Fueron mil pesetas y un bocadillo

Texto: Jorge Marco, Pablo Gracia y Julio Beltrán. Fotografía principal: Ayuntamiento de Teruel//

Sobran las presentaciones. Luis Alegre es, sin duda alguna, uno de los profesores más ilustres y queridos de nuestra Universidad. Amante del cine, la literatura y del Real Zaragoza, Luis Alegre compagina todas sus ocupaciones con su gusto por conocer y entablar amistad con todos aquellos que le rodean. Director, escritor, profesor… Con tantas ocupaciones como inquietudes, Luis se erige como una de las personalidades más curiosas, polifacéticas y relevantes de nuestro entorno cultural. Cinematográficamente hablando, alcanzó a los más grandes mediante la dirección de la película La silla de Fernando, aclamado documental centrado en la figura de Fernando Fernán Gómez.

-¿Hay alguna personalidad actual con la que te gustaría hacer algo parecido a La silla de Fernando ahora que se cumplen doce años de su estreno?

-Después de esta película David Trueba y yo tuvimos varias ideas alrededor de diferentes personalidades que nos parecían bastante interesantes. La primera persona con la que lo intentamos fue Rafael Azcona, el guionista de cine, que era muy amigo nuestro y que nos parecía también muy interesante, muy atractivo y deslumbrante, pero nos invitó a comer para decirnos que no, porque había visto La silla de Fernando y creía que no estaba a esa altura. Lo sentimos porque creo que podría haber salido algo realmente interesante. Luego probamos también con Concha Velasco y aunque al principio aceptó por alguna razón le dejó de motivar; lo respetamos y tampoco pudimos hacerlo. Incluso nos llegaron a tantear -porque al principio le apetecía- con probar con Julio Iglesias, pero al final tampoco salió. No sé si esto se debe a que Fernando Fernán Gómez era un ser tan descomunal que la gente que veía la película tenía la misma sinceridad con la que nos habló Rafael Azcona: “Esto no va a salir tan bien conmigo”. El caso es que las tres veces que lo hemos intentado, que ahora mismo me acuerdo de estas tres pero es posible que hubiera más, nunca ha salido.

Y ahora mismo claro que me gustaría hacerlo con más gente como Mario Vargas Llosa o Manuel Vicent. Personas que ya hayan pasado los ochenta años, que estén por encima del bien y del mal de alguna manera, y que tengan la libertad necesaria para decir las cosas que de verdad piensan y sienten.

Claro, aguantar solo delante de la pantalla como hace Fernando Fernán Gómez…

-En ese sentido tuvimos suerte de que nos dijera que sí el mejor, porque cuando se lo propusimos creíamos que nos iba a mandar a la mierda.

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En el documental, Fernando cuenta una anécdota sobre un taxista que le preguntó el motivo por el que España tenía un cine tan pobre, a lo que Fernando contesta que es porque nunca se consigue un estándar de producción ni de público. ¿Esto sigue pasando?

-Me parece curioso que os hayáis fijado en esta reflexión porque fue el motivo por el que hice mi tesis doctoral, intentado investigar la relación del público español con el cine a lo largo del tiempo. Ya que es una tesis doctoral puedo estar respondiendo a esta pregunta durante tres semanas, pero sí que creó que dio en el clavo con esa reflexión. Insisto, podríamos estar horas y horas porque no me resulta fácil resumir una respuesta, y eso que tampoco estoy seguro de habérmelo explicado a mí mismo.

El documental casi concluye diciendo que el futuro está en manos de los que poseen el futuro de todos los demás.

-¡Y eso que lo dijo en un momento en el que ese pensamiento no estaba tan extendido! Nosotros grabamos las entrevistas entre el año 2001 y 2002 por el puro placer de hacerla, con unas técnicas muy precarias, simplemente por las cosas tan genuinas y divertidas que contaba Fernán Gómez. Era algo que solo podíamos disfrutar las personas de su entorno, así que decidimos grabarlo, aunque únicamente fuera para tenerlo nosotros. Al final nos dimos cuenta de que podía salir una película de ahí.

Volviendo a la pregunta, es curioso cómo dijo esto en un momento de bonanza económica en el que no había el mismo miedo que existe ahora respecto al futuro. Su reflexión está mucho más conectada con el mundo actual, y viendo que la dijo en 2001, Fernando nos parece alguien aún más lúcido de lo que nos parecía en ese momento. Era capaz de augurar un estado de ánimo que desde la crisis está sobrevolando por toda nuestra sociedad, darse cuenta de que los políticos están secuestrados por los poderes económicos y que nuestro destino no está en nuestras manos. Es escalofriante saber que todo esto ya lo dijo en 2001.

En este sentido te queríamos preguntar sobre qué importancia crees que tiene el cortometraje ahora que parece coger fuerza.

-Lo que ha cambiado muchísimo en estos años es la tecnología; esto, unido al desarrollo digital, ha favorecido hacer cine. Hacerlo, no estrenarlo ni distribuirlo. Ahora mismo casi cualquiera, hasta con un móvil, puede hacer una película. Los cortometrajes, por tanto, son mucho más fáciles de hacer, el problema es que luego no los ve nadie aunque también está internet para darle otro tipo de difusión. Esto otorga una mayor libertad: sin necesidad de disponer de muchos medios o de depender de una productora se pueden hacer películas muy baratas y muy libres. Esto es una gran conquista que hemos tenido gracias a la tecnología, lo que pasa es que a lo mejor no te da dinero, pero por lo menos lo puedes hacer. Antes, cuando existían los 35mm, hacer un corto ya tenía un coste bastante elevado y no lo podía hacer cualquiera. Ahora se ha disparado el número de cortometrajes y películas, pero el problema es que luego no pueden entrar en un mercado que está colapsado y donde no hay dinero para estrenarlas ni distribuirlas. Son las luces y las sombras de estos tiempos.

¿Y crees que con este incremento de producciones también se ha elevado la calidad?

-Yo creo que al hacerse más películas existen mayores posibilidades de que alguna de ellas se buena, eso es evidente, pero el porcentaje de calidad será más o menos el mismo. Antes se hacía cuarenta películas al año y ahora igual se hacen ciento ochenta. Lo que sí creo es que hay gente con mucho talento que ahora mismo pueden sacar adelante sus películas, y si alguien confía en ellos, puede que sus posteriores trabajos ya sean de mayor envergadura.

Pero la calidad es una cuestión muy relativa, aunque sí creo que se hacen grandes cosas y que también algunas de ellas pasan inadvertidas.

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Ya que conoces a tanta gente del cine… ¿Alguna vez has querido conocer a un director después de ver sus películas?

-Muchísimas veces. Algunos de mis grandes ídolos han fallecido antes de que pudiera hablar con ellos, como Buñuel por mencionar a un gran aragonés, o Billy Wilder o Alfred Hitchcock. Siempre te gusta conocer a la gente que te hace feliz, ¿no? Y hay muchos directores de cine o artistas en general a los que te encantaría conocer, con el riesgo de que luego te decepcionen. También quería conocer a Fernando Fernán Gómez y no solo no me decepcionó, sino que superó todas mis expectativas. A Carlos Saura lo conocí cuando fui a entrevistarle por el estreno de El Dorado, hace ya treinta años, y como teníamos amigos comunes nos acercamos más. Con el tiempo he mantenido mi amistad con él. Es un ser encantador, por otro lado, a sus ochenta y seis años no ha perdido la pasión por el oficio y al oirle hablar de sus proyectos parece un adolescente que va a hacer su primera película.

-Nos ha sorprendido mucho leer que trabajaste en el rodaje de la Vaquilla

-Bueno…trabajé entre comillas. Fueron mil pesetas y un bocadillo.

-¿Y llegaste a conocer a Berlanga?

