichas dolencias. La unión entre la América ilustrada y la América pueblerina en la serie escrita por Nic Pizzolatto para combatir la barbarie fanática -muy presente hoy día con Donald Trump- o la revaloración de la figura de la mujer en la teleserie protagonizada por Bryan Cranston son ejemplares en este sentido.

Mr. Robot

Y dicho todo esto, la cuestión sigue encima de la mesa: ¿Por qué Mr. Robot es la serie más interesante del momento? De una forma evidente, esta ficción dirigida por  Sam Esmail es hija heredera de la Edad de Oro de la Televisión. En ella nos encontramos con Elliot Alderson, un joven que de día trabaja como informático para una empresa de seguridad y que de noche, y con un talento sobrehumano, se dedica a hackear el sistema, a hackear la democracia. En un evidente guiño a El club de la lucha que la serie nunca trata de esconder, en Mr. Robot se nos plantea un claro interrogante moral: ¿Sabiendo que nuestro sistema está totalmente corrompido y teniendo los medios informáticos para destruirlo, seríamos capaces de iniciar una revolución en Occidente? Esa misma cuestión vertebra la teleserie de inicio a fin, siendo el propio Alderson -nombre muy similar al de Neo antes de descubrir qué es Matrix- quien debe resolverla. El público no se mantiene al margen y resulta directamente interpelado por la verdadera pregunta: ¿Quieres o no quieres que haya una revolución en tu casa?

Ya de por sí, las ficciones que hablan sobre revoluciones son escasas en nuestra historia narrativa. Encontramos, cierto es, novelas que tratan revoluciones pasadas como la francesa o la rusa; sin embargo, son muy pocas las que propongan analizar la revolución futura y menos aún la revolución inmediata. En muchos casos, dentro del género postapocalíptico, es frecuente ver los estragos terroríficos de lo que una revolución supondría, pero no es fácil ver la revolución como una pregunta. Y si eso es infrecuente, aún lo es menos el hecho de que la segunda temporada de Mr. Robot trate específicamente, no de los días de preparación y el día en que se inicia la revolución como El club de la lucha o V de Vendetta de algún modo ya lo habían hecho, sino del día después, del desmoronamiento del edificio capitalista.

Ésta es la verdadera diferencia con respecto al resto de ficciones televisivas de la Tercera Edad de Oro. La crítica hacia un sistema económico controlado por grandes corporaciones, hacia unos individuos anonadados y perdidos, hacia una sociedad desigual que es regida por las élites mediante las tecnologías de la información, es solo el pretexto, el marco de la serie. El objetivo final de Mr. Robot es pensar sobre cómo debe ser -ahora que tan de moda está el concepto- el cambio real; reflexionar sobre si estamos dispuestos a anular todas las deudas que los ciudadanos han contraído con el banco, por ejemplo; discutir sobre si estamos de acuerdo o no con las élites que gobiernan nuestras naciones.

Mr. Robot

Es el salto de la crítica a la reflexión activa pero no por ello panfletaria -a la acción de la que hablaba Despentes- lo que convierte a Mr. Robot en la serie más interesante del panorama televisivo actual.

Como cierre, una posible respuesta a la pregunta que elabora Mr. Robot a cargo de la misma pensadora francesa antes citada: “No tenemos que sentir demasiada culpabilidad por un sistema que nos oprime con tanta fuerza. Hay que cuidar de no hacernos demasiado daño a nosotros para estar fuertes, para resistir. También porque no es justo sentirse sucio por formar parte de un juego que no hemos elegido. No obstante, soluciones de verdad no tengo, pero la búsqueda me parece importante.”

Autor:
silvia laboreo

linea decorativa

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, tiene un Máster en Creación Literaria y otro en Literatura, Arte y Pensamiento de la Universidad Pompeu Fabra. Ha colaborado en medios como Cultura Colectiva, Culturamas, Código Nuevo, Vice, Arainfo o El Cotidiano. También coordinó durante 2 años la revista de literatura Acrocorinto y actualmente trata de terminar su primera novela mientras aprende el oficio del periodismo.

Twitter Blanca Uson

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *