V Congreso Internacional de Periodismo o un intento de poner en crisis las certezas

Gloria Serrano//

Sucede así, en cualquier parte: el domingo por la tarde, tres jóvenes conversaban en un bar cercano al río Manzanares. Eran dos chicas y un chico que hablaban de cómo aprovechar el tráfico en internet para visibilizar su trabajo, su currículum, su marca personal. Entonces escuché decir a una de las chicas: “De verdad, mi sobrina es adicta a la tablet. El tiempo libre lo pasa pegada a la tablet. La otra noche tuve que pedirle que la dejara porque estábamos cenando”.

Días antes, en el tren que viaja de Madrid a Málaga, las conversaciones de los pasajeros giraban, básicamente, en torno a dos temas: el económico y la productividad laboral. Sin importar su edad, la mayoría usaba el móvil, la tableta o el ordenador portátil. Hacían llamadas, enviaban wasaps, revisaban su correo electrónico o sus redes sociales, escuchaban música, se entretenían con un video. En un par de ocasiones vi que una mujer hizo el intento de leer un libro impreso, pero interrumpió su lectura para mirar ese dispositivo delgado y pequeñito que se ha convertido en una extensión de nuestro cuerpo.

¿Cómo altera —o determina— esta circunstancia nuestra forma de relacionarnos y mirar —o habitar— el mundo? Para la socióloga Saskia Sassen la digitalización representa la gran revolución de nuestra era, acompañada y regida por el predominio de las altas finanzas; es decir, por una economía global que ha sobrepasado la capacidad de gestión de los Estados. Es este contexto, es esta y otras preguntas las que también hacen pensar al filósofo Alain Badiou en la necesidad de corromper a la juventud con lecciones revolucionarias que la separen de los tres imanes que, desde su perspectiva, tienen magnetizadas a las sociedades contemporáneas: placer, dinero y poder. Tres elementos que igual han permeado la práctica periodística y de los que debatieron en Málaga quienes se dedican profesionalmente a informar y a contar la vida.

Durante dos días, el V Congreso Internacional de Periodismo, organizado por la Fundación Manuel Alcántara, fue el pretexto para analizar la crisis del mejor oficio del mundo, uno que en otros tiempos se impuso como el cuarto poder y ahora asumen en franco desprestigio, en el que los profesionales de la pluma y la lente realizan su labor bajo las condiciones más precarias y luchando por recuperar —o ganarse— un espacio dentro de Internet y la cultura digital que trajo consigo nuevo software, nuevas experiencias, nuevos modos de lectura, nuevos códigos y nuevas formas de preservar, archivar y difundir —o viralizar— los contenidos circulantes.

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“Solo vemos el lado superficial de la tecnología” – Magdalena Trillo

El marco era estupendo. La tarde del jueves 26 de octubre fue soleada y de cielos azules. En las calles cercanas a la Plaza de la Marina los turistas paseaban o hacían fotos, y los locales disfrutaban con la calma del panadero de una ciudad que a pesar de las obras públicas desconoce lo que es perder el encanto. Dentro, en la sala Oyarzábal en la segunda planta del Palacio Provincial de la Diputación de Málaga, Gumersindo Lafuente (eldiario.es), Enric González (El Mundo), Magdalena Trillo (Granada Hoy) y Javier Caraballo (El Confidencial), con la moderación de Teodoro León Gross (El País), abrían la jornada respondiendo a la pregunta: ¿Un periodismo en crisis puede hacer el periodismo de la crisis?

Este pluriloquio resultó más catártico que analítico y más reiterativo que renovador. Magdalena Trillo habló de un “periodismo de supervivencia” en medio de la incertidumbre, la crisis institucional y la económica. Una “tormenta perfecta” —dijo— que para sortearla precisa reivindicar los valores del buen periodismo para conseguir la confianza del lector. También apeló a hilar más fino en las reflexiones para no depositar el futuro de la profesión en los dispositivos con los que ahora cuenta.