-Sí, con Berlanga mantuve muy buena amistad hasta el final de su vida. Lo conocí entonces. Yo fui allí con la intención de hacer una entrevista para una revista de cine nacional que se llama Cine Nuevo, y como se rodaba en Sos del Rey Católico, mi amigo Alberto Sánchez y yo fuimos a verle para que nos la concediera y estuvo encantador. A mí me dijo: “Ah, tú te llamas Luis Alegre, es que un tío mío se llamaba Luis Martí Alegre, y era de Rubielos de Mora, de Teruel”. Y yo le respondí: “pues mi madre también era de allí”. Y entonces bromeó con que igual éramos parientes y como le debí de caer bien me preguntó si quería quedarme allí y hacer de figurante, y claro, me quedé allí encantado de la vida y estuve casi un mes en el rodaje. Luego a lo largo del tiempo lo vi muchísimo, lo invité aquí a charlas y congresos, y luego en Madrid. Es uno de los grandes de la historia del cine, sin duda, y uno de los que mejor, creo yo, que ha retratado la esencia de la personalidad española.

-¿Y había cambiado la visión de estos directores que habían pasado por los años duros del franquismo y, en democracia, seguían haciendo películas y trabajando? ¿Tenían otro punto de vista sobre el cine? ¿Estaban optimistas o decepcionados?

-Es muy buena pregunta y la respuesta no es sencilla. Ellos sufrieron mucho, especialmente Berlanga, aunque también Saura. Hubo muchos guiones que Berlanga no pudo sacar adelante por la censura, como La Vaquilla, por ejemplo, que era un guión de los años cincuenta y lo tuvo que rodar en democracia. La Vaquilla es por tanto un buen ejemplo de algunas cosas que habían cambiado a favor, pero por otra parte él se sentía muy decepcionado por el rumbo de la sociedad. Siempre tuvo un espíritu bastante pesimista, al mismo tiempo jolgorioso, con humor. Ahora piensas que en el año 1993 hizo la película Todos a la cárcel y te das cuenta de que fue profético por lo que ha pasado en los últimos años. Como en el caso de Fernando Fernán Gómez, tenía una gran lucidez y era bastante pesimista no sólo alrededor de la sociedad española sino de la evolución humana. En resumen, un tipo pesimista, pero al mismo tiempo con una gran capacidad de disfrutar de la vida, aunque seguramente, respecto a las ilusiones que pudiera tener de la España en democracia, sí que había un poso de decepción. Él creía que las cosas podían haber ido muchísimo mejor.

-Con la situación política actual, algunos se preguntan todavía qué películas habría hecho Berlanga

-Claro, él hizo La escopeta nacional, Patrimonio nacional, Nacional III, etc. toda una parodia de la sociedad española de la época. Y desde luego que había un punto de decepción, aunque era alguien, insisto, al que le divertía la sociedad y la gente.

Luis y Trueba

-¿Planeas algún proyecto cinematográfico en el futuro?

-Sí, siempre estoy planeando algo con David Trueba, aunque al final muchos se frustran. Pero me encantaría, sobre todo lo de dejar testimonio de gente interesante. Testimonio de una manera que no se ha dejado de otros.  Antes os he dicho uno: Vargas Llosa. Ahora estoy con un proyecto de Fernando León de Aranoa que no está claro si va a salir. Consiste en un documental alrededor Joaquín Sabina, que nos parece un personaje muy interesante y es un gran amigo mío, además. Igual es lo próximo que hago de cine.

-Y para acabar, nos gustaría hacerte la misma pregunta que le hicimos a Nacho Vigalondo en el Festival de Cine de Zaragoza para ver si surgen valoraciones parecidas o no. ¿Existe una tendencia entre el público español de menospreciar nuestro propio cine? Él nos respondió que esto era cosa solo de España sino que pasaba en muchos países como en EEUU donde se critican algunas películas diciendo que parecen europeas, etc.  ¿Crees también que es un problema que afecta a varios países o especialmente a nosotros? Teniendo en cuenta además que Fernando Fernán Gómez en el documental dice que un español no envidia, sino que, directamente, desprecia.