En oposición, Gumersindo Lafuente centró el concepto de innovación en el uso exclusivo de la tecnología que, comentó, puso al periodismo en un escenario por completo diferente que los periodistas no supimos interpretar a tiempo. Su análisis —de momentos escueto y generalista— giró en torno al periodismo que hace de la noticia un espectáculo.

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“Síndrome de inmunodeficiencia social”, fue el diagnóstico de Javier Caraballo respecto de las audiencias que privilegian la opinión y las emociones frente a los hechos. Sobre las dificultades de los medios para financiar sus contenidos, Enric González puntualizó que, si hacemos memoria, el periodismo per se nunca ha sido rentable, pero sí la publicidad que se incluía en las páginas de los diarios y se ha escapado con la misma velocidad que el agua de lluvia por la alcantarilla.

“Café, constancia y cariño” – Antonio Rubio

Un auditorio donde predominaron los estudiantes de comunicación recibió a los participantes de la segunda mesa, tres personajes detectivescos que fueron invitados para compartir sus nociones en materia de periodismo de investigación y periodismo de datos. “Del Watergate a los Papeles de Panamá”, se tituló esta charla que condujo Borja Bergareche (Vocento) y que develó los entresijos de un quehacer que ha logrado resistir al naufragio a base de rigor, perseverancia y compromiso.

Clara Jiménez (Maldito Bulo), dijo que su tarea radica en investigar para verificar noticias y desmentir argumentos o informaciones falsas con datos. Antonio Delgado (Datadista) agregó que también se trata de buscar patrones y tendencias de navegación por la red y, posteriormente, utilizar diversos formatos para hacer comprensibles los resultados extraídos de las averiguaciones. “Es mirar atrás y mirar hacia adelante”, indagar en el pasado, documentar el presente, hacer periodismo tradicional apoyados de las nuevas tecnologías, comentó Antonio Rubio (Asociación de Periodistas de Investigación, API) con el tono grave, puntual y explosivo de un Sherlock Holmes contemporáneo que permanece atento a las gestiones de los monopolios empresariales, al uso de los fondos gubernamentales o a la influencia de los algoritmos. Todo, para ofrecer una contranarrativa que permita a los ciudadanos tomar decisiones con base en hechos demostrables. 

Marcos García Rey (El Confidencial, Papeles Panamá) aprovechó la oportunidad para hablar de la seguridad: la protección de las fuentes, de los colegas que participan en las investigaciones y de los propios datos que se obtienen, a fin de “trabajar globalmente de forma segura”. Los panelistas coincidieron en la necesidad acuciante de frenar el paso si es que se pretende comprender una realidad tan compleja como la actual, y Antonio Rubio cerró las intervenciones con esta frase que condensa la presión diaria y el grado de sistematización que se requiere para hacerse de información confiable: “Café, constancia y cariño”.

“Ser una máquina de mirar” – Leila Guerriero

¿Cómo contar la experiencia? ¿Cómo explicar el vínculo entre la vida privada de cierta persona y la esfera pública, la del nosotros? O, en otras palabras, ¿cómo hacer de la circunstancia o hecho individual un aprendizaje social?

Para el periodista Martín Caparrós no es lo mismo hablar en primera persona que hablar de la primera persona. Una simple preposición define el propósito. Saber quién y por qué escribe; saber que detrás de cada palabra hay un ser humano que muestra una, su mirada de todas las posibles, que nos dice “este soy yo y esto es lo que veo”, es uno de los rasgos que tienen las crónicas sin límite de caracteres.

Eso hicieron García Márquez y Rodolfo Walsh. Martha Gerllhorn y Oriana Fallaci. Piensen otros nombres. No se trata de narcisistas en potencia, pero sí de hombres y mujeres que tenían algo por decir, que asumieron una postura, un compromiso ante su época. Generosos en pensamientos, ricos en emociones, sus vivencias modelan el modo subjetivo de narrar y hacen que surja la codiciada “voz propia”. Digamos que en el objetivo —the purpose— y en el acercamiento —the approach—  del cronista radica su grado de pretensión o de arrogancia. También el éxito o el fracaso al comunicar.

“Durante la lucha, mis simpatías no eran neutrales. Pero, al trazar la historia de estas grandes jornadas, he procurado estudiar los acontecimientos como un cronista concienzudo, que se esfuerza por reflejar la verdad”, escribió John Reed sobre la Revolución de Octubre en 1917. Pero, regresando al presente, ¿cómo hacer del periodismo una herramienta social de producción de conocimientos y no solo de información? ¿De memoria y no solo de fragmentos efímeros de historia? ¿Cuáles deberían ser sus prácticas, sus métodos y sus formas de argumentar los hechos, la existencia en sus diversas manifestaciones?

Periodismo de inmersión: las realidades invisibles, fue el tema del que hablaron los periodistas David Jiménez, Ander Izaguirre, Roberto Herrscher y Leila Guerriero con la compañía de María Angulo.

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David Jiménez comenzó diciendo que de poco sirve poner apellidos, bautizar al periodismo: de datos, literario, de inmersión. “Se debe regresar a los lugares. A un buen periodista le importa la gente de la que escribimos”, comentó. Ander Izaguirre dijo que es necesario “ver más allá de lo que queremos ver. Ver esos mundos callados”. Y que a él le gusta “perder el tiempo” haciendo periodismo. Para Leila Guerriero uno mismo es una construcción, el contexto del periodista determina su mirada. Pero el reporterismo “no debe ser un viaje egotrípico ni para reafirmar un prejuicio. De cualquier manera, al hablar de otro también hablamos de nosotros mismos”, afirmó con la contundencia y sobriedad que la caracterizan. Esperar para alcanzar el momento de intimidad con los entrevistados y ser una máquina de mirar —porque no hay temas, hay miradas— fueron dos de los consejos que ofreció a los asistentes.

Roberto Herrscher añadió que también es útil tomar como base las expresiones que más llaman nuestra atención, las que permanecen y retumban en la cabeza. Sobre la marea informativa, dijo que antes vivíamos una suerte de sequía que en lo que va del siglo se ha transformado en inundación. Por eso sugirió que la función del periodista es —o debería— servir de filtro, extraer agua potable de la que se encuentra anegada. Para lograrlo, David Jiménez escribe con tres haches: humildad, humildad, humildad. Y Ander Izaguirre lo hace cuidando el matiz, sin caer en los previsible y buscando no solo generar emociones pasajeras en sus lectores.  

Así dibujaron el arte de contar historias en toda su vastedad, y sucedió frente a un público que los escuchó en silencio, con el interés y respeto que se gana quien escribe suave para dejar una estela profunda; no en las redes, sino en la vida cotidiana de la gente.

“El periodismo: una pata de elefante, una pata de cigüeña” – Gervasio Sánchez

Al día siguiente, el segundo de congreso, Málaga amaneció fresca y bella, con el mar a sus pies. Nosotros, los periodistas, continuamos elucubrando qué hacer para no dejar morir el empeño que más amamos. Resulta inevitable: no fue con la impotencia de quien recibe un diagnóstico funesto, pero sí con la nostalgia que se experimenta al escuchar una canción de la adolescencia, o al pasar frente a ese bar que ya no existe o al oler un perfume que nos recuerda el rostro que se ha ido.

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Fuente: Twitter de la Fundación Manuel Alcántara

Para dialogar de guerras y conflictos olvidados en la agenda del periodismo en crisis, ¿y ahora quién cuenta el mundo? llegaron hasta aquí los corresponsales Mayte Carrasco, Gervasio Sánchez (Heraldo de Aragón), Xavier Aldekoa (La Vanguardia), Ane Irazabal y Agustín Rivera (El Confidencial en Andalucía). Hablaron de las dificultades económicas para dar cobertura in situ a distintos acontecimientos y de la visión occidental que determina cuáles son los sucesos que se narran —los que se vuelven tendencia— y cuáles los que se omiten. Hablaron de la falta de certidumbre en la información y de que es imprescindible visibilizar incidentes locales en contextos regionales y globales. Más allá de las anécdotas bélicas que por temerarias siempre son atractivas, Gervasio Sánchez dijo una frase que resume el estado del periodismo: “antes, nuestro margen de acción era tan ancho como una pata de elefante; hoy, es tan angosto como una pata de cigüeña”.