-Depende de con quién nos comparemos. En Francia, que está aquí al lado, tienen una relación con la cultura muy diferente a la nuestra. Ellos sienten la cultura y la educación en general como algo propio y muy importante. Respetan mucho a la gente de la cultura, la veneran. Existe eso del chovinismo, o sea, un amor exagerado por lo propio. En cualquier caso, tú vas a Francia y te encuentras en el ambiente una especie de amor y de respeto por la cultura y la educación que desde luego aquí yo no lo siento. Eso es verdad. Pero claro, no sé muy bien qué es lo que pasa en otros países. Puede ser que ocurra algo parecido a lo de España. Creo que no nos debemos fijar en aquellos que hacen las cosas igual de mal que nosotros, sino en la gente que lo hace mejor y desde luego Francia lo hace mejor. Pase lo que pase en cuanto a alternancias en el gobierno, la cultura y la educación están por encima de las ideologías. A mí eso me produce verdadera envidia porque creo que aquí la relación con la cultura y la educación por varias razones. Primero porque somos un país, me parece, esencialmente inculto. O sea, la cultura nunca ha estado entre las prioridades de nadie, con la paradoja de que España ha generado personalidades culturales de primer nivel: en la literatura, en el cine, en la pintura, en la arquitectura, etc. O sea, hay números uno mundiales desde siempre. El siglo XX ha generado a tres de los mayores poetas de todos los tiempos: Federico García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández. A mí me parece una gran metáfora de la relación de España con la cultura y la gente de la misma el hecho de que los tres murieran como murieron. Lorca fue fusilado; Machado se tuvo que marchar de España poco antes de la guerra civil, muriendo enfermo y exiliado por cuestiones ideológicas; y Hernández en la cárcel. Me parece una metáfora de que nuestra relación siempre ha sido conflictiva. Estos han sido tres casos extremos pero muy significativos y representativos. Buñuel ha tenido la oportunidad de ser uno de los grandes genios porque no pudo hacer cine en España, y lo poco que hizo se lo prohibieron. El desprecio hacia la gente de la cultura está ahí desde siempre, por razones de desprecio fruto de la propia ignorancia, como decía Fernán Gómez. El español es alguien que abre El Quijote y dice: chico, pues no es para tanto.

-Quizás porque no hay un sistema educativo suficiente…

-Eso por descontado. No hay un sistema educativo a la altura de las circunstancias ni un pacto de estado alrededor de la cultura y la educación. Lo que os decía: en Francia por encima de los gobiernos esto es algo sagrado, y aquí no solo no es algo sagrado sino que sufren los poetas que destacan, por decirlo así. Y luego con esa paradoja, que tenemos grandes personalidades culturales de los que podemos presumir. ¿Qué pintor del siglo XX ha sido más influyente que Picasso? Ninguno. ¿Qué cineasta ha sido más elogiado que Buñuel? Pues muy pocos. Son españoles y, sin embargo, ambos se tuvieron que ir de España.

-Uno a México y otro a Francia

-Sí, es que en Francia a Picasso lo consideran francés, y en México a Buñuel mexicano. Es que Francia tiene esa capacidad de hacer suya a la gente que acoge, y con buena parte de razón. Y respecto a Buñuel, yo di unas charlas sobre cine y audiovisuales durante varios años en un máster de la universidad, y muchos de los alumnos no sabían ni que existía Buñuel. Y yo pensaba: “Si estos alumnos que están haciendo un máster, que se supone que están en una élite cultural, además en Zaragoza que es donde se crió Buñuel, no conocen a Buñuel, imagínate otra persona de otra región y con menor nivel cultural”. Esto da que pensar que aquí hay una relación complicada con la cultura y con los integrantes de la misma.

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