“Hay territorios que solo puede contar una mujer” – María Angulo

De patas zancudas, cuerpo esbelto y pico puntiagudo; en estos tiempos ser cigüeña tiene sus ventajas: son ligeras en el aire y en tierra se mueven lento. Migrantes permanentes que habitan los márgenes de los ríos y miran las ciudades en modo panorámico, desde torres y campanarios. Asimismo, es la actitud del cronista. Como María Angulo que presentó Inmersiones. Crónicas de viaje y periodismo encubierto, una obra que camina pausado y mira a los bordes para poner el foco en los relatos que no aparecen en los diarios, pero que dan cuenta de lo que nos pasa.

“Es una mezcla de textos y un registro amplio de voces: de derecha a izquierda para ver su confluencia, o no. Buscaba concretar un libro que partiera del reporterismo para documentar distintas subjetividades”, explicó la autora que en el proceso de edición contó con los aportes de un contador como Roberto Herrscher, penetrante para percibir sensaciones y emocionarse ante la estética de un instante o de un sujeto. Ambos nos metieron en una conversación casi familiar en la que el viaje —como desplazamiento físico y narrativo— fue el punto central.

Inmersiones es eso, una zambullida al periodismo hecho por mujeres, pasando por la pionera Nellie Bly y hasta llegar a Gabriela Wiener. “Las mujeres tenemos una capacidad particular de empatía. Como antes dijo Leila Guerriero, cada uno viene con un bagaje que condiciona tu mirada periodística y el género está incluido. Hay territorios que solo puede contar una mujer”, remató esta cigüeña que insiste en derribar las barreras que —todavía— separan a las mujeres de los hombres en la práctica profesional. Para terminar, Roberto Herrscher señaló una verdad que no puede pasar ignorada: “Son historias de conquista. A las mujeres no les han regalado nada y este libro es lo que representa”.

“No hablo de vender pizza con extra de queso. Mi trabajo es contar” – Noemí López

Entonces, ¿estamos sobreinformados o desinformados? Voces para un mundo en crisis: nuevos horizontes para el periodismo fue la mesa con la que terminó este intento de poner en crisis las certezas de quienes nos dedicamos a comunicar e informar. O mejor, de quienes son estudiantes y esperan a dejar las aulas para integrarse a las empobrecidas y demandantes redacciones o a “freelancear” en un ambiente nada idóneo para románticos e idealistas.

Noemí López (eldiario.es), Pedro Simón (El Mundo), Alba Muñoz (Playground), Jorge Galindo (Politikón) y Marta García Aller (El Independiente) tuvieron la carga —pesada a la vez que valiente— de imaginar el futuro mediato del periodismo. En una primera ronda, Jorge Galindo dijo que se debe negociar entre el criterio y la inmediatez. Noemí López que debemos extirpar el tema de la crisis y dejar de contar el minuto a minuto” para escribir sobre el postconflicto. Alba Muñoz mencionó que es evidente el hartazgo de las audiencias y que ante la intoxicación social se requiere reflexión. Parar un momento para pensar.

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Pedro Simón nos recordó que la herramienta del periodista fue, es y será el lápiz. Y citando a Andrés Rábago, “El Roto”, mencionó que se debe romper con la lógica de “me informo en un minuto y lo olvido al instante”. Simón dijo que “el periodista requiere una mirada renacentista” y no una estrecha, como a través de un túnel, la que incitan las redes sociales, Facebook y Twitter. Fue Alba Muñoz la que marcó el matiz diciendo que no es posible cerrar los ojos ante la realidad digital. Y Jorge Galindo quien sostuvo que, ahora como en el pasado, la gente lee para entretenerse más que para informarse. La diferencia está en que antes se tenía “cautivo” a un público que en el presente es volátil, aunque en definitiva hay mayor transparencia.

De nuevo, Noemí López tomó la palabra para describir sus inicios como vendedora de pizzas y decir que los periodistas no somos mercadólogos, que el periodismo no consiste en ofrecer extra de queso para ganar más pasta, sino que estamos en el oficio para contar. Lo que es un hecho, recalcó Simón, es que Internet no es una moda, llegó para quedarse y en vista de eso a los periodistas no nos queda más que filtrar la información, incluso en contra y para beneficio de los propios lectores. Marta García, en su papel de moderadora, no evitó expresar su confianza en un momento que definió como “una época dorada en la que se tiene mayor libertad de expresión”.

Pero resultó imposible no hacer alusión a la precarización del periodismo. Los cinco participantes reconocieron que los periodistas se mantienen de milagro o logran subsistir si complementan su actividad con otra —impartir clases, dar talleres, trabajar en una empresa. Simón, el más álgido de todos, insistió en que este cambio de paradigma abarca a los lectores que de meros agentes pasivos se han convertido en generadores de contenidos. “Cada persona se vuelve periodista, aunque desconozca el procedimiento y solo cubra su vida”, dijo con cierto sarcasmo.

 “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”

“(…) la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto”.

¿En quién confiar? ¿Quién se erige como autoridad en un mundo interconectado donde una multitud se expresa sin medida? La respuesta no es simple, pero sí cada vez más clara: el periodista de toda la vida. Priorizar el periodismo que hace pensar es la alternativa más viable.

Sin embargo y en balance, nuestra actitud sigue siendo reactiva. Buscamos adaptarnos al entorno, más no reinventarlo o alterarlo, como un hacker. No vamos contra la corriente, sino que nos dejamos arrastrar por ella. Hemos sustituido las calles por Wikipedia y, si salimos, es para reforzar nuestras máximas creencias. En encuentros como este escuchamos las mismas voces —en su mayoría masculinas—, sin dar lugar a nuevas, a otras. Y depositamos demasiada fe en la tecnología, suponemos que la transformación vendrá por ahí, no de nosotros y de lo que vaciemos en la caja, sino de la caja.

Por otra parte, el proceso independentista catalán evidenció el ombliguismo de los medios españoles. Durante dos días de congreso, nada se dijo del periodismo en España con relación al que se lleva a cabo en otros países de la región, mucho menos fuera del continente. La problematización de la crisis giró en torno al periodismo y dejó fuera a los lectores, a quienes seguimos viendo como masa, como audiencia, como fuentes, como usuarios, como clics y visualizaciones y tiempos de lectura y analíticas y…

En suspenso quedó examinar si Internet es el espacio de las libertades o del control en red. Si nos encontramos ante un entramado de intercambio y colaboración sorprendente o ante burbujas y clubes privados que reservan el conocimiento para unos cuantos con este privilegio. Ante una riqueza informativa en movimiento o una simple conexión. Migraciones, cambio climático, ciudades democráticas, turistificación, procesos de paz, iniciativas ciudadanas, Big Data, acceso abierto o tecnopolítica fueron también los grandes ausentes en la discusión.

“Propongo que -algunos de- los objetivos de la literatura son revelar lo que sabemos, pero no sabemos que sabemos, y transformar lo que sabemos que sabemos en algo que aún no sabemos”, explica N. Katherine Hayles en el libro Literatura electrónica. Nuevos horizontes literarios (Universidad de Notre Dame, 2008). Quizás estos son los mismos objetivos que se persiguen al realizar eventos como el V Congreso Internacional de Periodismo. Quizás, en esta ocasión, la lección para aquilatar no la dieron las figuras consagradas de las letras, sino la joven periodista que comenzó trabajando en una pizzería y, hasta la fecha, se aferra a una máxima que podría protegernos del tedio tanto como de la muerte lenta de nuestra profesión. “Me gusta mantenerme abierta e ignorante”.

Autora:

Gloria Serrano foto Gloria Serrano

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Periodista mexicana en Madrid, siempre buscando la grieta en el muro. Máster en Gestión de Políticas y Proyectos Culturales (Universidad de Zaragoza). “Saber mirar y saber decir” son los principales retos del periodismo que aspira a no quedarse en el olvido, que intenta contar algo más que una simple historia. Para mí, cultura se escribe en plural, es la fiesta de lo colectivo.

Twitter Blanca Uson


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